
El pasado 8M en Saltillo nos dejó claro que hace falta una pausa necesaria para cuestionar y abrirse a la autocrítica, así como para replantear los llamados “pisos políticos” con criterio y conciencia.
Hay una herida profunda al no reconocer la actitud que se tomó desde la supuesta radicalidad de permitir y legitimar —que, en lo personal y en lo político, no tiene nada de radical— la defensa de discursos y elementos de ultraderecha, así como la participación de la Policía Violeta. Aunque se niegue, esta representa una forma de control armado del Estado que, históricamente, ha sido un aparato represor de múltiples luchas sociales y de individuos.
Es un completo error permitir marchar hombro con hombro con el aparato represor del Estado mientras se excluye a compañeras interseccionales y transfeministas ¿Qué mensaje se intenta enviar?
Fue un acto de audacia colocar una lona que definía dónde terminaba el contingente autonombrado “radical” que más bien es transexcluyente: “Aquí termina la marcha”. La otredad les parece indiferente; tanto, que tuvieron que recurrir al opresor para “sentirse seguras”, dejando a las demás a la deriva.
Si las desigualdades de género son una construcción histórica, como plantea Joan Scott, también su transformación es una tarea colectiva. El feminismo no es solo una causa de las mujeres, sino un proyecto social de igualdad. Es por ello que la lucha feminista tiene la necesidad y la responsabilidad de abanderar a todos los feminismos.
Las consecuencias del patriarcado en la vida de las mujeres en Coahuila vuelven a quedar en un rincón, nuevamente quedan en el rincón, olvidadas por las diferencias ideológicas entre organizaciones.
Sin duda, el Estado ha enviado mensajes claros: primero con la represión de 2025 –en la que se gaseó a la multitud y hubo detenciones arbitrarias– y ahora con la presencia de cuerpos policiales en 2026. Con ello, el Estado se burla del movimiento y de la organización feminista, y a esos mensajes hay que responder.
El feminismo en Saltillo necesita con urgencia una reestructuración: buscar otros espacios y otros caminos para recuperar la fuerza política que tuvo hace no muchos años.
Incomodar, tomar espacios, emitir discursos contundentes y generar acciones en colectividad es lo que puede devolverle fuerza al feminismo en Saltillo.