"Estar preocupado es ser inteligente, aunque de modo pasivo. Sólo los tontos carecen de preocupaciones".
Atribuido a Johann Wolfgang von Goethe
Ciudad de México.- La presidenta Sheinbaum ha tratado de restar relevancia a las acusaciones en Estados Unidos a los 10 de Sinaloa acusados de narcotráfico y terrorismo. No hay "ningún riesgo", dijo ayer, ante las decisiones del exsecretario de seguridad y del exsecretario de finanzas de Sinaloa de entregarse a las autoridades estadounidenses. Sobre la posibilidad de que su partido, Morena, sea declarado una organización terrorista por sus vínculos con el narcotráfico, respondió de igual suerte: "Ningún riesgo". Ante la decisión de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) de congelar las cuentas bancarias del gobernador Rubén Rocha Moya, tres de sus hijos y otros nueve exfuncionarios sinaloenses, aclaró: "Estas medidas no constituyen una determinación definitiva ni implican la acreditación de responsabilidad alguna, sino acciones preventivas de carácter administrativo".
No hay ningún riesgo, como vemos, ninguna preocupación. Apenas la semana pasada la presidenta Sheinbaum habló con el primer mandatario de Estados Unidos y todo salió a pedir de boca. "Tuve una cordial y excelente conversación con el presidente Trump -explicó el 15 de mayo--. Reafirmamos el trabajo que estamos haciendo en seguridad y las pláticas sobre comercio. Acordamos hablar nuevamente y continuar el diálogo con algunos de sus colaboradores que, en fecha próxima, visitarán nuestro país". Así es, las cosas van tan bien que la presidenta sostendrá reuniones personales con Markwayne Mullin, titular del Departamento de Seguridad Nacional; Sara Carter, de la Oficina Nacional de Política de Control de Drogas; y Jamieson Greer, representante comercial de Estados Unidos.
Las reiteradas declaraciones de Trump en el sentido de que México es un país gobernado por el narco son simples chascarrillos o solo tienen propósitos electorales. No son señal de alguna verdadera diferencia. Las llamadas entre ambos resultan siempre cordiales y revelan la magnífica relación entre ellos. A eso hay que prestar atención, no a las declaraciones políticas.
A Trump, por supuesto, no le importa que un fiscal de su Departamento de Justicia haya presentado acusaciones contra el gobernador con licencia Rubén Rocha Moya y otros nueve miembros de la élite del poder de Sinaloa. Tampoco que un gran jurado, un panel de ciudadanos que tiene la tarea de revisar las pruebas, haya decidido avalarlas. Trump ha dicho que la presidenta mexicana tiene una voz muy bonita y por ello, cuando ella le dice que no hay pruebas contundentes, él lo acepta sin chistar. Las acusaciones son producto de las maniobras de unos fiscales malvados, como esos que procesaron a Genaro García Luna y lograron que un jurado lo declara culpable sin más pruebas que los testimonios de unos criminales convertidos en testigos protegidos. Sin embargo, Trump entiende que esos testigos rinden testimonios sinceros contra un criminal como García Luna, pero no contra un gobernador bueno y amigo del mejor presidente de la historia de México, Andrés Manuel López Obrador.
No hay nada de qué preocuparse. El presidente Trump sabe que nosotros en la 4T siempre actuamos con el beneficio del pueblo en el corazón. Lo hemos afirmado con claridad: "Nadie, ninguna persona que no sea honesta, que no sea honrada, puede esconderse bajo el halo de la transformación del pueblo de México. Este es un movimiento honesto, honrado, que le cumple al pueblo. Como decimos, nosotros no mentimos, no robamos y nunca vamos a traicionar al pueblo de México".
Ayuda a Cuba
Un buque de ayuda humanitaria del gobierno de México llegó ayer a Cuba, sin aclarar cuánto costó a los contribuyentes mexicanos. Al mismo tiempo Estados Unidos anunció nuevas sanciones contra funcionarios de la cúpula militar y de inteligencia de Cuba. Supongo que es una forma en que México se acerca a Washington.
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