La discusión sobre la cuantía de los manifestantes convocados por Morena casi opaca el fondo de la convocatoria: la supuesta traición a la patria cometida por Maru Campos, a juicio de la dirigencia nacional morenista y de la presidenta.
Ariadna Montiel afirmó que fueron 20 mil los asistentes; Brighite Granados, dirigente estatal, informó que fueron 6 mil y que alrededor de 2 mil no llegaron por los retenes y bloqueos.
La oposición —gobernante en Chihuahua— calculó en alrededor de 3 mil. Otras fuentes, todas de redes sociales, ubicaron la cifra en un promedio de entre 4 y 5 mil asistentes.
Los morenistas le achacaron a los bloqueos y retenes que no hubiesen llegado más asistentes.
No es así.
Desde la ubicación del templete era claro que las dirigencias de Morena no tenían grandes expectativas sobre la afluencia de simpatizantes al acto.
Lo colocaron frente a la puerta principal de Palacio de Gobierno de Chihuahua, de cara a la Plaza Hidalgo, un espacio notoriamente inferior a la Plaza del Ángel, que puede albergar hasta 25 mil personas (si se juntaran cuatro o cinco personas por metro cuadrado).
Con esa selección desestimaron, desde los preparativos de la marcha, que tuviesen capacidad para llenarla.
Los cálculos de la IA ubican entre 12 y 16 mil asistentes la capacidad de la Plaza del Ángel, “cómodamente distribuidos”.
¿Y entonces, por qué ese error de cálculo de los organizadores?
¿Soberbia? ¿Exceso de confianza?
¿Falta de lectura de la realidad chihuahuense?
Traer manifestantes —“auxiliarlos en el traslado”— (cosa que hacen todas las agrupaciones políticas) desde la sierra o desde Juárez es extremadamente caro; ya no se diga desde otras entidades. La mejor medida, entonces, era enfocarse en la capital del estado.
¿Fue una falla operativa generalizada en la capital de Chihuahua?
Es probable que, como muchos lo observamos, derivado de la percepción del crecimiento de Morena en las preferencias electorales en la ciudad de Chihuahua, la hayan sobrestimado y, entonces, no armaron correctamente la operación para traer de las colonias a un mayor número de asistentes.
¿Y si obedeció a que llegaron al límite de la capacidad operativa, a consecuencia del brutal impacto causado por la denuncia de Estados Unidos en contra de Rubén Rocha Moya y su equipo?
¿Y si lo mismo —o algo muy parecido— les ocurrió en Juárez, sin duda alguna su gran reserva?
Hay, además, otro factor, del cual hablaremos en la medida en que se acerque la fecha de la elección: el del voto switcher, es decir, el elector que no tiene resuelta su preferencia electoral y que la decide conforme avanzan las campañas y que, en este momento, supera (dependiendo de la encuesta) el 15 por ciento del electorado.
Eventos como el de la aparición de los “Extraditables de Sinaloa”, por supuesto, han mellado las preferencias por Morena y, sin duda alguna, pudieron influir de manera muy importante para que la respuesta a la convocatoria haya sido muy disminuida.
Sumémosle, además, que una parte muy importante de la población, puesta a discriminar entre la acusación presidencial en contra de la gobernadora y la defensa de Rocha que, prácticamente todos los días, ha emprendido la presidenta, optó por Maru Campos.
Tal fenómeno se ha retratado en todas las encuestas y sondeos efectuados en el país en las últimas semanas.
Y hay para todos los gustos.
En todos, la crítica hacia el morenaje ha crecido. ¿Por qué Chihuahua habría de ser la excepción?
Bueno, hasta para la recepción de los dirigentes nacionales, Ariadna Montiel y Andrés Manuel López Beltrán, la dirigencia estatal mostró su exceso de confianza.
Era previsible que en el aeropuerto se presentarían opositores a Morena —para esas horas ya era noticia nacional la instalación de bloqueos y retenes en los accesos de Chihuahua— y que, por tanto, se hacía necesaria una movilización de morenistas para dar cobertura a sus dirigentes.
Tampoco lo hicieron y, así, la recepción no solo fue desangelada, sino totalmente copada por el panismo de la capital, con los abucheos a “Andy”, convertidos en nota nacional.
Así, con muy pocos “efectivos”, el panismo chihuahuense impidió —imposible saber hasta qué nivel— que llegaran más manifestantes, y eso desató la oleada chauvinista de que en Chihuahua se dio un ejemplo “nacional”.
Sí, puede ser que se deba a los panistas, pero el hecho más descollante no fue el de estos, sino la desangelada respuesta ciudadana a la convocatoria de Morena, y eso sí está para que les preocupe seriamente a sus dirigentes; puede ser un reflejo de lo que ocurra el próximo año.
Y tampoco es para que los panistas echen las campanas al vuelo: esto apenas empezó.