Las encuestas no están para que nos gusten ni para que confirmen nuestras intuiciones. Están para medir, con todas las limitaciones de una fotografía tomada en un momento determinado, el estado de ánimo de una sociedad. Por eso, cuando un sondeo ofrece un resultado sorprendente, la primera reacción razonable no debería consistir ni en desacreditarlo ni en convertirlo automáticamente en profecía. Hay que mirar debajo de los números. Y los que publica este domingo La Vanguardia sobre Cataluña merecen precisamente ese ejercicio.
La encuesta de Ipsos, realizada entre el 23 de septiembre y el 1 de octubre mediante 2.000 entrevistas, pronostica un auténtico terremoto. El PSC seguiría siendo el partido más votado, con el 21,7%, pero caería de 42 a 30 escaños. Aliança Catalana –la extrema derecha independentista– pasaría de los dos diputados obtenidos en 2024 a nada menos que 30, con un 17,9% de los votos. ERC subiría de 20 a 23; Vox, de 11 a 18; Junts se desplomaría de 35 a 16; el PP retrocedería de 15 a 11; los Comuns bajarían de seis a cuatro y la CUP, de cuatro a tres.
La izquierda pasa de aventajar por nueve escaños a quedar quince por detrás. Aliança Catalana explica buena parte del terremoto: saltaría de 2 a 30 diputados
El resultado permite hacer una suma particularmente llamativa. Si agrupamos a PSC, ERC, Comuns y CUP en el espacio de la izquierda, obtendríamos 60 diputados. Si situamos en el espacio conservador a Aliança Catalana, Junts, Vox y PP, serían 75. Una mayoría absoluta holgada para la derecha en un Parlament de 135 escaños.
No quiere decir, naturalmente, que esos 75 diputados puedan gobernar juntos. Probablemente ocurre todo lo contrario. Aliança Catalana y Junts defienden la independencia de Cataluña, mientras PP y Vox se sitúan en el polo opuesto del conflicto territorial. La Vanguardia habla expresamente de unas fuerzas tan incompatibles entre sí que esa mayoría aritmética difícilmente podría convertirse en mayoría política. El mismo Parlamento tendría, además, una mayoría independentista de 72 escaños sumando AC, ERC, Junts y CUP, otra combinación numéricamente posible y políticamente extraordinariamente difícil.
Pero prescindamos por un momento del eje nacional y observemos únicamente el ideológico. Ahí aparece uno de los datos más interesantes de la encuesta. En las elecciones de mayo de 2024, PSC, ERC, Comuns y CUP consiguieron 72 diputados. Junts, PP, Vox y Aliança Catalana sumaron 63. Es decir, la izquierda aventajaba a la derecha en nueve escaños. Los resultados oficiales fueron 42 diputados socialistas, 35 de Junts, 20 de ERC, 15 del PP, 11 de Vox, seis de Comuns, cuatro de la CUP y dos de Aliança Catalana.
Un vuelco propio de un terremoto
Ipsos dibuja ahora exactamente el movimiento contrario: 75 a 60 en favor del espacio conservador. Se habría pasado de +9 para la izquierda a +15 para la derecha. Son 24 escaños de desplazamiento en el equilibrio entre los dos bloques en menos de dos años y medio. Es mucho. Pero sería un error convertir ese dato en la demostración de que la encuesta no puede ser cierta.
Las democracias occidentales ofrecen ejemplos mucho más desequilibrados. En las elecciones madrileñas de 2023, el PP consiguió 70 diputados y Vox 11: 81 escaños frente a los 54 que reunieron Más Madrid y PSOE. La derecha aventajó, por tanto, en 27 diputados a la izquierda en una Cámara de las mismas dimensiones que la catalana, 135 escaños.
Andalucía ofrece un ejemplo todavía más contundente. En 2022, PP y Vox consiguieron conjuntamente 72 de los 109 escaños del Parlamento andaluz, mientras PSOE, Por Andalucía y Adelante Andalucía sumaron 37. La diferencia fue de 35 diputados. Nadie puede sostener seriamente que Madrid o Andalucía hayan dejado por ello de responder a los parámetros electorales de una democracia europea.
Por tanto, el problema del sondeo de La Vanguardia no está en que un 75-60 sea democráticamente anómalo. Esa sería una tesis demasiado fácil de desmontar. La pregunta verdaderamente interesante es cómo Cataluña podría recorrer tanta distancia política en tan poco tiempo y, sobre todo, de dónde salen esos 15 diputados de ventaja conservadora. Y aquí aparece Aliança Catalana.
La formación de Sílvia Orriols obtuvo en mayo de 2024 el 3,77% de los votos y dos diputados. Ipsos le atribuye ahora el 17,9% y 30 escaños. Es decir, en menos de dos años y medio multiplicaría por quince su representación parlamentaria y prácticamente por cinco su porcentaje electoral. No estamos ante una oscilación convencional del electorado, sino ante la aparición súbita de una nueva fuerza capaz de disputar al PSC la primera posición. La propia La Vanguardia reconoce que un resultado semejante carecería de precedentes desde la recuperación de la autonomía en 1980.
Pero tampoco esos 28 diputados adicionales de Aliança Catalana pueden interpretarse como 28 diputados que Cataluña haya desplazado mecánicamente de izquierda a derecha. Buena parte procede de la descomposición del espacio que hasta ahora ocupaba Junts. Mientras Aliança gana 28 diputados, Junts pierde 19. El PP pierde otros cuatro. El crecimiento neto del conjunto conservador es, por tanto, bastante menor de lo que sugiere contemplar aisladamente el espectacular salto de Orriols. Y aquí los porcentajes de voto proporcionan una fotografía más precisa que los escaños. En 2024, PSC, ERC, Comuns y CUP reunieron aproximadamente el 51,5% de los votos, mientras Junts, PP, Vox y Aliança Catalana sumaron alrededor del 44,3%. Había unos siete puntos de diferencia.
En la encuesta de Ipsos, las cuatro fuerzas de izquierda suman aproximadamente un 44,3%, mientras las cuatro clasificadas como conservadoras alcanzan alrededor del 50,4%. La diferencia no es de 15 puntos, sino de poco más de seis. Lo que habría ocurrido es un desplazamiento agregado de unos 13 puntos entre la ventaja de un bloque y la del otro. Es un cambio muy importante, pero no inconcebible.
Algunas pistas
Más relevante resulta preguntarse por qué se estaría produciendo. Y la propia encuesta ofrece algunas pistas. La vivienda aparece como principal preocupación de los catalanes, mientras la inmigración ocupa también una posición destacada. Al mismo tiempo, solo el 18% considera que el Govern está cumpliendo sus promesas sobre construcción de vivienda protegida. Un 24% de los encuestados dice que sus ingresos son insuficientes y tiene dificultades para salir adelante, y otro 7% los considera totalmente insuficientes.
Cataluña ha cambiado también sociológicamente. El viejo conflicto que monopolizó su política durante el procés ha perdido centralidad. Según datos recogidos por El País, las relaciones entre Cataluña y España, que en 2017 eran consideradas el principal problema por el 48,9% de los ciudadanos, preocupan ahora apenas al 2%. Vivienda, inmigración e inseguridad han ocupado aquel espacio. Ese cambio ayuda a entender algo que quizá sea más importante que la división convencional entre izquierda y derecha: Cataluña puede estar cambiando de eje político. Durante una década, buena parte del voto se ordenó alrededor de la independencia. Ahora vuelve a organizarse también alrededor de cuestiones sociales, económicas, migratorias y de seguridad. Y cuando cambia la pregunta que preocupa al elector, puede cambiar rápidamente su respuesta electoral.
¿Significa eso que debamos aceptar sin reservas que Aliança Catalana vaya a conseguir 30 diputados? Una encuesta sigue siendo una encuesta y las elecciones autonómicas, salvo adelanto, no tienen que celebrarse hasta 2028. El trabajo de campo terminó además el 1 de octubre, antes de algunos acontecimientos políticos posteriores. El propio periódico presenta el sondeo como una fotografía del momento, no como una predicción del resultado de las próximas elecciones.
Hay, finalmente, una paradoja que aconseja todavía más prudencia ante las etiquetas. La misma encuesta que otorga 75 diputados a fuerzas consideradas conservadoras encuentra que solamente uno de cada diez catalanes apuesta por dejar actuar al mercado para solucionar la crisis de la vivienda. El 45% quiere regular precios y otro 38% reclama más vivienda pública y ayudas. Incluso entre los votantes de Aliança Catalana, un 47% se inclina por regular los precios.
Cataluña puede estar girando a la derecha, más bien a la extrema derecha independentista. Lo que no sabemos todavía es si lo está haciendo con la intensidad que dibuja Ipsos, si estamos ante un movimiento duradero o ante una fotografía especialmente extrema de un momento de descontento.
El 75-60 no es imposible ni impropio de una democracia occidental. Madrid y Andalucía demuestran lo contrario. Lo excepcional está en otro sitio: pasar del 72-63 al 60-75 en apenas dos años y medio y hacerlo mediante la irrupción de un partido que saltaría de dos a 30 diputados. Ese es el verdadero terremoto que plantea la encuesta de La Vanguardia. Y, precisamente porque sería histórico, merece ser observado con atención antes de confundir una fotografía con un cambio definitivo de época. @mundiario