El cierre de campaña del PSOE andaluz en Sevilla ha reflejado con claridad el momento político que atraviesa el socialismo en Andalucía, una mezcla de resistencia, apelación emocional al pasado y búsqueda desesperada de movilización ante unas encuestas que amenazan con consolidar un nuevo mínimo histórico para la formación.
La candidata socialista, la exvicepresidenta primera María Jesús Montero, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, centraron sus últimos mensajes en activar a un electorado progresista desmovilizado y especialmente a aquellos votantes socialistas que respaldaron al PSOE en las elecciones generales, pero que en anteriores autonómicas optaron por la abstención o por otras fuerzas de izquierda. Ferraz necesita recuperar parte de su antiguo suelo electoral para evitar una nueva derrota que profundice todavía más la crisis del socialismo andaluz.
El mitin de cierre evidenció también un intento deliberado de reconectar con la identidad histórica del PSOE en Andalucía. La presencia de símbolos andaluces, la utilización del himno autonómico y la constante reivindicación de los servicios públicos buscaron activar la memoria política de una comunidad donde el socialismo gobernó durante décadas. "Menudo cambio que le hemos dado a este país", ha defendido el presidente del Gobierno que, además, ha incidido que con un cambio en San Telmo “podemos avanzas más y más rápido”.
La campaña ha girado especialmente en torno a la defensa de la sanidad pública, convertida en el principal eje estratégico de Montero frente al Gobierno autonómico de Juanma Moreno. El lema “Vota sanidad pública” resume la apuesta socialista por convertir el desgaste sanitario en un posible voto de castigo contra el PP.
Andalucía tiene un freno y se llama PP y Vox. Pero sí tiene una única solución: @mjmonteroc.
— PSOE de Andalucía (@psoedeandalucia) May 15, 2026
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Sin embargo, el problema para el PSOE no parece residir únicamente en el discurso, sino en la capacidad de movilización. Buena parte de los dirigentes socialistas reconocen internamente que el gran desafío sigue siendo recuperar a cientos de miles de votantes progresistas que se alejaron del partido en las autonómicas anteriores. La apelación de Sánchez a la “coherencia” del voto de izquierdas revela precisamente esa preocupación. El presidente intenta convencer a quienes apoyan al PSOE en clave nacional de que mantengan esa misma lógica en Andalucía. “Somos la mayoría y si votamos, ganamos”, ha dicho ante más de 3.000 simpatizantes.
Una campaña orientada al control de daños
A medida que avanzaba la campaña, el objetivo socialista parece haber cambiado progresivamente. Inicialmente planteada la meta de erosionar la mayoría absoluta del PP, en San Vicente ahora piensan en clave de contención de daños. En sectores del partido ya se considera prioritario evitar un resultado peor que el obtenido en 2022, cuando el PSOE del exalcalde de Sevilla Juan Espadas tocó uno de los puntos más bajos de su historia electoral andaluza. Mantener el nivel de representación parlamentaria de aquellos comicios, unos 30 escaños, comienza a verse internamente casi como un éxito defensivo.
Esa sensación explica el tono de los últimos días de campaña, que ha sido más emocional, más movilizador y menos orientado a transmitir expectativas de victoria. La campaña ha confirmado además hasta qué punto la figura de Sánchez sigue siendo el principal recurso electoral del PSOE andaluz. El presidente del Gobierno ha participado activamente en numerosos actos, convirtiéndose prácticamente en el gran referente de la campaña junto al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero.
El fenómeno refleja una realidad compleja para el socialismo andaluz. El partido continúa dependiendo en gran medida del liderazgo nacional para sostener su estructura electoral en la comunidad que, otrora, era su feudo. Al mismo tiempo, esa dependencia también genera contradicciones. Montero ha tenido dificultades para desprenderse de su perfil estrictamente gubernamental y construir una imagen claramente autonómica. Durante buena parte de la campaña ha pesado sobre ella su identificación con el “sanchismo”.
El desafío del abstencionismo progresista
La campaña socialista tampoco ha logrado escapar de varias polémicas que han condicionado el debate público durante las últimas semanas. Algunas declaraciones de Montero, determinadas estrategias de comunicación y el patinazo de calificar como “accidente laboral” a la muerte de dos agentes de la Guardia Civil en una persecución con una narcolancha en Huelva alimentaron el desgaste de la candidatura.
El contexto político general tampoco ha favorecido al PSOE andaluz. El partido sigue intentando reconstruirse tras la pérdida de la Junta y tras años de fragmentación interna, cambios de liderazgo y dificultades para redefinir su proyecto político en Andalucía.
A la juventud andaluz: que nadie decida por vosotras y vosotros. Coged la papeleta del @PSOE y apostad por vuestra educación pública y por una vivienda pública digna a precios asequibles.
— PSOE de Andalucía (@psoedeandalucia) May 15, 2026
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A ello se suma la fortaleza institucional y electoral que conserva actualmente el PP andaluz bajo el liderazgo de Moreno, cuya imagen moderada y de estabilidad continúa siendo uno de los principales obstáculos para el PSOE. El principal temor socialista continúa siendo la abstención. Buena parte de la estrategia final de campaña se ha dirigido específicamente a votantes progresistas desencantados o desmovilizados.
El problema para el PSOE es que las señales que percibe internamente son contradictorias. Algunos dirigentes aseguran detectar el malestar con la situación sanitaria, mientras los sondeos siguen reflejando dificultades muy serias para revertir la tendencia electoral. Ese contraste entre percepción militante y expectativa demoscópica explica el clima de incertidumbre que atraviesa al socialismo andaluz en las horas previas a las elecciones. @mundiario