nullLaura Aguilar Roldán
Querétaro está dando buenas noticias. Y no de las que se anuncian con entusiasmo pasajero, sino de las que se sostienen con datos y se sienten en la vida cotidiana. La más reciente medición de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU 2026) no solo confirma una mejora: revela una tendencia. Y en temas de seguridad, las tendencias son lo que realmente importa.
Cuando una ciudad mejora de manera consistente en percepción de seguridad, en confianza institucional y en desempeño, no estamos frente a un golpe de suerte. Estamos frente a una estrategia que se construye todos los días, en el territorio, con decisiones que impactan la vida real de las personas. Querétaro ya no está intentando destacar: está ocupando ese lugar con hechos.
Hoy, la capital se posiciona como la cuarta con mejor percepción de seguridad entre las capitales del país, y la número 15 entre 91 ciudades evaluadas. Más allá de la estadística, esto significa algo muy concreto: caminar con mayor tranquilidad, usar el transporte con menos temor y recuperar una sensación que parecía diluirse en muchas ciudades del país: la confianza en lo cotidiano.
Lo más relevante es que no se trata de un dato aislado. En percepción de seguridad, Querétaro creció 12.5 puntos porcentuales y avanzó 10 posiciones. En desempeño institucional, mejoró 16 puntos y subió 13 lugares, colocándose en el séptimo sitio. En confianza, aumentó 9.2 puntos y escaló 11 posiciones, ubicándose en el sexto. Incluso en identificación de la policía estatal (POES), avanzó 1.8 puntos y 11 lugares. Cuando todos los indicadores se mueven en la misma dirección, el mensaje es claro: hay rumbo.
Y hay que decirlo sin matices: este es el mejor nivel de percepción de seguridad en lo que va de la administración. El dato de 64.5 no es menor. Es la evidencia de que la ciudad está recuperando algo esencial: orden, presencia institucional y una sensación de tranquilidad que impacta directamente en la calidad de vida.
A veces se subestima lo que significa que una ciudad recupere confianza. Pero cualquier ciudadano lo entiende sin necesidad de cifras: la seguridad no es un concepto abstracto, es la diferencia entre vivir con calma o con alerta permanente. Entre confiar en tu entorno o adaptarte al miedo. Entre una ciudad que cuida y una ciudad que se vuelve incierta.
También vale la pena decirlo con claridad: los avances consistentes tienen más valor que los discursos espectaculares. Mientras otras ciudades siguen atrapadas en la reacción y la improvisación, Querétaro muestra continuidad. Y la continuidad, en seguridad, construye algo más profundo que resultados inmediatos: construye certeza.
Esto no significa que se pueda bajar la guardia. Al contrario. Lo logrado exige más responsabilidad. La seguridad no es un logro que se alcanza y se guarda: es un equilibrio que se sostiene todos los días. Y cuando una ciudad empieza a sentirse más segura, el mayor riesgo es la complacencia.
Querétaro avanza, sí. Y se nota. Pero lo verdaderamente importante es que ese avance no se detenga. Porque al final, la seguridad no se mide solo en encuestas: se mide en la tranquilidad con la que vivimos.