PUEBLA, Pue., 24 de abril de 2026.- La industria pecuaria de Puebla sostiene en 2026 un papel clave en el abasto del centro del país, con niveles de producción que la colocan entre los primeros lugares nacionales.
El crecimiento, sin embargo, convive con una brecha marcada entre sistemas industriales tecnificados y producción de traspatio.
De acuerdo con datos del INEGI, Puebla se mantiene como el segundo productor nacional de huevo y cuarto en producción avícola total, con una proyección de crecimiento del tres por ciento para este año, de acuerdo con estimaciones oficiales.
La producción diaria de huevo ronda los 15.6 millones de unidades, respaldada por un inventario superior a 25 millones de gallinas ponedoras. El volumen abastece principalmente a la zona metropolitana del Valle de México y al propio mercado estatal.
En carne de ave, la producción se concentra en 21 municipios, con polos en Tehuacán, Palmar de Bravo y Zinacatepec. Casi la mitad del volumen corresponde a pollo de engorda, que domina el consumo local y regional.
El reconocimiento sanitario de México por parte de países como Cuba, en abril de 2026, perfila nuevas rutas de exportación para subproductos avícolas procesados en plantas certificadas instaladas en la entidad.
El traspatio mantiene un peso social relevante. Se estima la existencia de más de 9.1 millones de aves en viviendas rurales, un esquema que garantiza seguridad alimentaria, pero que permanece bajo vigilancia por riesgos como la influenza aviar.
La porcicultura también posiciona a Puebla a nivel nacional. El estado ocupa el tercer lugar en producción de cerdo, de acuerdo con la Secretaría de Desarrollo Rural Federal, con una cadena productiva que involucra a cerca de 35 mil personas de manera directa e indirecta.
Los municipios de Guadalupe Victoria, Tlachichuca y Tehuacán concentran la producción industrial. Para 2026 se proyecta un crecimiento del tres por ciento en volumen y hasta 12.5 por ciento en valor dentro del mercado porcino.
La carne poblana se exporta principalmente a Japón y Corea del Sur. Aun así, el contexto nacional presiona al sector: México importa alrededor del 57 por ciento del cerdo que consume, lo que obliga a mejorar competitividad y eficiencia.
En contraste, el traspatio porcino enfrenta rezagos. En zonas como la Sierra Norte y la Sierra Negra, los sistemas artesanales registran problemas de sanidad y mortalidad de entre cinco y 30 por ciento por enfermedades y falta de atención veterinaria, un punto crítico para evitar impactos en toda la cadena productiva.
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