
Está por verse qué tanto ha empapado eso que llamamos el narco a Morena o, para ir más lejos, qué tanto son, para citar a un clásico, “uno mismo”: qué tanto está el crimen organizado en los orígenes mismos del movimiento; qué tanto comparten naturaleza y vocación.
Veremos, supongo, lo que tienen que decirnos los norteamericanos, pacientes y minuciosos a la hora de armar un caso, como hemos visto. De momento, hay indicios preocupantes.
Más allá de lo que digan los vecinos, o las investigaciones de los medios y las organizaciones civiles, conviene recordar las bonitas palabras y gestos que le dedicó el padre fundador del partido a los mafiosos, desde agradecerles lo bien que se portaron en las elecciones del 21, esas que ahora tienen bajo la lupa en la fiscalía de Nueva York, hasta decirle a un ciudadano desesperado que no, no iba a mandar al Ejército porque los delincuentes “también son seres humanos”, hasta su compasión explícita por El Chapo.
Como es preocupante que el Gobierno federal se siente a “negociar” con la organización que ha atacado con drones a las comunidades indefensas de Chilapa, o que se apegue a la muletilla de las “pruebas” para defender –porque para todo fin práctico eso es lo que hacen– a sujetos que por lo menos deberían provocarles el escepticismo necesario para citarlos a declarar, cosa que no ha pasado.
En todo caso, lo que habrá que recordar, según aparezcan evidencias de complicidad, es que no hay tal cosa como el “narco bueno”, mito chairo. Los morenistas que decidieron aliarse con el crimen organizado, que desde luego no serán ni todos ni una mayoría, pero que, según los indicios disponibles, no serán pocos, no son compas de una especie de organizaciones-Robin Hood que a fin de cuentas crean empleos y redistribuyen la riqueza.
Es falso que el crimen organizado sea una institución popular con su algo de nobleza, moralmente superior, en cualquier caso, a ese coco de los trogloditas ideológicos que la izquierda llama “criminal de cuello blanco”.
Los criminales extorsionan a los comerciantes honestos, sobre todo a los más pobres; secuestra mujeres y niñas para venderlas como esclavas sexuales; queman vivos a sus rivales, los descuartiza con sierras eléctricas ante la cámara, los decapita a machete y los cuelga de los puentes; ataca a civiles indefensos con explosivos, o los ametralla en los bares y palenques para sembrar el terror, y se roba los bienes del país, el petróleo para empezar.
Eso son. Lo peor de lo peor. Que no se nos olvide.
@juliopatan09