Ayer ocurrió algo que, en medio de casi tres semanas de paro, no es menor: hubo una mesa de por medio entre representantes de la UAEM y de la Resistencia Estudiantil. No fue todavía el diálogo formal, no fue la instalación oficial de una ruta de acuerdos, pero sí fue un gesto claro de que las partes ya se están encontrando. En conflictos prolongados, estos primeros acercamientos suelen valer más que cualquier declaración pública.
Todo indica que la formalización del diálogo llegará hoy viernes, durante el fin de semana o a principios de la próxima semana. Lo importante es que ya hay movimiento, y en un conflicto que parecía estancado, eso es un avance político y emocional significativo.
Mientras tanto, el gobierno de Morelos ha sostenido reuniones con representantes de distintas escuelas, y algunas unidades académicas comienzan a retomar actividades: unas de manera presencial, otras a distancia, otras en esquemas híbridos. Es un regreso parcial, fragmentado, pero real.
En este punto, algunas descalificaciones de la Resistencia Estudiantil hacia estos procesos parecen excesivas. La UAEM es, por definición, un espacio plural, y en un movimiento estudiantil amplio debe haber lugar para todas las expresiones: quienes siguen en paro total, quienes buscan regresar a clases, quienes quieren combinar ambas cosas y quienes simplemente necesitan continuar con su vida académica. La pluralidad no debilita un movimiento; lo hace más honesto.
Del otro lado, tampoco es aceptable descalificar a la ligera a quienes integran la Resistencia Estudiantil. La estigmatización, la discriminación y el clasismo no solo son injustos: son políticamente torpes. Si algo ha quedado claro en estas semanas es que los estudiantes tienen razones legítimas para exigir seguridad, y que su movilización ha obligado a las autoridades a responder.
Por eso es relevante que tanto la UAEM como la gobernadora hayan reconocido ya la legitimidad del movimiento. La gobernadora incluso celebró que los estudiantes se movilicen por su seguridad. Ese reconocimiento no es retórico: abre una puerta política que antes no existía.
Y esa puerta, hoy, está abierta.
Estamos entrando al momento más delicado del proceso. Cuando un conflicto avanza hacia el diálogo, cualquier minucia puede descarrilarlo: una frase mal dicha, un gesto mal interpretado, un exceso de cualquiera de las partes. Los conflictos no se rompen por grandes desacuerdos, sino por pequeñas torpezas.
La oportunidad está ahí: una mesa que empieza a tomar forma, un gobierno que ya reconoce la legitimidad del movimiento, una universidad que se mueve hacia el diálogo y una comunidad estudiantil que ha demostrado fuerza, organización y claridad en sus demandas.
Lo que sigue requiere inteligencia, paciencia y, sobre todo, responsabilidad. Porque después de casi tres semanas de paro, lo que está en juego ya no es solo la seguridad universitaria: es la capacidad de la UAEM y del gobierno de Morelos para demostrar que pueden resolver un conflicto sin romper a la comunidad en el intento.
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