La foto lo dice todo. Líderes de los tres partidos de la coalición gobernante (Morena, PT y Verde) se encuentran juntos y sonrientes, tomados de los brazos hacia arriba en señal de victoria. Atrás, en la mampara, aparece el logo de las tres instituciones y la frase: “Respaldo Total al Plan B”.
Esto después de que el PT y el Verde rechazaran el “Plan A” de reforma electoral de la Presidenta. A todas luces, una derrota política. Por primera vez en los tiempos estelares de la Cuarta Transformación se rompió la coalición gobernante y no pasó una reforma constitucional propuesta por el Ejecutivo.
Por más que los defensores de la 4T han tratado de darle un spin a este revés de Sheinbaum, la realidad es que los políticos están para dar resultados y, cuando no los dan, pues…
La propia Presidenta niega la derrota. “Yo estoy muy satisfecha”, afirma, porque intentó cumplir lo que prometió en la campaña. No estuvo dispuesta “a negociar todo”. Pues sí, pero el desenlace fue un fracaso.
La justificación recuerda la de tantos futbolistas mexicanos de “tratamos, pero no pudimos”. Olímpicamente se escuda en el dictum de Pierre de Coubertin: “Lo importante no es ganar, sino competir”.
No. En política lo importante es cumplir con lo prometido y, por lo menos en este rubro, la Presidenta no pudo. Y no pudo gracias a sus aliados del PT y Verde. Ellos son los ganadores de esta partida. Chantajearon a Morena y al gobierno de manera exitosa. El mensaje es muy claro: Estamos con ustedes, pero no cuando se perjudiquen nuestros intereses.
Inmediatamente después vino la operación para salvar la cara, un gran concepto inventados por los chinos. La cara es central en Asia porque representa reputación, prestigio social, dignidad personal y respeto frente a otros. Perderla implica sufrir humillación pública o quedar mal ante la comunidad. Salvarla significa lo contrario.
Eso está haciendo la 4T con el “Plan B”: Recuperar algo del prestigio, dignidad y respeto que perdieron al haberse dividido con el “Plan A”.
Y se tira por la borda la hipótesis de algunos de mis colegas de que el fracaso de la reforma electoral en realidad se trataba de un ejercicio calculado de la Presidenta para deshacerse de las rémoras del PT y Verde. Que el rechazo en la Cámara de Diputados respondía a una racionalidad bien medida de liberarse del yugo de dos partiditos ensoberbecidos.
Pues no. Resulta que, como vimos en la foto de unos días después, la unión ha regresado a la 4T. Felices, anuncian su intención de votar unidos a favor de la nueva propuesta de la Presidenta que, por cierto, ya no perjudica los intereses del PT y Verde.
Con una nueva reforma pequeña están tratando de salvar la cara después del revés de la semana pasada. Es una reformita comparada con los planes A, B y C de AMLO y el A de Sheinbaum. Se meten a definir, por ejemplo, la conformación de las cámaras de diputados locales y los ayuntamientos para ahorrar una cantidad irrisoria de dinero si se compara con lo que el Gobierno federal subsidia a Pemex para mantenerla solvente.
Aunque sí hay algo relevante en el Plan B que tiene que ver con la revocación del mandato. Cuando se aprobó esta figura el sexenio pasado, la oposición, que en ese momento tenía los votos para bloquear una reforma constitucional, aceptó incluirla en la Carta Magna siempre y cuando se realizara en el cuarto año del sexenio para no coincidir con las elecciones intermedias del tercer año. Esto con el objetivo de que el Presidente no apareciera en las boletas y sesgara la votación para la Cámara de Diputados y elecciones locales.
AMLO siempre quiso que la revocación de mandato fuera en la intermedia para él estar en la boleta y hacer campaña. En su sexenio no pudo porque no lo dejó la oposición. Sin embargo, la coalición gobernante ahora sí tiene los votos para reformar la Constitución y eso harán: La cambiarán para que pueda efectuarse en el tercer o cuarto año de gobierno.
De esta forma, Sheinbaum podrá estar en la boleta el año que entra y, además, podrá hacer campaña ya que también permitirán en la Constitución que pueda “difundir el proceso y promover el voto a su favor”.
Esto inclinará más la cancha de la elección a favor de Morena. Si a eso sumamos lo bien aceitada que está la maquinaria electoral del gobierno con sus programas sociales en donde este año gastarán un billón de pesos, más la trampa de designar a los 17 candidatos a gobernador un año antes de la elección para que tengan 12 meses en campaña, pues lo que tenemos es la faceta preferida y exitosa de la 4T, es decir, la de ganar elecciones “haiga sido como haiga sido”, por citar la famoso clásico que tanto odian.