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Radar Inteligente
Mundiario 19 May, 2026 06:05

Un presunto inocente pata negra

Lo primero que le viene a uno a la cabeza, nada más recibir la noticia de que José Luis Rodríguez Zapatero se va a sentar ante un juez, es que ¡bendito sea un sistema que le da a cualquier ciudadano, de cualquier condición, estrato social, rango institucional, creencia, ideología, patrimonio, defenderse de objetivas o subjetivas sospechas de naturaleza policial, mediática y con efectos rebote en la ciudadanía!

¡Enhorabuena, pues, señor ZP, por liberarse del banquillo de la opinión publicada y la opinión pública y acceder al refugio seguro del banquillo que rige esa Dama, con los ojos vendados, a la que llamamos Justicia!

Lo segundo, en cambio, que le revuelve a uno un poco el estómago, es esa predominante obsesión semántica de escoger entre dos palabras, imputado (a pesar de que habíamos acordado almacenarla en el trastero) e investigado (a pesar de que la habíamos rescatado de la RAE como paradigma de limpieza, lustre y esplendor de la democracia), la primera de ellas, oye, más cruel, menos civilizada, más efectiva como arma arrojadiza en esa guerra civil en campos de batalla sobre papel periódico, por el ciberespacio, en mesas de tertulia o en hemiciclos parlamentarios.

El ZP que ayer salió de un triángulo de las Bermudas y empezó a navegar por el mar de los sargazos de la rabiosa actualidad, es un presunto inocente, naturalmente, en las mismas condiciones que cualquier ciudadano que haya llamado la atención de la UCO, de la UDEF, de cualquiera de esos cuerpos policiales que buscan y rebuscan la verdad, a ser posible toda la verdad y con garantías de absoluta neutralidad, en lo que se refiere a que sea nada más que la verdad, claro, por muchos Pujoles que intenten o hayan intentado desnaturalizarlas entre interrogaciones: ¿Qué es eso de la UDEF?.

Lo que pasa es que Zapatero no es un presunto inocente cualquiera, oye, sino un pata negra, aprovechando la coincidencia de que presunto, en el idioma de nuestros hermanos portugueses, significa curiosamente jamón. Es que es un expresidente, ¡coño!, el capitán de un barco, con aforo para casi 50 millones de pasajeros durante una larga travesía de dos legislaturas que, de repente, expande la duda razonable, aunque aún no razonada, de en qué manos y con qué tipo de tripulación hemos surcado las aguas de la historia entre 2004 y 2011.

No importa si llevó bien o mal el timón en el puente de mando de La Moncloa, oye: otros les antecedieron y sucedieron que tampoco alcanzaron precisamente cum laude en esa materia. Ahora, lo que importa es cómo ha llevado, cómo ha estado llevando su statu quo actual, sus privilegios pecuniarios, sus derechos adquiridos post-presidenciales, el honor, ¡qué inmenso honor!, de haber prometido, en una ocasión, cumplir y hacer cumplir la Constitución durante dos legislaturas. O esas actividades que ha desarrollado tras ser des-investido como Presidente, ya sabes: erigirse en un Moisés anunciado a una parte de su pueblo llevarle a la tierra prometida, divulgar milagros sociales de los panes y los peces y, sobre todo, transmitir la idea de una escrupulosa relación con la ley, en el nombre de la ley que protege, obliga a cumplirla y deja caer todo su peso sobre cualquier persona, sea príncipe o mendigo, rico o vulnerable, poderoso o insignificante, si llega a cruzar la línea roja que separa la legítima presunción de inocencia de la irreversible condición de culpabilidad.

Zapatero, Zapatero: ojalá el imperio de la ley nos demuestre que solo ha hecho usted, tras desalojar La Moncloa, lo que se le exige al gremio de profesionales a los que se denomina con su mismo apellido: ¡zapatero a tus zapatos…! @mundiario

 

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