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Mundiario 24 Apr, 2026 19:12

La victoria de Rumen Radev abre una oportunidad al soberanismo de izquierdas

Bulgaria Progresista, una coalición liderada por Rumen Radev, venció el pasado domingo en las elecciones legislativas celebradas en este país, obteniendo un 44,59 % de los votos. Dicha candidatura, se presentó como izquierdista, pero es moderadamente conservadora en lo social, nacionalista y crítica con el eje UE-OTAN en el plano geopolítico.

Casi todo el debate español y europeo ha girado en los últimos años en torno a dos ejes ideológicos dominantes: el progresismo de izquierdas, por un lado: woke en lo social y socialista en lo económico en mayor o menor medida; y la derecha liberal-conservadora, funcional a los intereses de las oligarquías económicas y del anglosionismo estadounidense-israelí, pero con un discurso más liberal y “moderno” en lo social en comparación con la mayor parte de los líderes conservadores y reaccionarios anteriores al siglo XXI.

Rumen Radev, presidente búlgaro entre 2017 y 2026, será el futuro primer ministro de esta nación eurooriental desde una posición ideológica alternativa a las predominantes. La mayor parte del establishment mediático ha tildado al futuro mandatario eslavo como “euroescéptico” y “prorruso”. Si bien es cierto que el de Dimitrovgrad mantiene una postura conciliadora hacia Putin y crítica con el envío de armas a Ucrania, él no ha propuesto formalmente salir ni de la UE ni de la OTAN.

No obstante, la victoria de Bulgaria Progresista es casi una excepción dentro de la UE para el soberanismo social: el único político rojipardo que gobierna actualmente la UE es Robert Fico, mientras que la socialpatriota Marine Le Pen (si judicialmente pudiere presentarse) o el populista de izquierdas Jean-Luc Mélenchon podrían alcanzar el Palacio del Elíseo en 2027 en caso de conseguir el beneplácito de los franceses.

Por otro lado, casos como el de Fico o Radev nos muestran que, dentro de nuestra esfera geopolítica (UE y Latinoamérica) existe también un soberanismo de izquierdas alternativo al soberanismo de derechas, ejemplarizado hoy en día en la figura de Viktor Orbán. De la misma forma que Pedro Sánchez representa un globalismo progresista, contrapuesto al globalismo reaccionario como el que encarna el libertario Javier Milei en Argentina.

En el caso español es muy difícil que nazca una fuerza de estas características, tal y como explicamos en el artículo ¿Existe en España espacio para un partido conservador de izquierdas?. El sistema mediático-electoral y la cultura política de los españoles -polarizada entre el posmodernismo de izquierdas y el liberalismo conservador- lo dificultan enormemente. Recientemente lo hemos apreciado en cuestiones como la migratoria: la gran mayoría de los políticos y periodistas afines al sanchismo y al ámbito de Sumar-Podemos no son capaces apenas de apreciar elementos negativos en este tema. Lo propio ocurre, pero a la inversa, con la gran mayoría de personas afines a Vox a la hora de (no) apreciar elementos positivos relacionados con esta regularización demográfica. El caso del PP es más ambiguo: en el Gobierno Central fueron inmigracionistas, pero en la oposición se muestran como populistas de derechas en esta cuestión, ante el temor demoscópico a Vox.

En resumen, la victoria de Radev apuntala las esperanzas del conservadurismo de izquierdas en el ámbito europeo. No obstante, su grado de poder es aún muy escaso. Por ejemplo, en los comicios europeos de 2024, los partidos parlamentarios BSW (Alemania), M5E, (Italia), el gobernante Smer (Eslovaquia) trataron de unir a estas fuerzas “antiglobalistas de izquierdas” en torno a un Eurogrupo, pero finalmente no fue posible por falta de fuerza electoral. No se descarta que lo consigan en 2029, pero la falta de apoyo social y el rechazo de los grandes lobbies dificultarán en buena medida su desarrollo político.

En todo caso, sería un error tildar a estas fuerzas populistas de “reaccionarias” por su crítica al actual funcionamiento de la UE. Ser crítico con los burócratas de Bruselas en absoluto convierte a nadie en “extrema derecha”, sino simplemente en escéptico con esta arquitectura institucional de corte globalista, atlantista y liberal. Además, la UE dejó de ser un referente moral el día que se mostró flagrantemente cobarde -huyendo de sus propios principios iushumanistas- ante el genocidio sionista en Palestina. Así, y a diferencia de antaño, ser crítico con la UE ya no es sinónimo de “ser sospechoso de defender formas autoritarias y desigualitarias”, sino más bien -en muchos casos- de todo lo contrario.

La batalla ya no es solo entre izquierda y derecha, sino entre globalismo y soberanismo. @mundiario

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