Las elecciones municipales y autonómicas celebradas recientemente en Gran Bretaña han puesto en evidencia que, por mucho que se empeñen los británicos, las islas políticamente no son muy diferentes al resto de Europa occidental. El gran retroceso del Partido Laborista -algunos medios como la BBC hablan de debacle: perdió 1.300 concejales- y el fuerte ascenso de Reform UK -que ganó cerca de 1.400 concejales-, partido situado en la extrema derecha, suponen que Gran Bretaña camina por la misma senda que no pocos estados europeos y su principal socio en Occidente: los Estados Unidos. La senda marcada por el auge de las derechas extremas, y que tiene su alimento en la gran recesión económica, política y social que azota a Europa.
Una gran recesión, que dispara las desigualdades sociales y territoriales, castiga los estados de bienestar, incrementa el descontento social y pone en peligro la paz y la convivencia. Una gran recesión frente a la que, como sucede ahora en Gran Bretaña, la socialdemocracia europea -en este caso representada por el Partido Laborista- no es capaz de ofrecer una alternativa convincente, y se encuentra sumida en una crisis sistémica que amenaza seriamente su supervivencia. Ni la socialdemocracia ni la autodenominada “tercera vía” -una vía muerta como la calificó Eric Hobswam- lo que facilita el ascenso da las fuerzas totalitarias y antisistema, ya que tampoco la derecha liberal encuentra su norte.
Desempleo, pobreza y desigualdad
Según la Office for National Statistics -ONS- la tasa de desempleo juvenil en Gran Bretaña alcanzó el 16,1% a finales del 2025, la más alta desde hace más de una década, y que se sitúa por encima tanto de la media en la UE -14,7%- como de la eurozona -14,3%-. Una situación que, según Resolution Foundation, lleva a que no pocos jóvenes británicos se planteen seriamente la posibilidad de emigrar.
En relación con la pobreza, señalar que el número de niños británicos en esa situación es el más alto desde que se tienen registros (2002), con un 31% formando parte de un hogar con ingresos relativamente bajos -hogares pobres-. A nivel global las autoridades británicas estiman que 14,2 millones de personas están bajo el nivel de la pobreza. Una dinámica que se viene arrastrando desde hace más de una década, y que está convirtiendo a Gran Bretaña en uno de los países europeos con mayor nivel de desigualdad y pobreza con los/as niños/as y los/as jubilados/as como los/as mayores damnificados/as. Una situación de deterioro social tal, que lleva a que el número de personas que duermen en la calle haya aumentado un 60% en los dos últimos años y que, según la Foundation Resolution se debe básicamente a una falta de crecimiento económico que se arrastra desde el Brexit: estancamiento de los salarios, políticas de austeridad con recortes en los subsidios públicos, inflación descontrolada, alzas en los costes de la vivienda -Gran Bretaña vive una auténtica crisis habitacional-, precariedad laboral... En relación con los recortes en los servicios públicos, debemos destacar lo que está sucediendo con el SNS que fuera un orgullo nacional y que ahora está hecho jirones.
En relación con los salarios, señalar su importante caída -la tendencia más negativa entre los países de la OCDE- que lleva a que, como señalaba antes, Gran Bretaña sea, hoy por hoy, uno de los países más desiguales de Europa -0,351 en el Índice de Gini-. Un país donde el quintal superior recibe el 36% de los ingresos del país y tiene el 63% de la riqueza, mientras que el quintal inferior solo recibe en 8% de los ingresos y tiene el 0,5% de la riqueza. Una desigualdad que se traslada a nivel territorial y, en parte, explica estos últimos resultados electorales autonómicos.
Crisis económica: vulnerabilidad del capitalismo británico
La economía británica arrastra un largo declive que, como señalamos, afecta muy negativamente al nivel de vida de la mayoría de los británicos que al mismo tiempo tienen que ver cómo los servicios públicos y el bienestar se deterioran.
Una economía lastrada por la caída de la productividad, el auge de las finanzas y la entrada de capital extranjero -mayoritariamente estadounidense- que cada vez controla más sectores y mayor porcentaje de la economía británica (25%PIB). La pérdida de peso del sector manufacturero en favor del financiero (City de Londres) supone además un desplazamiento de las rentas de capital hacia manos extranjeras (jeques árabes, oligarcas rusos, empresarios indios, tecnológicas estadounidenses), que conducen a una creciente descapitalización y dependencia exterior de la economía británica. En esa caída de la productividad -que dispara la brecha con las grandes economías occidentales- influye decisivamente la tendencia a la baja de la inversión privada productiva, con el peor comportamiento entre los países del G7 y el puesto 28 en la OCDE. Una caída en la inversión privada derivada de una creciente preferencia por la inversión financiera y especulativa.
Crisis política permanente
En lo que va de siglo XXI Gran Bretaña vive en una crisis política permanente como pone en evidencia el dato de que si en 30 años (1979-2007) tuvo solo tres primeros ministros (Margaret. Thatcher, John Major, Tony Blair) en los últimos 20 (2007-2026) tuvo 7, cuatro de ellos (por ahora) en los últimos cuatro años. Si a esta realidad interna le sumamos la crisis financiera (2008), el referéndum del Brexit (2016), la pandemia de la COVID-19 (2019), la guerra en Ucrania (2022) y la guerra en Irán (2026) tendremos un retrato de las causas políticas de esa crisis permanente. Retrato al que, para ser completo, habría que sumarle la honda crisis de identidad que atraviesan los dos grandes partidos sistémicos que articularon durante décadas, desde la II guerra mundial, el sistema político británico (Conservador y Laborista), y que ahora aparecen cada vez más alejados de sus bases sociales naturales. En relación con el Partido Laborista, señalar la creciente pérdida de peso entre las clases trabajadoras y los jóvenes que se ven fuertemente castigados por una inflación que golpea a los alimentos, los combustibles y, como señalaba antes, la vivienda.
La naturaleza del sistema político británico -de mayoría simple- también alimenta esta crisis política, pues no refleja la realidad de las votaciones, ya que mientras estas dibujan un escenario con cinco partidos, el sistema (el sistema Westminster) los deja reducidos prácticamente a dos: Laborista y Conservador. Por si esto no fuera suficiente, estas últimas elecciones han puesto encima de la mesa una crisis política de dimensiones territoriales -Escocia, Gales- a la que colabora el férreo centralismo actual y que augura fuertes tensiones políticas.
Auge de la extrema derecha
Una realidad social, política y económica que sirve de alimento a los movimientos ultra-nacionalistas y fascistas que presentan una visión de una sociedad británica supuestamente amenazada por una inmigración incontrolada a la que se le acusa de agresiones sexuales a menores y de amenazar con “violar a nuestras hijas” y que, según los portavoces de estos movimientos, conduce a la extinción de la civilización occidental y a la islamización de la sociedad británica.
Desastres sociales de los que estos movimientos totalitarios responsabilizan a la izquierda, las feministas, los anti-xenófobos y anti-racistas. @mundiario