La política queretana tiene memoria corta para unas cosas y una memoria peligrosamente larga para otras. Pero si algo demuestra la historia electoral reciente es que los partidos pueden cambiar de nombre, de candidato y hasta de aliados, mientras el electorado conserva ciertas inercias.
La izquierda queretana lo sabe bien, pues durante décadas, el PRD ocupó el tercer lugar en las elecciones por la gubernatura. Fueron candidatos, nombres y proyectos que no lograron romper el techo electoral de una fuerza que, en Querétaro, parecía condenada a observar la disputa desde lejos.
Ahora, ante la llegada de MORENA todo parece haber cambiado, ya que representa algo que la izquierda local no había tenido en mucho tiempo: posibilidades reales de disputar el gobierno.
La diferencia no está solamente en las siglas. Está en el candidato, que, sin llevar el título oficial, sabemos que se trata de Santiago Nieto, quien aparece dentro de este escenario como una figura con una fuerza distinta a la de quienes anteriormente representaron a la izquierda. No es menor el contraste: Celia Maya compitió en 2003 por el PRD y posteriormente por MORENA, pero los números muestran lo difícil que ha sido para la izquierda acercarse al PAN y al PRI en una entidad donde ambos han concentrado buena parte del voto.
Hoy el escenario podría ser otro, y la pregunta ya no es si Morena puede competir. La pregunta es qué tan cerca puede quedar.
La candidatura del PAN todavía no parece estar resuelta, si estuviera decidida, difícilmente seguirían en movimiento quienes aspiran a ella. Agustín Dorantes, Luis Bernardo Nava y Felifer Macías continúan gastando tiempo, recursos y capital político. Nadie parece dispuesto a bajarse voluntariamente del autobús.
Mientras tanto, el partido observa a Morena, porque una cosa es prepararse para enfrentar a una candidatura conocida y otra muy distinta hacerlo mientras el adversario termina de acomodar sus piezas.
Pero es cierto que el fantasma de 2009 también ronda, y hace recordar que en aquella elección, la diferencia fue estrecha. Y ahora se plantea incluso un escenario todavía más cerrado: tres puntos, quizá menos, incluso con la posibilidad de que la elección termine en tribunales. Si eso ocurre, la elección no terminará el día de la elección.
Ganar una contienda cerrada deja heridas y perderla, también. En una elección altamente polarizada, la famosa “operación cicatriz” puede convertirse en una tarea casi imposible, porque quien llegue al gobierno podría recibir un estado políticamente partido, con adversarios que no necesariamente estarán dispuestos a olvidar la batalla.
Por otra parte, hay otra variable que no debe perderse de vista: Querétaro sigue teniendo una fuerte raíz panista y priista. Tanto, que la etiqueta de “PRIAN” puede resultar especialmente cómoda para describir una realidad local donde durante años las fronteras entre ambos grupos han sido menos profundas de lo que parecían a nivel nacional.
Santiago Nieto tiene una ventaja, pero también una enorme responsabilidad: demostrar que su candidatura puede convertir el crecimiento de Morena en una posibilidad real de alternancia, porque los números históricos dicen que la izquierda ya estuvo lejos. Esta podría ser la razón por la que nadie quiere soltar la candidatura panista todavía. Todos saben que, por primera vez en mucho tiempo, enfrente no habrá un rival dispuesto simplemente a competir por el tercer lugar.
Esta vez, la pelea puede ser por el gobierno.

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