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El Diario 03 Oct, 2026 20:24 (5 min de lectura)
Observatorio Neutral

Entre el miedo y la esperanza

Por Jorge Ramos Ávalos/Periodista En Mundo México, Chihuahua
Entre el miedo y la esperanza
PUNTOS CLAVE DEL ANALISIS (IA SCOPE)
• Ciudadano estadounidense viaja a Florida con pasaporte por miedo a ICE.
• La policía migratoria cambia tácticasenciones silenciosas en lugares públicos.
• Cientos de miles se autodeportan para evitar arrestos frente a sus hijos.

Mi amigo, un destacado profesionista y ciudadano de Estados Unidos, pasó a visitarme a Miami y me contó un detalle que me impresionó. Cuando le dijo a su esposa que iba a estar en el sur de la Florida, ella le pidió que llevara consigo su pasaporte americano... por si acaso. ¿Y qué tal si te detienen los agentes de ICE?, le preguntó. Ahora resulta que viajar dentro de Estados Unidos es un riesgo para los latinos, para los que hablamos inglés con acento o, simplemente, para cualquiera que a la migra le parezca un extranjero.

ICE, la temida policía migratoria, ha cambiado sus tácticas para detener a inmigrantes indocumentados o que estén en proceso de legalizar su situación migratoria. Antes lo hacían de manera muy visible, agresiva y con patente abuso de autoridad. Métete en YouTube o en las redes y verás montones de ejemplos de redadas violentas y separando familias en Minneapolis y Los Ángeles. Pero hubo tantas protestas que tuvieron que retirarse temporalmente de las calles.

Ahora lo hacen calladitos.

Checan las placas de tu auto y si en el registro sale que naciste en otro país, te detienen en una esquina solitaria. O en una gasolinera, en la lavandería y hasta saliendo del supermercado. Sé de gente que ya ni siquiera quiere llevar a los niños a la escuela o ir al banco. Y si le creemos a las estadísticas del gobierno, cientos de miles han decidido autodeportarse para no enfrentar la humillación de ser arrestados –por nada– frente a tus hijos.

¿Cómo responderles a los niños cuando te esposan con las manos detrás de la espalda y te preguntan por qué?

Decir Trump no es suficiente. Más de 77 millones de personas votaron por él y Estados Unidos se ha vuelto mucho más intolerable hacia los inmigrantes. Cuerpos de policía de todo el país cooperan con ICE para detener extranjeros y no hay casi nadie en el mismo partido del Presidente que se atreva a llevarle la contraria y a decir que la crueldad nunca debe ser política de Estado.

Por todo esto Amnistía Internacional ha pedido la disolución de ICE. En un nuevo reporte dice que “la administración Trump está implementando detenciones masivas y un sistema de deportación alimentado por narrativas racistas, xenofóbicas y falsas”. La directora ejecutiva de la organización, Nadia Daar, lo puso de esta manera: “Nuestro reporte documenta un espeluznante patrón de violaciones a los derechos humanos en Estados Unidos con la intención de crear miedo en la comunidad de inmigrantes, refugiados y aplicantes de asilo”.

Y a pesar de todo lo anterior, los latinos seguimos creyendo en el sueño americano.

Lo sé, es increíble, pero a pesar de las persecuciones, de las injustas redadas a personas sin antecedentes penales, de las cruentas separaciones de padres e hijos, de las pérdidas de empleos, del cierre de pequeños negocios hispanos y del clima antiinmigrante, nosotros los latinos todavía creemos que las cosas van a mejorar.

Les cuento. Acabo de leer el último informe del Centro Pew y dice que la mayoría de los latinos todavía creemos en el concepto del “sueño americano”. El 53 por ciento considera que han alcanzado el sueño americano o que están en camino de conseguirlo. Este concepto varía mucho, desde ser propietario de tu propia casa y enviar a tus hijos a la universidad hasta tener seguro médico y un dinerito para viajar. Pero el asunto central es estar convencido de que en Estados Unidos va a mejorar tu nivel de vida.

Lo que más me impresionó del estudio es la certeza de que hay un claro avance de una generación a otra. El 57 por ciento de los hispanos encuestados cree que su nivel de vida es superior al que tenían sus padres a la misma edad; y el 53 por ciento considera que sus hijos vivirán mejor que ellos al alcanzar su edad.

Estoy entre los optimistas.

Confieso que me ha tocado vivir el sueño americano. Llegué a Estados Unidos con muy poco y, en el conteo final, salgo sumando; al igual que millones de mi generación y de las que nos precedieron. Lo que me llama poderosamente la atención es que, a pesar de todas las dificultades y el miedo en que viven millones de latinos, todavía sigue viva la esperanza de que las cosas van a mejorar.

Eso espero. Y que algún día mis amigos puedan venir a visitarme sin traer su pasaporte.

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