
En 1874, un niño de siete años permaneció durante meses en cama después de fracturarse una pierna. Su padre comenzó a llevarle libros de la biblioteca para aliviar el tedio de aquella inmovilidad.
El pequeño se llamaba Herbert George Wells, el escritor genio de la ficción. Años después enviaría a sus lectores hacia tiempos remotos, planetas invadidos, laboratorios inquietantes y sociedades futuras. Aquella habitación, aparentemente convertida en límite, terminó siendo la primera puerta hacia otros mundos.