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El Imparcial 19 May, 2026 20:28

Un guardia de seguridad murió en la entrada de la mezquita de San Diego interponiendo su cuerpo entre dos adolescentes armados y los 140 niños que había dentro, mientras el FBI encontró más de 30 armas y un manifiesto de odio en sus casas

Poco antes del mediodía del lunes 18 de mayo de 2026, dos adolescentes llegaron armados al Centro Islámico de San Diego, ubicado en el barrio de Clairemont, la mezquita más grande del condado de San Diego en California.

Los agresores identificados como Cain Clark, de 17 años, y Caleb Vázquez, de 18, abrieron fuego en el exterior del complejo religioso. Alrededor de las 11:43 de la mañana comenzaron los disparos.

Según reportó El País con base en declaraciones del jefe de la Policía de San Diego, Scott Wahl, y del FBI, los atacantes se enfrentaron primero con el guardia de seguridad en la entrada, ingresaron al recinto y buscaron personas en distintos cuartos. Poco después salieron al estacionamiento, donde dispararon contra dos transeúntes. Al escuchar las sirenas de las patrullas, huyeron en su vehículo. Minutos después fueron encontrados muertos dentro de ese automóvil, estacionado a pocas calles del lugar, por heridas de bala autoinfligidas.

¿Quiénes murieron y quién salvó a los niños?

Las tres víctimas civiles fueron identificadas como Amin Abdullah, el guardia de seguridad; Mansour Kaziha, conocido como AbulEzz, un anciano de la comunidad que había ayudado a fundar el centro en 1986; y Nadir Awad, otro fiel de la mezquita.

La historia de Amin Abdullah concentró la atención de todo el país. Era el guardia de seguridad de la mezquita, un hombre corpulento y afable que llevaba más de una década dando la bienvenida a todos los que cruzaban la puerta.

Cuando los dos adolescentes intentaron entrar armados, Abdullah activó el protocolo de emergencia y se interpuso. Fue alcanzado por los disparos y murió en la entrada. Para entonces, quienes estaban dentro ya se habían resguardado.

“Sus acciones fueron heroicas. Sin duda alguna salvó vidas”, declaró el jefe policial Wahl. “Se interpuso entre los hombres armados y todas las personas que se encontraban en el interior. Esa tarde, la policía evacuó de manera segura a los maestros, al personal y a más de una docena de niños tomándolos de la mano. Están vivos gracias a que Amin cumplió con su deber.”

El centro islámico también alberga la escuela Al Rashid, que tenía 140 niños dentro en el momento del ataque. Todos resultaron ilesos.

Abdullah dejó una viuda y ocho hijos. Era el principal sostén económico de su familia. Una campaña de recaudación en la plataforma LaunchGood organizada por el Centro Islámico y el Consejo de Relaciones Estadounidenses-Islámicas (CAIR) había reunido hasta este martes más de 1.6 millones de dólares para cubrir gastos funerarios y apoyar a su familia a largo plazo.

¿La policía tuvo una advertencia previa al ataque?

Sí. Y ese es uno de los puntos más dolorosos de todo el caso.

Horas antes del tiroteo, la madre de Cain Clark llamó al 911 para advertir que temía que su hijo, a quien describió como un adolescente con tendencias suicidas, había tomado tres de sus armas y su automóvil. Lo vio acompañado de otro joven, ambos vestidos con ropa de camuflaje.

Las autoridades recibieron la llamada pero no llegaron a la mezquita antes de que comenzara el ataque. Wahl afirmó que la policía sigue revisando las cámaras de seguridad de la zona para determinar qué se pudo haber hecho para prevenir la tragedia.

Un líder de fe de San Diego cuestionó públicamente si las autoridades enviaron alertas a mezquitas, escuelas, iglesias y sinagogas cercanas cuando “conocían el peligro”.

En el trayecto hacia la mezquita, los atacantes dispararon al azar contra un jardinero que trabajaba en la zona. La bala impactó en su casco y el hombre sobrevivió.

¿Cómo se conocieron y cómo se radicalizaron?

El FBI tiene la hipótesis de que los dos adolescentes se conocieron por internet. A través de esa comunicación descubrieron que ambos vivían en el área de San Diego, se hicieron amigos y en algún momento tuvieron contacto en persona.

“Pero en términos de cómo sucedió su radicalización, aún no lo sabemos”, declaró Mark Remily, agente especial a cargo del FBI en San Diego.

Los atacantes compartieron una transmisión en vivo del tiroteo en la que exhibieron imágenes y símbolos nazis y de supremacismo racial mientras disparaban dentro de la mezquita. El video gráfico fue revisado por CNN.

¿Qué encontró el FBI en sus casas?

El arsenal encontrado en los cateos reveló la escala del plan.

Al ejecutar tres órdenes de allanamiento en residencias asociadas con los sospechosos, el FBI confiscó más de 30 armas de fuego: pistolas, rifles, escopetas y una ballesta, además de equipo táctico, municiones y dispositivos electrónicos. Las armas usadas en el ataque pertenecían a la madre de uno de los atacantes, la misma que llamó al 911.

En una de las armas se encontraron inscripciones de odio grabadas. Se recuperó también un extenso manifiesto con referencias a ideología racista, islamófoba y antisemita. Una nota de suicidio contenía escritos sobre orgullo racial.

Remily describió la ideología de los atacantes en una conferencia de prensa: “Estos individuos no discriminaban a quién odiaban. Cubrían un amplio espectro sobre racismo y religión.”

¿Cómo reaccionó la comunidad?

El imán y director del Centro Islámico, Taha Hassane, anunció que las clases se suspenderán durante dos semanas. “Están devastados. Todos entraron llorando”, dijo al referirse a los niños que regresaron el martes a recoger sus pertenencias.

El alcalde de San Diego, Todd Gloria, declaró que “el odio y la islamofobia no tienen hogar en San Diego” y prometió el despliegue de todos los recursos policiales para garantizar que los lugares de culto sigan siendo espacios seguros.

El senador Adam Schiff señaló: “Toda persona en Estados Unidos debería poder practicar su fe sin miedo a la violencia. Y nunca debemos guardar silencio frente al odio.”

¿Qué sigue en la investigación?

El FBI confirmó que dedica todos sus recursos a analizar el manifiesto, los dispositivos electrónicos y las redes sociales de los atacantes para determinar si actuaron solos o si existieron influencias externas que no han sido identificadas aún.

“Estamos buscando en todos los dispositivos electrónicos que nos den respuestas. Pero lo que puedo decir es que ellos definitivamente trataban de atacar a muchas personas”, declaró Remily.

El caso se investiga formalmente como crimen de odio. Si los cargos se confirman de forma póstuma, podría tener implicaciones en la responsabilidad civil de las familias de los atacantes y en el debate sobre acceso a armas de fuego por parte de menores de edad.

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