
Durante muchos años, la psicología popular clasificó a las personas en introvertidos y extrovertidos. Ante esta clasificación, en lo personal, no encajaba en ninguno de los dos, ya que mi personalidad combina un poco de introversión y de extroversión. Sin embargo, hoy brota un concepto nuevo que constituye un punto intermedio: “otrovertido”, propuesto por el psiquiatra Rami Kaminski, autor de “The Gift of Not Belonging: How Outsiders Thrive in a World of Joiners” (El don de no pertenecer: cómo las personas que no encajan prosperan en un mundo que exige pertenecer).
Hay personas que, a pesar de ser sociables y empáticas, no sienten la necesidad de pertenecer a grupos o comunidades estructuradas. En un mundo que no deja de invitar –o incluso de presionar– a unirse a clubes, ideologías, partidos políticos, religiones o movimientos sociales, estas personas tienen una sensación constante de ser “diferentes”.