Astillero
Una primera lectura de lo sucedido la pasada noche de sábado en Washington muestra cuando menos lo siguiente:
1- El tema de la guerra contra Irán, de la que no ha podido zafarse Donald Trump, cada vez con mayor impacto económico negativo entre los propios estadounidenses, fue desplazado por el peculiar incidente en el Hilton de la ciudad capital; horas antes, la noticia más llamativa se refería a la orden trumpiana de que sus presuntos enviados a negociar a Paquistán suspendieran el viaje y dejaran las siguientes negociaciones a eventuales llamadas telefónicas. Además, el tema candente del que ha ido huyendo día tras día, el del expediente Epstein, también queda provisionalmente relegado.
2- Trump asume el papel de héroe transformador cuyas acciones, desde ahora tan históricas, según consideraciones de él mismo, generan este tipo de proporcionales reacciones violentas. Ya antes potenció su segunda campaña presidencial con la fotografía tomada por Evan Vucci, fotógrafo de Associated Press, en la que se ve con el puño en alto, la bandera de Estados Unidos al fondo y el asomo sangriento de un disparo que le rozó una oreja; ahora no podría haber gráficas de gallardía y desafío, pues incluso tropezó y fue levantado por sus ayudantes, pero la conmoción por lo acontecido en la cena con corresponsales de prensa permitió avivar en una posterior conferencia de prensa del mismo sábado un oportuno aire de campaña “patriótica” rumbo a las elecciones intermedias que, según diversos estudios de opinión, le podrían significar una derrota.
3- El aún confuso suceso ha permitido también que Trump eluda, por lo pronto, algunos entrampamientos previos, entre ellos su relación difícil, con frecuencia cargada de violencia verbal, contra reporteros y medios que no se acoplan a sus políticas y posturas; el incidente que implicó disparos de armas de fuego y una impresionante descompostura escénica de las figuras de más renombre en la política imperial, tanto en el templete como en mesas del salón, impidió que Trump pronunciara un discurso frente a periodistas que su propia jefa de prensa había adelantado, irónica o premonitoriamente, sería explosivo: Con Jimmy Failla en el programa “Fox News Saturday Night”, Karoline Leavitt había advertido que el discurso sabatino de Trump sería combativo: “Él está listo para la batalla. Les puedo decir que su discurso de esta noche será un clásico Donald Trump: Será gracioso, entretenido y se dispararán algunos tiros”.
y 4- Un presunto manifiesto del californiano detenido bajo acusación de pretender atentar contra Trump y otros personajes de su gabinete le da al entrampado Presidente un posicionamiento propicio para la campaña de polarización y persecución que ha mantenido y ahora intensificará con la vista puesta en las elecciones de noviembre: Izquierdista sería el detenido y, por tanto, se reforzará el discurso desde el poder gringo en contra de las izquierdas. En otro ángulo, ese mismo manifiesto ya ha sido descrito por el trumpismo como “anticristiano”, lo cual puede servir para tratar de cerrar el expediente del choque de declaraciones con el papa León 14.
Desde luego, también hay suficientes aspectos negativos para dicho trumpismo: La actuación del Servicio Secreto pareció propia de películas de bajo presupuesto, con lo cual se alimentan las especulaciones acerca de que todo ha sido un montaje. Tampoco benefician a la causa de los halcones de la Casa Blanca las circunstancias de vulnerabilidad en que se vieron envueltos el jefe, la esposa de este y sus personajes señeros, el vicepresidente y los secretarios de Estado, la Defensa (ahora, “de Guerra”) y de Salud, entre otros. Y, desde luego, el evidente oportunismo megalómano del Presidente, que incluso aprovechó lo sucedido para insistir en que le aprueben su controvertido salón de baile en la Casa Blanca, para no andar pasando sustos y vergüenzas en un Hilton o lugares similares. ¡Hasta mañana!
Julio Hernández López