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Quadratin 19 Mar, 2026 15:00

Mujeres, fuerza que hace latir el corazón del mercado Santo Niño

MORELIA, Mich., 19 de marzo de 2026.- En el mercado Santo Niño, en el Centro Histórico de Morelia, hay espacio para todos, pero la vida late con fuerza femenina. Mujeres dominan el paisaje: desde quienes sirven los alimentos hasta la administradora; no es casualidad que sea el único mercado de la zona con ludoteca.

Al frente de las uniones Nicolás Bravo y 18 de Mayo se encuentran Sandra Cisneros Chora y María Eugenia Herrera Velázquez, mientras que en la administración está Andrea Alba Espinosa. 

Desde el primer encuentro, las mujeres son lo primero que salta a la vista: Charo, que ofrece gorditas y tortillas hechas a mano; otras despachan fruta, pesan granos, venden pollo y espantan las moscas del pan dulce.

Ya no es solo una generación: son segunda y tercera generaciones; familias extendidas con nueras, primas y sobrinas que tejen redes de apoyo, amistad y colaboración que alcanzan a sus clientas. 

El Santo Niño es un espacio amable para las mujeres: 113 ocupan lugares como locatarias, sin contar a quienes trabajan de manera informal y al personal contratado.

Entre la que hace las tortillas, la que sirve la comida, las meseras y hasta el servicio de psicología, el mercado se parece a un jardín poblado de flores diversas, formas distintas y muchos retoños.

Andrea Alba Espinosa, administradora desde hace cinco años, se emociona al contarlas en su computadora cuando le preguntan-¿cuántas mujeres hay en el mercado?-. Nunca antes se lo habían preguntado ni se lo había propuesto, y el hallazgo la sorprende. 

“Tenemos 113 mujeres, entre el área de comida, la plancha y el sótano. En la mayoría de los locales son ya varias generaciones: la abuela, la mamá, la hija y la nieta, además de la familia extendida. En el mercado, las mujeres tienen toda la fuerza; el mercado está compuesto más por mujeres que por hombres”, señaló en entrevista para Quadratín.

Pero no son solo oferentes y administradoras: también son sus principales usuarias. 

“Es un mercado muy importante, porque abastece a los vecinos del Centro Histórico”, expresa Felipe Ruiz, uno de los comerciantes fundadores, que llegó joven y envejeció junto al establecimiento.

De los adultos mayores que lo formaron, ahora solo quedan cuatro, entre ellos él. Con más de 50 años de experiencia, reconoce que, aunque viene mucha gente a comprar, la mayoría son mujeres: vecinas del primer cuadro de la ciudad y de colonias cercanas.

El mercado es, además, un refugio seguro y diverso para las infancias; lo que lo distingue es su ludoteca. “Hace dos años el presidente Alfonso Martínez Alcázar construyó una ludoteca. La mayoría de comerciantes y usuarios pueden dejar a sus hijos ahí”, añade la administradora.

Porque ser comerciante y madre no es fácil: exige emociones retadoras, estrategia y la solidaridad de compañeras comprometidas. A diferencia de otros sectores, el derecho a guardería es casi inexistente; la certeza es escasa. 

Nunca se sabe si habrá ventas suficientes para llegar a la hora de la comida. No todos los puestos aseguran ganancias o productos no perecederos que se vendan hoy, mañana o dentro de un mes.

“Es complicado desarrollar sus labores y cuidar a sus hijos; por eso intentamos fomentar talleres antes de la ludoteca”, explica Andrea, la primera administradora mujer en los 51 años de historia del mercado.

Entre huacales de jitomate, los más chicos se entretienen; los pasillos guardan historias de amistades que crecieron al calor del “¡qué le damos, marchanta!”. El Santo Niño no es solo comercio: es tejido, memoria y comunidad, un mercado que late con la ternura y la fuerza de sus mujeres.

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