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Vanguardia 18 Mar, 2026 11:32

El pantano de Irán puede hundir a Estados Unidos

Por Daron Acemoglu, Project Syndicate.

BOSTON- La política exterior de Estados Unidos con el presidente Donald Trump se hunde una vez más. La guerra de su gobierno contra Irán (que llega justo después del secuestro del dictador de Venezuela) perjudicará a Estados Unidos y cambiará la visión que tiene el resto del mundo del poder estadounidense.

Por supuesto que no es la primera vez que Estados Unidos ejecuta una intervención en el extranjero mal planificada y destinada a fracasar. Una de las más significativas, en vista del contexto actual, fue cuando en 1953 la CIA derrocó al primer ministro iraní elegido por el pueblo, Mohammad Mossadegh, tras su decisión de nacionalizar la industria petrolera local que estaba en manos británicas. Aunque sería exagerado decir que la destitución de Mossadegh provocó la Revolución Iraní de 1979, no hay duda de que la intervención descarada de la CIA determinó la actitud de muchos iraníes hacia la monarquía absoluta que Estados Unidos instaló en su reemplazo.

Por eso la respuesta inicial de muchos sectores de la población iraní (incluidos comunistas, conservadores y liberales) fue apoyar el derrocamiento del sah. Pero por desgracia, el ayatolá Ruhollah Jomeiní era cualquier cosa menos un líder de consensos. Enseguida traicionó a sus aliados y estableció el régimen teocrático ultrarrepresivo que todavía gobierna el país.

La enseñanza es que las intervenciones estadounidenses suelen tener muchas consecuencias imprevistas. No sólo generan resentimientos duraderos, sino que también influyen en la percepción del poder blando (el poder de persuasión y atracción) que Estados Unidos siempre ha usado para mantener unida su red global de alianzas y convencer a otros actores de la bondad de su hegemonía, factor de previsibilidad y estabilidad internacional.

Esto es importante, porque la respuesta natural de la mayoría de la gente cuando la potencia hegemónica se comporta como un matón será oponerse. Las demostraciones frecuentes y gratuitas de poder duro tienden a erosionar el poder blando, sobre todo en el caso de intervenciones carentes de cualquier justificación coherente. Durante la Guerra Fría, Estados Unidos al menos tenía el objetivo general de frenar la expansión del comunismo, que era una amenaza real.

Incluso peor para el poder blando de un país es una campaña mal planificada que exhibe un desprecio absoluto por las vidas de los afectados. Es lo que estamos viendo en Medio Oriente. No hay duda de que la impulsiva guerra de Trump llevará el poder blando de los Estados Unidos a su nivel más bajo de la historia, y nadie en su gobierno tiene intención de reconstruir lo que se ha perdido. En vez de valorar el poder blando, la Casa Blanca actual ve en la amenaza y en el acuerdo bilateral sustitutos de ganarse la buena voluntad de los líderes y ciudadanos extranjeros.

Es verdad que el régimen iraní ha sido excepcionalmente cruel y represivo. La mayoría de los iraníes no sienten ningún aprecio por el nuevo líder supremo, Mojtaba Jameneí (hijo del antecesor), ni por la Guardia Revolucionaria Islámica. Pero eso no implica que el régimen vaya a derrumbarse, y mucho menos que la intervención estadounidense traerá paz y estabilidad a la región.

Lo más llamativo de esta guerra es lo mal que se la planificó, incluso en comparación con algunas de las intervenciones más desastrosas de la CIA durante la Guerra Fría. A las fuerzas armadas de Estados Unidos e Israel no les faltaron blancos de bombardeo claros y misiles de precisión, pero sí les faltó una estrategia de salida evidente.

Tendría que haber sido obvio que el régimen iraní no se iba a derrumbar de inmediato, incluso tras su decapitación. Y era más que previsible que la represalia de Irán apuntaría a desestabilizar la región y encarecer el petróleo. Todos saben desde siempre que el estrecho de Ormuz es la carta de triunfo del régimen. Pero al parecer la administración Trump no tuvo en cuenta estas consideraciones, al menos a juzgar por declaraciones recientes de altos funcionarios.

Esto puede haber dado al régimen iraní la convicción de estar en posición ganadora. Sabe que los estadounidenses no están dispuestos a una guerra prolongada, y está preparado para soportar el bloqueo actual y reprimir a la población durante el tiempo que sea necesario para garantizar la supervivencia de la República Islámica. Esto se refleja en la consternación creciente de los mercados internacionales.

En un momento en que la economía ya se veía frágil (como evidencia la discusión sobre una posible burbuja en torno a la inteligencia artificial), la turbulencia del mercado de energía y la creciente incertidumbre global son preanuncio de problemas. El marcado encarecimiento del petróleo frenará la inversión y el crecimiento económico, además de presionar al alza sobre los precios. El consiguiente aumento del desempleo y de la inflación será costoso para los gobiernos en ejercicio, incluidos los de Europa que enfrentan el desafío de outsiders populistas de derecha (aunque la mayoría de los líderes europeos se oponen a la guerra y han rechazado de plano los pedidos de Trump de que envíen buques de guerra para ayudar a Estados Unidos a reabrir el estrecho).

Dentro de Estados Unidos, es lógico pensar que Trump pagará un alto precio político por su guerra en la elección intermedia de noviembre. Pero Trump se presenta como un líder antisistema, y si sus incondicionales echaran la culpa por el deterioro económico al sistema en vez de a él, el resultado puede ser más polarización y debilitamiento de las instituciones.

Es probable que Trump eche más leña al fuego tratando de polarizar a republicanos y demócratas (y tal vez con acciones internas incluso más incendiarias). No hay que olvidar que las instituciones estadounidenses ya están debilitadas, y muchas de las normas y contrapesos previstos para limitar el poder presidencial han dejado de funcionar. Esto colabora con la agenda de Trump, que aprovechará cualquier oportunidad que se le presente para debilitar todavía más las instituciones.

Todavía no es seguro cuánto daño más sufrirán la democracia y el poder blando de Estados Unidos como resultado de esta torpe aventura en el extranjero. Pero una cosa parece probable: el precio lo pagarán los estadounidenses, y será más alto de lo imaginable. Hoy la amenaza para la democracia, la estabilidad social y la resiliencia económica de los Estados Unidos es mayor que en cualquier otro momento de la historia reciente. Copyright: Project Syndicate, 2026.

Traducción: Esteban Flamini.

Daron Acemoglu, premio nobel de economía 2024 y profesor distinguido de Economía en el MIT, es coautor (con Simon Johnson) de Power and Progress: Our Thousand-Year Struggle Over Technology and Prosperity (PublicAffairs, 2023).

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