HUB
Publicidad Responsiva - Banner Superior
Radar Inteligente
Mundiario 05 May, 2026 11:52

Las múltiples caras de la orfandad en Exilio, de Clara Obligado

Sin revanchismo ni rencor, Clara Obligado construye con Exilio (Páginas de Espuma) un relato sobre su experiencia como exiliada, lo que inspira la construcción de una nueva identidad a partir del legado de la ausencia y la devoción hacia la literatura. Y enfatizo "sin revanchismo ni rencor", porque la prosa de la autora de La hija de Marx se caracteriza por una mezcla de tradición oral y una prosa que, en este caso, tiene notables influencias modernistas. El concepto de exilio se vincula al concepto de escapismo. La literatura es una manera de superar ese colapso de la reubicación forzosa. Pero deja secuelas. Es una llaga imborrable, ceniza sobre la frente, muescas y más muescas:

"Mamá trenza. Mi hermana borda. Yo escribo". (pág. 21).

"Los atributos del que huye son el silencio y el dolor. También el miedo. / Esa noche no durmió". (pág. 39)

"Estos recuerdos. / ¿Quién soy, si nadie me ve? / ¿Qué queda de mí? / La respuesta la golpea: / --Me queda el terror". (págs.65-66)

Ser nómada o ser apátrida significa experimentar la orfandad de la tierra en la que han arraigado tus ancestros y, a lo largo del relato, Clara Obligado insiste en ese vacío emocional que representa echar raíces en un lugar al que no se pertenece. Ser una extraña dentro de un mundo de extraños. Fingir que no eres una bárbara entre bárbaros. La derrota personal que supone el arrebato del lugar al que se debe por la defensa de unas ideas y un proyecto de vida entra en conflicto con la vesánica ortodoxia del fascismo. Esa necesidad de constante proyección de ilusiones y expectativas queda perfectamente expresada en estos episodios autobiográficos donde lo anecdótico adquiere una dimensión semántica de desarraigo.

"Si nos cruzáramos por la calle, no nos reconoceríamos". (pág. 86)

"Y así, poco a poco, el chico dejó de llorar y fue convirtiéndose en un guerrero de su identidad". (pág. 99).

La lectura del relato conduce a la historia de una sublimación en la que, sin afán de victimismo, Clara Obligado confiesa cuán prolongada es la hostilidad de un intento continuo de adaptación a realidades urbanas inéditas en las que también el tedio y las crisis han hecho de las suyas.

Al aproximarse a Exilio, el lector encuentra, además, varias versiones de una misma voz, varias posibilidades de fuga y de asentamiento, varias versiones de la misma realidad acechante y no, por esa razón, menos monótona e invariable. Clara Obligado escribe varias posibilidades sobre una misma realidad que se adscribe a una odiosa secuencia: la dictadura es el oprobio, y el oprobio obliga a la escapada cuando la resistencia flaquea, y la escapada significa la escisión del núcleo familiar, la ruptura de cualquier expectativa vinculada a la solidaridad emocional que presupone permanecer en el grupo, en el seno de la familia, sobre la tierra de uno. La despedida o las despedidas en el aeropuerto o la llegada a Madrid con sus diversas variaciones marcan la decepción y un creciente grado de frustración ante la escasez de prosperidad.

La falta de oportunidades se retroalimenta además con relaciones amorosas castrantes e insinceras, con la desaparición de compatriotas, con la censura, con la ojeriza en los países de acogida. Y siempre un halo de nostalgia sutil y contenida en la creación de cada frase, en cada página de este cuaderno de bitácora, un diario donde se diversifica quien escribe a través de esbozos de personajes que no acaban de corporeizarse. Porque, detrás de Exilio, está la veleidad, la tierra de nadie, nadar entre dos aguas, la indefinición, la anulación de una identidad nacional y familiar que se convierte en gregaria y difusa.

Las frases finales de cada capítulo no se libran del absurdismo con el que se va nutriendo una existencia que no corresponde a quien la ostenta. La propia estructura basada en esa multiplicidad de versiones de una misma biografía subraya el tono kafkiano en la que nadie está libre de permanecer sumido en la propia indefensión de un sistema que ha convertido al sujeto en cosa.

La objetualización de lo humano es la consecuencia de todo exilio, pues cualquier atisbo de añoranza que conlleva ese proceso de despersonalización se contempla como un rasgo de vulnerabilidad que no tiene cabida en unas sociedades para las que el migrante es una rara avis, cuya identidad es más que distante y ajena. Está completamente vacía, disuelta en su limbo particular, en el humo. Las ilustraciones de Comotto no escapan a ese manierismo con el que la escritura intenta salvar la tragedia interior de quien se confiesa:

"Y aquí estoy, trabajando en su oficina, a la espera de jubilarme". (pág. 18)

"Me amortajan las algas" (pág. 26)

"Sin embargo, la vida sigue, tira de mí, se impone acumulando esqueletos, restos, memoria". (pág. 71)

¿De qué le habría servido a Clara Obligado tirar de la ira o de la inquina? No habría servido de nada, salvo para hacer evidente que el patetismo y la honda experiencia de la decepción o la intransigencia alrededor no casan de ninguna manera. Interesa la contención, la sobriedad mezclada con destellos líricos, reproducir sinestesias y metáforas para dejar claro que los estigmas son imborrables: los estigmas de una desaparición lenta cuando estás lejos del grupo, de los orígenes, del idioma, de la consanguinidad, de los paisajes que trabajan la piel y la memoria. Pero también está la literatura, el don de decir, la capacidad de manifestarse, la epifanía de la escritura como forma de rebeldía. Porque demasiadas veces la rebeldía es mantenerse a flote, confiar en la bondad de los desconocidos, viajar para dar testimonio de cómo los extremismos sesgan las legítimas posibilidades de prosperar en el territorio del clan, que es también el lugar de los espíritus.

"Jugamos a imaginar qué hubiera sucedido de habernos casado, en esa otra vida que nunca sucedió, fantaseamos con volver algún día a Buenos Aires, con encontrarnos y vivir todas esas historias que no fueron posibles, esas otras vidas que nos arrancaron". (pág. 106)

@mundiario

Contenido Patrocinado