
En distintos puntos de México, ha comenzado a consolidarse un fenómeno que opera en una zona gris: conciertos y eventos masivos que, sin ser completamente clandestinos, tampoco cumplen con todos los estándares de regulación, supervisión o seguridad.
Se anuncian en redes sociales, venden boletos de forma abierta y convocan a cientos o miles de personas. Sin embargo, detrás de esa aparente formalidad, muchos de estos eventos funcionan con esquemas flexibles en permisos, logística y control operativo.