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Publimetro 18 May, 2026 03:00

México: donde el exilio español encontró esperanza

La relación entre México y España tiene diferentes facetas. No se explica sólo desde los desencuentros diplomáticos ni desde las fricciones políticas del momento. Hay algo más hondo: memorias compartidas, solidaridad en tiempos muy difíciles, y personas concretas que encontraron aquí la posibilidad de seguir viviendo con dignidad cuando en su propio país eso ya no era posible.

Hace unos días estuve con integrantes del Ateneo Español de México y escuché de nueva cuenta esas historias. El Ateneo fue fundado en 1949 para preservar la tradición liberal y humanista de la República Española, que Franco destruyó. La Guerra Civil no solo dejó muertos: dejó a miles de personas perseguidas únicamente por pensar distinto, por defender la democracia o simplemente por negarse a aceptar autoritarismo como destino.

Lázaro Cárdenas decidió recibirlos. Eso, visto en perspectiva, sigue siendo un acto extraordinario. Mientras el mundo miraba para otro lado, México les abrió la puerta. Llegaron cerca de 25 mil republicanos españoles. Y antes que ellos, en 1937, habían llegado 456 niñas y niños, hijos de combatientes, muchos ya huérfanos de guerra. Los Niños de Morelia. México los recibió, los crio y terminó siendo también su patria.

Con ese exilio vinieron mentes que cambiaron algo en nosotros: José Gaos, María Zambrano, Adolfo Sánchez Vázquez, León Felipe, Luis Cernuda, Luis Buñuel. No solo encontraron refugio. Aportaron, construyeron, enseñaron. México les dio casa y ellos nos devolvieron algo que no tiene precio.

Todo eso hace más difícil de entender lo que ocurrió hace unos días con la visita de Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid y representante de la derecha conservadora. Vino en un tono provocador, reivindicando a Hernán Cortés y cuestionando incluso cómo escribimos el nombre de nuestro propio país. Eso ya es suficientemente llamativo. Pero lo que más sorprende es la reacción de ciertos políticos mexicanos de oposición. La primera en recibirla fue la alcaldesa de Cuauhtémoc, y después vinieron gobernadores panistas y dirigentes que parecían genuinamente emocionados, entregando medallas y homenajes con un entusiasmo difícil de explicar.

Y hay algo que resulta casi irónico: algunos de estos personajes parecen más apasionados por reivindicar a Hernán Cortés que buena parte de la propia derecha española. Como si el orgullo por la Conquista fuera hoy, curiosamente, más intenso en ciertos círculos mexicanos de la derecha moralmente derrotada, que en los ibéricos.

Para millones de mexicanos, Cortés no es una figura incómoda que hay que “resignificar”. Es el inicio de algo violento: la destrucción de civilizaciones enteras, el sometimiento de pueblos, siglos de desigualdad construidos desde la imposición. Por eso resulta difícil entender cómo desde México puede haber quienes aplaudan discursos que reivindican justamente esa figura.

Una cosa es tener una relación respetuosa con España, que vale la pena tener y cuidar. Otra es aplaudir a quien viene a insultarnos como si eso fuera sofisticación política.

La verdadera relación entre México y España no está construida sobre conquistadores ni nostalgias imperiales. Está construida sobre el exilio republicano, sobre la mano tendida cuando más se necesitaba, sobre quienes huyeron de una dictadura y encontraron aquí libertad y dignidad. Lo que une a México con la mejor tradición española es exactamente eso: la defensa de la democracia, la cultura y los derechos humanos.

Nos seguiremos viendo.

César Cravioto es Secretario de Gobierno de la CDMX

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