HUB
Publicidad Responsiva - Banner Superior
Radar Inteligente
Mundiario 18 May, 2026 11:05

Montero se queda en Andalucía como “jefa de la oposición”, pero no asegura si estará los cuatro años

La noche electoral del 17 de mayo dejó una imagen inédita para el socialismo andaluz: un PSOE resignado a administrar la peor derrota de su historia en la comunidad que durante casi cuatro décadas fue su principal bastión político e institucional. Con apenas 28 escaños y un 22,71% de los votos, María Jesús Montero no solo no logró revertir la decadencia electoral iniciada hace años, sino que profundizó aún más la caída del partido.

Sin embargo, pocas horas después del golpe, la secretaria general del PSOE-A despejó una de las principales incógnitas sobre su futuro político: seguirá en Andalucía y asumirá el papel de líder de la oposición.

“Yo dejaré el escaño como comprometí desde el primer día y pasaré a ejercer como la jefa de la oposición”, afirmó Montero en una entrevista en la Cadena SER, en una declaración que buscaba transmitir estabilidad interna tras una campaña diseñada desde Ferraz y presentada como el gran intento de reconquista socialista de Andalucía.

La decisión no es menor. María Jesús Montero había abandonado el Gobierno central y renunciado a la vicepresidencia primera para centrarse en la batalla andaluza. Su candidatura se presentó como una operación de alto voltaje político impuesta directamente por Pedro Sánchez para frenar el deterioro del PSOE-A, cerrar las guerras internas y recuperar parte del terreno perdido frente a Juanma Moreno. Nada de eso ocurrió.

El PSOE consiguió más votos que en 2022 gracias al incremento de la participación, pero perdió dos escaños y cayó en porcentaje electoral. La formación encadena ya cinco derrotas consecutivas y consolida una tendencia descendente que ha transformado completamente el mapa político de la comunidad. El partido que llegó a gobernar durante 37 años seguidos aparece ahora atrapado en una larga travesía del desierto.

Montero compareció tras los resultados con un tono contenido y asumió públicamente el fracaso. “No son unos buenos resultados”, reconoció. Aun así, intentó proyectar continuidad política y responsabilidad institucional: “Aceptamos el veredicto de las urnas, haremos una oposición seria y responsable. Somos la única alternativa a la derecha”.

La gran incógnita ahora no es solo cuánto tiempo permanecerá Montero al frente del PSOE andaluz, sino si realmente podrá liderar un proceso de reconstrucción política profundo. La propia dirigente dejó abierta la puerta a cualquier escenario futuro. “Voy minuto a minuto, partido a partido”, señaló utilizando un símil futbolístico cuando se le preguntó si será la candidata dentro de cuatro años. Más adelante insistió: “No me atrevería a trasladar ahora lo que ocurrirá dentro de cuatro años”.

Esa ambigüedad refleja la complejidad del momento interno que atraviesa el PSOE andaluz. Aunque Ferraz ha cerrado filas públicamente con Montero y no prevé movimientos inmediatos, el resultado ha reactivado muchas dudas sobre la capacidad del partido para reconectar con un electorado progresista que lleva años alejándose de las autonómicas andaluzas.

La propia Montero reconoció parte de ese problema estructural: “El PSOE en Andalucía no se ha adaptado todavía a esos elementos profundos de política del siglo XXI”. También admitió errores de estrategia y dificultades para conectar con nuevos sectores sociales, especialmente entre los jóvenes y los votantes menos vinculados a las estructuras tradicionales del partido. “Debemos saber dónde estar”, afirmó en referencia al peso creciente de las redes sociales y las nuevas formas de comunicación política.

Uno de los elementos que más preocupa en el PSOE es precisamente esa desconexión entre el comportamiento electoral de la izquierda en las generales y en las autonómicas. Montero insistió varias veces que “hay muchas personas que en las generales vota a la izquierda y en las autonómicas no”.

La campaña tampoco consiguió convertir la sanidad pública y los servicios sociales en el eje movilizador que esperaba el PSOE. Durante semanas, Montero trató de plantear las elecciones como un “referéndum por la sanidad”, denunciando el supuesto deterioro de los servicios públicos bajo el Gobierno de Moreno. Sin embargo, el mensaje no alteró la hegemonía política del PP ni frenó la fuga de apoyos progresistas hacia otras opciones o hacia la abstención.

 

? ¿Será @mjmonteroc la candidata en las próximas #eleccionesAndalucia en 4 años?

?? "Muy largo. Voy partido a partido y estoy en reforzar al PSOE con todo lo que le puedo aportar"

"Estaré siempre a disposición del PSOE. Si consideran que soy la persona más adecuada, encantada" pic.twitter.com/Rn4xtWSKds

— Hoy por Hoy (@HoyPorHoy) May 18, 2026

En paralelo, el auge de Adelante Andalucía añadió otra capa de complejidad al escenario de la izquierda. La formación liderada por José Ignacio García pasó de dos a ocho escaños y capitalizó buena parte del voto desencantado con el PSOE y con la izquierda estatal. Ese crecimiento convirtió el Parlamento andaluz en un espacio mucho más fragmentado y restó todavía más margen a los socialistas para presentarse como referencia única de la oposición.

Pese a todo, Montero intenta convertir ahora el Parlamento andaluz en el centro de su reconstrucción política. Su papel como jefa de la oposición le permitirá mantener visibilidad institucional, marcar perfil propio frente a Juanma Moreno y reorganizar un partido que sigue muy debilitado territorialmente. Pero también supone un reto personal inédito: será la primera vez en más de dos décadas que desempeñe un papel plenamente opositor tras haber ocupado responsabilidades ejecutivas tanto en la Junta como en el Gobierno central.

La presión no será únicamente andaluza. El resultado del 17-M también tiene consecuencias nacionales para Pedro Sánchez. Andalucía era una prueba clave para medir la resistencia del PSOE en uno de sus territorios simbólicos y para comprobar si la estrategia de reforzar las federaciones con dirigentes de máxima confianza podía funcionar electoralmente. La derrota ha vuelto a abrir el debate interno sobre el desgaste territorial del partido y sobre la dificultad para contener el avance del PP en comunidades históricamente socialistas.

Mientras tanto, el tablero político andaluz sigue abierto. Juanma Moreno ganó claramente las elecciones, pero perdió la mayoría absoluta y dependerá de Vox para mantenerse en San Telmo. Ese nuevo equilibrio parlamentario dará al PSOE un papel relevante en la legislatura, aunque desde una posición muy distinta a la que ocupó durante décadas.

Montero insiste en que seguirá trabajando “para ganar las próximas elecciones” y asegura que está dispuesta a aportar “experiencia, visión de la política y también aprendizaje”. Sin embargo, tras el peor resultado histórico del socialismo andaluz, la pregunta ya no es solo quién liderará la oposición, sino si el PSOE aún conserva capacidad real para reconstruir su antigua centralidad política en Andalucía. @mundiario

Contenido Patrocinado