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AM 19 Mar, 2026 06:04

Las primeras grietas

perspectiva 1

Las señales son claras: el gobierno cubano del comunismo castrista comienza a desmoronarse con la aparición del sobrino-nieto de Fidel Castro y viceprimer ministro del régimen cubano, Óscar Pérez-Oliva Fraga. El nepo salió en televisión para invitar a los cubanos de la Florida o, en su caso, a cualquier inversionista, a abrir cuentas en moneda “dura” en el país. Es un grito de desesperación ante lo que viene para la dictadura. Es evidente que nadie va a llevar dinero a un lugar donde no hay electricidad ni gasolina ni libertad para sus ciudadanos.

El embargo de Estados Unidos se debe al robo de bienes y empresas de cubanos y de norteamericanos en los años sesenta. Quienes salieron corriendo de la isla lo hicieron porque la Revolución les quitó todo. Ahora que el régimen llora por ayuda, sería absurdo que los hoy “hermanos” que antes eran “gusanos” arriesguen su patrimonio con el gobierno que dañó a sus familias. El mensaje se leyó como un grito desesperado del régimen comunista, pues no tiene forma de seguir gobernando sin la ayuda del exterior. La respuesta unánime fue un rotundo ¡NO!

Otra grieta es la de la información que sale todos los días del país: un paisaje de desolación, penuria y oscuridad. Yoani Sánchez, periodista y activista independiente, se convirtió en noticia viral cuando se enfrentó a un agente del régimen que buscaba mantenerla encerrada en su casa. El personaje va enmascarado y no se identifica ante la solicitud de Yoani, quien le pide señas de quién lo manda y por qué. Yoani tiene un medio de comunicación llamado 14ymedio, con corresponsales en otros países. Ella camina por las calles de La Habana y narra lo que ve: una tragedia humanitaria cotidiana. En otra época Yoani estaría presa, como tantos otros activistas que pidieron “Patria y Vida”. Hoy el régimen le tuvo miedo y la dejó salir de su casa. Ante los ojos del mundo, Miguel Díaz-Canel y su patrón, Raúl Castro, no pueden apretar más el cuello a los ciudadanos.

Los dirigentes del partido saben que el tiempo corre en su contra. En cualquier momento vendrá la revuelta ciudadana y no podrán detenerla a palos ni con balas. Podrían terminar en la cárcel si cometen el crimen de enfrentarse a manifestantes pacíficos con el ejército y la policía. Su mejor opción es salir de Cuba, asegurar sus cuentas en el extranjero y pedir salvoconductos a cambio de dejar en manos de un nuevo régimen de libertades el destino de Cuba.

Díaz-Canel luce desmejorado y está angustiado porque tiene información precisa sobre los bajos inventarios de petróleo, gasolina, gas y alimentos. Falta dinero para comprar al exterior y, ahora sí, con el bloqueo norteamericano, salir adelante es imposible. Lo que les queda a los comunistas es salir del barco antes de que un motín popular los eche a los tiburones.

Por toda Cuba hay corresponsales espontáneos que narran estos días de dificultad y cambio. Las grietas en la nave que hace agua nos dicen que faltan pocos días, y Trump, como estratega sin piedad, espera sentado a ver pasar por el frente de su casa, la Casa Blanca, el cadáver del comunismo cubano.

Lo mejor para todos sería un pacto de salida que contemple el abordaje por parte de gente nueva, con la bandera de la libertad alzada. Nadie quiere una desgracia humana mayor. Vendrá una nueva historia para Cuba y Latinoamérica.

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