nullEl rechazo inicial a la reforma electoral dejó ver algo más profundo que una simple disputa legislativa: exhibió las primeras grietas de un poder que, en Morena, ya presumían como absoluto.
Tan abusiva era la propuesta original de la presidenta que generó incomodidad incluso entre quienes habían acompañado al oficialismo durante los últimos años. La reforma terminó avanzando, sí, pero solo a través de un plan B, que permitió aprobar cambios sin necesidad de mayoría constitucional y después de una negociación política mucho más compleja de lo que se había previsto.
Pero la presión que hoy enfrenta no proviene únicamente del interior. También llega desde el exterior.
La semana pasada, Estados Unidos anunció el Escudo de las Américas, una coalición de 17 países del continente destinada a coordinar inteligencia, operaciones y capacidades militares para combatir a los cárteles del narcotráfico.
El dato no es menor: México no estuvo presente, pese a que desde Washington se insiste en señalar a nuestro país como el epicentro del problema.
Las señales empiezan a acumularse: No se llevó el crédito por la captura del ‘Mencho’, México quedó fuera del Escudo de las Américas y su reforma fue rechazada en los términos que ella quería.
En política, las crisis también son momentos de definición.
La pregunta inevitable es si ha llegado el momento de que la presidenta gobierne con plena autonomía, o si seguirá caminando bajo la sombra de quien aún define el rumbo del poder.