En el contexto del nearshoring y la aceleración industrial del país, México está impulsando mecanismos más eficientes de producción. Sin embargo, incluso con mayor eficiencia, el crecimiento industrial generará volúmenes crecientes de residuos y subproductos. La verdadera pregunta estratégica no es cómo reducirlos únicamente, sino cómo convertirlos en valor.
Más allá de la eficiencia operativa, México necesita políticas y acciones que permitan revalorizar residuos y transformarlos en insumos productivos para mitigar impactos ambientales y fortalecer cadenas regionales de suministro. La circularidad debe entenderse como infraestructura industrial: plantas de valorización, centros de acopio, trazabilidad y mercados para materias primas secundarias.
Se estima que a nivel nacional se generan alrededor de 139 mil toneladas de residuos al día, un promedio de más de 39 millones de toneladas al año; de los cuáles sólo se procesa y reintegra aproximadamente el 2.2 por ciento. Esta brecha revela la escala de la oportunidad: convertir flujos residuales en materias primas regionales que reduzcan dependencia de insumos extrarregionales.
Las empresas que en años recientes han buscado relocalizar operaciones en México enfrentan tres presiones simultáneas: costos crecientes de materias primas, exigencias de contenido regional bajo el T-MEC, que para algunos sectores alcanza el 75% y compromisos globales de descarbonización.
La respuesta a las tres está en el mismo lugar: aprovechar los residuos como recursos e insumos estratégicos.
En un mundo donde las cadenas de suministro se están reconfigurando, la circularidad se convierte en una ventaja estratégica para atraer inversión. Las empresas que llegan a México buscan más que mano de obra o cercanía geográfica; buscan ecosistemas industriales completos, capaces de recuperar materiales, transformarlos en nuevos insumos, reintegrarlos a procesos productivos, reduciendo así su huella ambiental y cumplir estándares globales de sostenibilidad.
La Ley General de Economía Circular define el marco estratégico mediante el cual se sientan las bases para la circularidad en México, el siguiente paso está en la acción de gobiernos, iniciativa privada y comunidades para materializar esta intención.
Si México quiere consolidarse como el socio estratégico de Norteamérica y el mundo, debe impulsar un modelo donde se cuente con infraestructura tecnológica para transformar los residuos en recursos; se promuevan los procesos industriales circulares y existan cadenas de suministro más sustentables y resilientes a los cambios del mercado.
La circularidad es mucho más que un tema ambiental. Es un tema de competitividad, resiliencia y desarrollo económico sostenible; pero, sobre todo, es la decisión de diseñar un país donde cada recurso se aprovecha, cada industria se fortalece y cada región tiene la oportunidad de prosperar.
*Inversionista mexicano americano, presidente del consejo de administración y CEO de Legand. Forma parte del Comité PyME del T-MEC y es consejero ciudadano del Instituto Municipal del Bienestar Animal (IMBA) en Nuevo León.