
El heredero de la corona británica, un hombre que creció a la sombra de la reina Isabel, cercano al color gris y que poco ha dado de qué hablar desde que asumió como monarca, de pronto sorprendió al mundo con un discurso impecable lleno de ironía y humor ante el Congreso de los Estados Unidos. La visita no iba a ser nada sencilla, no por él, sino por el anfitrión, que se siente rey y que ha dado muestras permanentes de patanería.
Carlos se preparó. Usó lo que ha aprendido de formación diplomática durante toda su vida y, en un concentrado impecable, soltó frases que sonaron a cachetadas con un guante más blanco que los que llevaba Melania.