La izquierda situada a la izquierda del PSOE ha decidido dejar de esperar. El calendario político español vuelve a adquirir velocidad y Sumar ha entendido que no puede permitirse otra vez llegar a unas elecciones generales con la candidatura, la estructura y el liderazgo sin cerrar. Movimiento Sumar, Izquierda Unida, Más Madrid y los comunes han acordado presentar el próximo 17 de octubre el Frente Amplio, la nueva marca con la que pretenden reorganizar este espacio político y competir en unas futuras elecciones generales.
La decisión llega en un momento particularmente delicado para el Gobierno de coalición. La posibilidad de un adelanto electoral no está confirmada, porque la convocatoria corresponde exclusivamente al presidente del Gobierno, pero el simple hecho de que haya entrado en el debate político ha obligado a acelerar los tiempos. El mensaje que transmite Sumar es claro: si Pedro Sánchez decide convocar elecciones, la izquierda alternativa al PSOE quiere estar preparada.
La reunión telemática celebrada este domingo reunió a los cinco ministros vinculados al espacio —Yolanda Díaz, Pablo Bustinduy, Mónica García, Sira Rego y Ernest Urtasun— junto con representantes de las organizaciones que participan en la refundación. Este lunes está prevista una segunda reunión, de carácter más amplio, con otras formaciones que forman parte de la alianza parlamentaria o electoral, entre ellas Compromís, Chunta Aragonesista, Més y Equo.
El objetivo ya no es únicamente cambiar un nombre. Frente Amplio pretende ser una reconstrucción política después de los problemas internos que han acompañado a Sumar desde su nacimiento.
Sin embargo, la primera incógnita que tendrá que despejar el acto del 17 de octubre es también la más importante: quién encabezará la candidatura, especialmente después de que Yolanda Díaz anunciara que no será candidata en las próximas elecciones generales. Su salida obliga a encontrar una figura capaz de ejercer un liderazgo que no dependa exclusivamente de la vicepresidenta y que, al mismo tiempo, pueda mantener cohesionadas a organizaciones con intereses y culturas políticas diferentes.
En las quinielas han aparecido nombres como Mónica García, Ada Colau, Pablo Bustinduy y Ernest Urtasun, aunque ninguno puede darse por confirmado. García ha ganado peso en las especulaciones internas, pero ha señalado que su horizonte está relacionado con las elecciones madrileñas de 2027. Bustinduy figura entre los perfiles mejor considerados, aunque ha rechazado públicamente la posibilidad de asumir ese papel. Urtasun también ha negado que vaya a encabezar el proyecto.
Esto explica buena parte de los retrasos anteriores. Construir una coalición electoral es complicado; encontrar además una persona capaz de representar a varias formaciones sin generar nuevas fracturas lo es todavía más.
El 17 de octubre, por tanto, no será simplemente una presentación política. Será una prueba de credibilidad. El Frente Amplio necesita demostrar que ha resuelto el problema que más debilitó a Sumar: la falta de una estructura política suficientemente cohesionada alrededor de un liderazgo claro.
La vivienda como eje para recuperar iniciativa
El otro elemento que parece definido es el contenido de la nueva estrategia, en la que Frente Amplio busca colocar la vivienda en el centro de su discurso. Esta apuesta no resulta casual, ya que las movilizaciones celebradas recientemente en distintas ciudades españolas han convertido el acceso a una vivienda asequible en uno de los principales conflictos sociales y políticos del momento. A este escenario se suma el revés sufrido por el Gobierno en el Congreso con los decretos vinculados a esta materia, después de que el PP, Vox y Junts votaran en contra.
Frente Amplio interpreta esas movilizaciones como una señal política y ha resumido su posición con una frase que probablemente se convertirá en uno de sus principales lemas: “No hay legislatura sin vivienda”. Por un lado, permite diferenciarse del PSOE dentro del Gobierno de coalición. Por otro, ofrece a Sumar la posibilidad de recuperar un perfil propio en una cuestión que afecta directamente a jóvenes, familias con alquileres elevados y personas con dificultades para acceder a una vivienda.
La vivienda puede convertirse así en el instrumento utilizado por Frente Amplio para justificar su existencia política: no solamente como una coalición electoral, sino como el espacio que pretende empujar al Gobierno hacia políticas más ambiciosas en materia de alquiler, desahucios, parque público y regulación del mercado.
El verdadero desafío: llegar unidos a las urnas
Aquí aparece una de las grandes incógnitas. Podemos no está dentro del acuerdo inicial anunciado por Movimiento Sumar, IU, Más Madrid y los comunes.
La cuestión resulta especialmente relevante porque la fragmentación de la izquierda alternativa ha sido uno de los problemas electorales más evidentes de los últimos años. En 2023, Sumar y Podemos concurrieron juntos a las elecciones generales, pero la relación se deterioró posteriormente hasta la salida de los diputados de Podemos del grupo parlamentario de Sumar.
Ahora Irene Montero ha planteado su disposición a competir por la Presidencia del Gobierno si cuenta con el respaldo de su organización. Por tanto, cualquier proyecto que pretenda presentarse como un gran frente unitario de la izquierda deberá afrontar necesariamente esa realidad.
La incorporación de Podemos no está garantizada, como tampoco lo está una candidatura conjunta con todas las fuerzas territoriales. Compromís, por ejemplo, participa en el entorno parlamentario y está convocado a las conversaciones, mientras que otras fuerzas como ERC, BNG o EH Bildu pertenecen a espacios políticos con autonomía propia y con intereses electorales territoriales muy definidos.
Hablar, por tanto, de un Frente Amplio que agrupe a toda la izquierda alternativa al PSOE sería todavía prematuro, ya que lo que existe es una primera alianza que pretende crecer y consolidarse. De hecho, la experiencia reciente demuestra que el principal reto de este espacio no es necesariamente la falta de electores, sino su capacidad para transformar ese potencial electoral en una estructura política estable.
Sumar necesita evitar que su proceso de refundación se convierta en una nueva negociación interminable entre partidos, ya que cada semana de incertidumbre sobre el candidato, las alianzas o las listas reduce el margen para construir un proyecto reconocible. Por eso, la fecha del 17 de octubre adquiere tanta importancia: el nuevo Frente Amplio necesita salir de ese acto con algo más que un nombre; requiere un candidato, un discurso claro, estructura organizativa y una estrategia electoral perfectamente definida.
También deberá decidir qué relación mantiene con el PSOE. Sumar reivindica haber sido el “motor del Gobierno” durante la legislatura y se presenta como actor imprescindible para “revalidar un gobierno progresista durante otros cuatro años”. Pero precisamente porque forma parte del Ejecutivo necesita explicar qué diferencia al Frente Amplio de los socialistas.
Ahí estará una de sus principales dificultades. Ser socio de Gobierno proporciona capacidad institucional, pero también obliga a asumir parte de sus decisiones y sus costes políticos. El nuevo proyecto tendrá que encontrar el equilibrio entre garantizar la continuidad del Ejecutivo progresista y marcar distancias suficientes para conservar una identidad electoral propia.
El Frente Amplio nace, en definitiva, bajo una presión que Sumar no tuvo cuando comenzó su trayectoria: el tiempo.
Si finalmente no hay elecciones anticipadas, la nueva organización dispondrá de más margen para consolidarse. Si Pedro Sánchez decide adelantar los comicios, el 17 de octubre puede convertirse en el punto de partida de una campaña electoral prácticamente inmediata.
Por eso la coalición insiste en que está preparada para cualquier escenario. No puede convocar elecciones ni conoce todavía la decisión de Moncloa, pero sí puede intentar resolver sus propios problemas antes de que el presidente tome la decisión. @mundiario