Están convergiendo escenarios que apuntan a que no solo sea una recesión común, sino peor que eso. La crisis del 2007 en el sector de las hipotecas subprime y luego contagiada al sector financiero, fue algo que se logró superar con herramientas de política monetaria y económica.
Para 2012 ya estaba la economía de nuevo sobre rieles. Pero esta vez, las condiciones son completamente distintas. Empecemos con lo más reciente, que es el encarecimiento del precio del diésel en todo el mundo, que es solo uno de tantos factores, pero muy didáctico.
Hay que decir, primero, que en Estados Unidos el precio del litro de diésel supera los 34 pesos el litro al tipo de cambio actual, en México fluctúa entre 25.5 pesos en ciudades como Juárez, pero hasta 27 pesos en el resto del territorio; porque está subsidiado, pero también ocasiona daño.
El diésel influye directamente en el costo del traslado de mercancías, en la producción agrícola y, por lo tanto, en el precio de los alimentos. También es fundamental para la industria de la construcción, por el uso de maquinaria pesada, y finalmente pega al comercio, donde el mayor costo de transporte termina llegando al consumidor.
En estos días hay escasez de diésel en todo el mundo y el problema es de tal grado que provocó una reunión de emergencia del G7, es decir las economías más avanzadas del mundo, apenas la semana pasada.
Ahí se subrayó que los impactos en el mercado energético de la crisis del Estrecho de Ormuz siguen siendo agudos, especialmente en los mercados del diésel y afecta el trabajo continuo de la Agencia Internacional de Energía, -AIE-, para apoyar la seguridad energética. Recordando que todo es a raíz del conflicto de EU con Irán.
Se explicó que hasta ahora se han liberado alrededor de 325 millones de barriles de la acción colectiva de la AIE anunciada el 11 de marzo de este año, lo que representa más del 80 por ciento de los 400 millones de barriles originalmente comprometidos en la acción.
Aunque las exportaciones de crudo desde Oriente Medio se han recuperado significativamente, se dijo, los flujos de productos refinados siguen estando muy limitados, con ataques ucranianos a refinerías rusas que agravan la situación del diésel. Esto está resultando en mercados más ajustados y precios más altos, creando riesgos económicos significativos.
Destacable que aprobaron liberar 90 millones de destilados y derivados de sus reservas, mayormente diésel, pero la cantidad es apenas una aspirina.
Entre los riesgos generados es un incremento en el nivel de precios de productos de consumo final y alimenticios, es decir mayor inflación.
Mayor inflación está llevando al límite al mercado de deuda global, medido a través de los bonos de deuda pública o corporativa.
Esta situación es especialmente delicada, pues los mercados de deuda son más grandes que las propias bolsas de valores del mundo combinadas. Es decir, se mueve mucho más dinero a través de bonos que de acciones, así de sencillo.
La economía no puede resistir por mucho tiempo que las tasas sigan subiendo, poniendo en jaque a todo el sistema crediticio, principalmente en Estados Unidos, epicentro del sistema financiero global y tierra de la moneda de reserva y uso comercial por decisión desde 1944 en Brettonwoods.
De hecho, ya se notan fisuras en segmentos como las hipotecas en EU en niveles muy caros, por ahí de los 7.38 por ciento anual en préstamos a 30 años.
Pero esto puede parecer cosa menor, si se compara con el problemón que tiene ahora mismo Japón, que típicamente ha sido la caja chica de inversionistas de Wall Street, que lleva ya dos rescates por parte de EU, al menos los conocidos públicamente.
El aumento de tasas en EU, fortalece el dólar y de ladito le pega un buen golpetazo al yen, debilitándolo y multiplicando el efecto inflacionario en su propia población.
Japón ya no halla la puerta y aunque actúa pidiéndole permiso a EU, su situación es insostenible, a menos que Trump acceda a prender la máquina de hacer dólares y les ayude a sostener su moneda.
En general es el panorama que se observa, tan solo con un factor de la ecuación, si se le suman más, es todavía más complejo.
Prender la máquina de los dólares
Una opción que se plantea ante el panorama actual es que EU eche a andar su máquina de dólares, se autorescate comprando su propia deuda y ayudando a Japón, es algo que seguramente se barajea.
Ello traería más inflación, erosionado la riqueza de la población y condenándola a pagar un impuesto oculto vía precisamente inflación.
En otras palabras, EU estaría licuando su deuda con inflación para salir al paso de la situación, no sería la primera vez.
Este potencial escenario, es tan solo una de varias opciones que tiene el gobierno de EU y sus aliados, pero no necesariamente significa que vaya a funcionar, ni que sea el único.
También están las elecciones de medio término en Norteamérica, que son en la primera semana de noviembre próximo y seguramente el gobierno de Trump estará frenando la aplicación de acciones para no verse perjudicado y vaya a perder las mayorías que tiene en ambas cámaras.
Seguramente ya pasadas las elecciones, se quiten las máscaras y veamos decisiones y acciones más duras para afrontar lo que tiene a todo el mundo en alta incertidumbre.
Si Japón se ve obligado a subir sus tasas y genera distorsión al dólar y a EU en general, la situación será peor que una simple crisis como la del 2007, y que por cuestiones de espacio es difícil enumerar.
Hoy, no hay mucho para donde hacerse, el endeudamiento de los países es tal, que cualquier decisión que tomen, generará dolor, como frío en el invierno.
“Winter is coming”, dijo Kristalina Georgieva, el pasado 24 de septiembre la directora del Fondo Monetario Internacional y no solo lo advirtió por la temporada, el comentario tiene jiribilla.