Llegaron las reseñas: la prensa británica afirma que el rey Carlos III lanzó esta semana una magistral reprimenda diplomática al presidente Donald Trump, al más puro estilo cortés de la realeza.
“El Rey dice verdades duras”, decía un titular del Daily Mail, elogiándolo por instar a Estados Unidos a defender a la OTAN y a Ucrania. Un periodista de The Sun lo llamó “el diplomático número uno de Reino Unido”. The Independent dijo que Carlos reprendió a Trump con una “combinación de elocuencia y brío”, hablando en “términos tan matizados y sofisticados que ni siquiera Trump y sus volátiles partidarios pudieron ofenderse”. The New Statesman dijo que era “política envuelta en tonos regios”.
Para muchos estadounidenses, las aristas afiladas del mensaje del rey, aparentemente lleno de tacto, pueden no haber sido evidentes. E incluso Trump pareció no darse cuenta de que Carlos lo estaba reprendiendo con delicadeza. Tras despedirse de la pareja real el jueves por la mañana, el presidente se dirigió a los periodistas y dijo: “Grandes personas. Necesitamos más gente así en nuestro país”.
El rey es, por supuesto, británico, y como sus compatriotas, es bien conocido que puede ser indirecto. Los estadounidenses que esperaban declaraciones tajantes o evidentes siempre iban a sentirse decepcionados.
La monarquía constitucional británica exige, como dice el Palacio de Buckingham, que el rey se mantenga “políticamente neutral en todos los asuntos”, incluso, presumiblemente, al interactuar con el volátil líder de uno de los aliados más cercanos del país.
Carlos cautivó a Trump con una mesurada mezcla de diplomacia y humor.Credit...Kenny Holston/The New York Times
Pero los ciudadanos de la mancomunidad del rey ya están acostumbrados a leer entre líneas, en busca de gestos simbólicos o críticas punzantes envueltas en humor irónico y evasivas ambiguas.
Al fin y al cabo, Carlos es hijo de la reina Isabel II, quien en 2017 lució un famoso sombrero azul con flores amarillas —los colores de la bandera de la Unión Europea— para inaugurar el Parlamento un año después del referéndum del Brexit, lo que para muchos sugirió que expresaba simpatía por la causa europea en sentido amplio. Y el año pasado, el rey llevó condecoraciones militares canadienses en su uniforme poco después de que Trump comenzara a amenazar con convertir al país en el estado número 51 de Estados Unidos.
Por supuesto, nadie puede meterse realmente en la cabeza del rey, y expresarse de forma oblicua puede ofrecer un grado de negación plausible. Pero cualquiera que conozca mínimamente los valores y las causas que Carlos defendía cuando era príncipe de Gales —ambientalismo, pluralismo religioso, tolerancia y multiculturalismo– podría intuir sus probables diferencias ideológicas con el presidente. La cuestión antes del viaje era si afloraría algún indicio de conflicto, o si permanecería sumergido en cortesías diplomáticas.
Para muchos observadores británicos, los discursos públicos del rey esta semana —mensajes deliberados, cuidadosamente elaborados con la ayuda de diplomáticos y otros funcionarios del gobierno— fueron mucho más contundentes de lo esperado y, en varios momentos, contradijeron directamente las políticas de Trump y el enfoque de su administración hacia el mundo.
Hubo esfuerzos innegables durante el discurso del rey ante el Congreso por contrarrestar los ataques del presidente al primer ministro Keir Starmer (“Como dijo mi primer ministro el mes pasado: ‘La nuestra es una alianza indispensable’”, afirmó Carlos), así como comentarios en defensa de la OTAN y de la necesidad de un Estado de derecho “estable y accesible”.
Cualquiera familiarizado con las causas que Carlos defendía como príncipe de Gales podría inferir sus diferencias ideológicas con Trump.Credit...Anna Rose Layden para The New York Times
Hubo un llamamiento a una “determinación inquebrantable” en la defensa de Ucrania. El momento en que el rey relató su propio y orgulloso servicio en la Marina Real como réplica a que el presidente llamara “juguetes” a los barcos británicos. Y la parte sobre una “responsabilidad compartida de proteger la naturaleza”, dirigida a un presidente que ha desmantelado las regulaciones ambientales.
Todo ello con el ingenio seco y el inglés aristocrático del rey; de hecho, dijo “by Jove!” en sus declaraciones en el Capitolio e intentó hacer una referencia cultural de Hollywood al llamar a los padres fundadores de Estados Unidos “rebeldes con causa”.
También estuvo el chiste de que los británicos tienen todo en común con Estados Unidos “excepto, por supuesto, el idioma”. Y el momento en que el rey bromeó sobre el nuevo salón de baile de la Casa Blanca de Trump, aludiendo al “pequeño intento de remodelación inmobiliaria de la Casa Blanca en 1814”, una referencia pícara a cuando los británicos incendiaron el edificio.
“Usted comentó recientemente, señor presidente, que si no fuera por Estados Unidos, los países europeos estarían hablando alemán”, bromeó el rey durante su brindis en la cena de Estado. “Me atrevería a decir que, si no fuera por nosotros, usted estaría hablando francés”.
El planteamiento podría haber sido arriesgado, porque Trump es muy susceptible y casi nunca hace bromas sobre sí mismo. Pero el humor parece haber cautivado, no enfurecido, al presidente. El jueves por la tarde, anunció en su cuenta de las redes sociales que eliminaba un arancel al whisky escocés, diciendo que “el rey y la reina lograron que hiciera algo que nadie más había podido conseguir, sin apenas pedírmelo”.
Hay pocos lugares donde las palabras del rey se analicen con mayor detalle que en las redacciones británicas, donde un grupo de periodistas está dedicado exclusivamente a cubrir a la familia real.
El periódico The Sun contrató a un lector de labios para intentar averiguar qué podrían haberse dicho los dos hombres. (¿La conclusión? Supuestamente, Trump le preguntó al rey: “¿Está usted borracho?”) Para no quedarse atrás, The Mirror contactó a un experto en lenguaje corporal para descifrar la dinámica entre el rey y el presidente. (Esa persona concluyó que Carlos parecía nervioso a su llegada a la Casa Blanca: “Sea lo que sea que esté pasando por su mente, se está diciendo a sí mismo que todo está bien, que todo irá bien, que se calme”, sugirió).
Los periódicos británicos recurrieron a lectores de labios y expertos en lenguaje corporal para descifrar los intercambios entre el rey y el presidente.Credit...Kenny Holston/The New York Times
En internet, un ejército virtual de detectives aficionados a la realeza ha estado publicando videos que muestran las interacciones entre el rey y el presidente durante los últimos días.
En Instagram, alguien subió un clip breve de la expresión del rey cuando el presidente ironizó con la idea de su madre de que “el pequeño Carlos” era “tan tierno”. Carlos esboza una sonrisa algo incómoda y hace un gesto de saludo real con la mano derecha.
Varias personas a las que no parecía gustarles mucho Trump publicaron un video del momento en que el presidente pasó por delante de la reina Camilla y empezó a estrechar la mano a la gente de la multitud reunida en el jardín sur de la Casa Blanca.
Como muchos observaron, hubo un par de pasos en falso de la realeza: se supone que no se debe pasar por delante de la reina de esa manera. Además, Trump impidió que el rey estrechara la mano de la multitud.
Al hacer zoom en el video para ver las expresiones del rey y la reina se ven caras de póquer perfectas, que no traicionan lo que pudieran estar pensando. Algo para lo que Carlos, en particular, ha sido entrenado toda su vida.
“El monarca, en su papel, es muy cuidadoso a la hora de revelar su posición particular”, dijo Arianne Chernock, historiadora de la Universidad de Boston. “El monarca, y su familia por extensión, son siempre una pantalla en la que proyectamos nuestras creencias”.