Hay gastos que una familia asume con cierta desazón, pero son imprescindibles y no pueden esperar, ya que forman parte de nuestra turbulenta vida moderna. La gasolina, el mantenimiento, las verificaciones, una llanta ponchada en el peor momento. Y en esa lista se instala el tan necesario seguro del auto.
Miles de conductores estamos recibiendo la misma noticia al renovar nuestra póliza. Más costo por una cobertura similar, y en algunos casos, incluso menor. Sin haber chocado, sin cambiar de vehículo, sin haber usado el seguro en todo el año. La sensación natural es pensar que algo no cuadra…pero, lo que está ocurriendo merece una lectura más seria que el simple enojo del conductor. Asegurar un auto en México se está encareciendo por una combinación de factores que no desaparecerán pronto. Las refacciones cuestan más, los vehículos nuevos valen más, la tecnología automotriz encarece reparaciones, el robo de unidades sigue pesando en varias regiones y los costos operativos de las aseguradoras también aumentaron. Y toda esa ecuación termina llegando a la prima. Ok. Hasta ahí, la explicación técnica. Pero el tema importante no está solo en cuánto subió la póliza, sino en lo que significa que siga subiendo. Nuestro país sigue teniendo una baja cultura aseguradora. Millones de vehículos circulan sin protección suficiente o, de plano, sin ninguna cobertura. Cuando el precio de asegurar se aleja del ingreso promedio, muchas familias deciden cancelar, reducir coberturas o jugársela (irresponsablemente, debo decirlo) sin seguro. Y ese “ahorro” aparente suele ser el error más caro. Un choque serio, un robo o daños a terceros pueden borrar años de esfuerzo financiero en cuestión de días. Lo que parecía un gasto prescindible termina revelándose como una barrera de protección patrimonial que se entendió demasiado tarde. Desde mi perspectiva, el país sigue viendo el seguro del automóvil como un cobro incómodo, cuando en realidad es parte de la infraestructura financiera de la movilidad. El vehículo ya no representa únicamente patrimonio personal. Para millones de mexicanos es herramienta de trabajo. Es ingreso, es reparto, es ventas, es traslado de mercancía, es productividad. Por eso, cuando sube el seguro, también incrementa el costo de producir…es un efecto dominó parecido al de la gasolina. Ese ángulo rara vez se discute. Hablamos del precio del hidrocarburo, del tráfico, del costo de los autos importados, pero poco del efecto silencioso que tiene una póliza cada vez más onerosa sobre quienes viven del volante o dependen del automóvil para generar dinero.
Pero ojo, también sería injusto reducir todo a una crítica contra las aseguradoras. Operan bajo exigencias estrictas de reservas, solvencia y administración de riesgos. Si los accidentes aumentan, si el robo persiste y si reparar cuesta más, el precio refleja esa realidad. Pretender primas artificialmente baratas solo traslada el problema hacia adelante. Lo que creo que sí podemos cuestionar es la falta de profundidad del mercado. Desde mi punto de vista, México necesita más competencia, más innovación, pólizas modulares, uso inteligente de tecnología para premiar buenos hábitos de manejo y mejores incentivos para que la protección patrimonial no quede reservada a quienes más ganan. Un país donde asegurar el auto empieza a sentirse como lujo, es un país que normaliza la vulnerabilidad financiera; cuidado ahí. Y hay que decirlo como es: circular sin seguro no es ahorrar; circular sin seguro es dejar tu patrimonio y la vida de los tuyos en manos de la (mala) suerte. Y la mala suerte suele cobrar caro. Cuando una familia deja la póliza para “salir del mes”, en realidad está apostando a que nada ocurra. A veces no ocurre nada… hasta que ocurre. Y cuando esa decisión comienza a repetirse de forma masiva, deja de ser un asunto individual para convertirse en una señal económica. Un país donde proteger patrimonio resulta cada vez más difícil, es un país que acumula fragilidad silenciosa. Ahí el gobierno debería preguntarse cómo incentivar mayor cobertura y competencia real; y las aseguradoras, cómo ampliar acceso sin castigar al conductor responsable. La salud financiera de una economía no solo se mide en tasas, inversión o crecimiento; también se mide en la capacidad de sus familias para enfrentar imprevistos sin quebrarse. Creo que el debate ya no es si el seguro subió demasiado este año. El debate es si México quiere seguir creciendo con millones de personas moviéndose sin red de protección patrimonial.
Porque al final, una economía moderna necesita movilidad…y la movilidad sin cobertura es fragilidad con ruedas. _____ Nota del editor: Manuel Herrejón Suárez es un empresario mexicano con más de dos décadas de experiencia en el sector bursátil y mercado cambiario, especialista en gestión de proyectos en el sector financiero. Es Licenciado en Derecho por la Universidad del Valle de México y Maestro en dirección de empresas para ejecutivos por el IPADE. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión
]]>