Meses después del inicio del bloqueo petrolero impuesto por el presidente Trump, muchos cubanos dependen más que nunca de sus familiares en EE. UU. para cubrir sus necesidades diarias.
La población de Cuba sufre escasez de alimentos, apagones casi constantes y un calor sofocante.
Para muchos, el único alivio son los paquetes que les envían sus familiares desde Miami, a cientos de kilómetros de distancia.
Mientras la isla se enfrenta al colapso económico debido al bloqueo petrolero estadounidense, los habitantes del sur de Florida se apresuran a enviar cajas llenas de carne enlatada, bolsas de arroz y frijoles y otros productos básicos a sus familiares hambrientos.
También envían mosquiteros, linternas, ventiladores y camisones holgados para sobrellevar las noches insufribles.
Pagan a “mulas” que vuelan a Cuba
Algunos pagan a mensajeros conocidos como “mulas”, que vuelan a Cuba para entregar mercancías o sobres con dinero estadounidense.
Jorge Smith, de 64 años, quien se marchó de Cuba a Miami hace cuatro años, ha estado buscando un generador solar más potente para su hija y su nieto de 5 años en La Habana. Con una electricidad cada vez más efímera, la máquina de 60 vatios que compró y les envió hace meses ya no es suficiente.
“Solo tienen dos horas de electricidad de la red al día”, dijo Smith, un conductor de Uber que, como muchos cubanoestadounidenses, tiene dificultades para pagar sus propias facturas en una Miami cada vez más inasequible.
Aunque se opone profundamente al gobierno cubano, Smith no está de acuerdo con el bloqueo. “Al cortar el petróleo, cortan la vida del pueblo”, dijo. “Es el pueblo quien sufre”.
Los cubanos han dependido durante mucho tiempo de sus familiares en Estados Unidos, quienes hoy pueden recurrir a mensajeros informales, a múltiples empresas de transporte en Miami y a sitios de compras al estilo de Amazon que organizan entregas en la isla.
Una catástrofe
Pero la demanda se ha intensificado a medida que el gobierno comunista de Cuba lucha por contener una catastrófica crisis energética.
La isla prácticamente se ha quedado sin combustible para el transporte local, y sus viejas centrales eléctricas son incapaces de mantener en funcionamiento su red eléctrica.
Los envíos de petróleo procedentes de Venezuela, benefactor de Cuba desde hace mucho tiempo, ya estaban disminuyendo antes de que el gobierno de Trump capturara al líder venezolano, Nicolás Maduro, en enero y tomara el control sobre la industria petrolera de la nación.
Para presionar al gobierno cubano hasta su colapso, el gobierno de Trump entonces impuso un bloqueo de facto que impedía la entrada de petróleo extranjero a la isla.
Cuba ya no tiene combustible
La semana pasada, las autoridades cubanas anunciaron que sus reservas de combustible se habían agotado por completo.
Como parte de su campaña de presión, el gobierno de Trump anunció el miércoles que había conseguido que se imputara a Raúl Castro, exdirigente de la nación, por su presunto papel en el derribo mortal de dos aviones pilotados por exiliados cubanos.
Los alimentos que se venden en las tiendas cubanas, tanto estatales como privadas, desde hace tiempo tienen precios desorbitados, dijo Michael J. Bustamante, historiador de la Universidad de Miami especializado en asuntos cubanos.
“Si estás en condiciones de tener familiares en el exterior que puedan tratar de conseguirte cosas, ya tienes una ventaja sobre una gran parte de la población cubana”, dijo Bustamante, cuya familia ayudó recientemente a organizar la entrega de una silla de ruedas a un pariente anciano con demencia.
Un conflicto aceptación-rechazo por sus familiares en Cuba
Sin embargo, los cubanoestadounidenses se encuentran en una posición delicada. Muchos apoyan la campaña de presión del presidente Trump, aunque sus familias recurran al carbón de leña para cocinar ahora que los apagones son mucho más frecuentes.
“No quiero que mi hijo sufra, pero si esa es la única manera de ser libres, pues tengo que aguantarme para que Cuba sea libre”, dijo Tania Lompard, de 66 años, quien llegó a Miami desde Cuba hace casi dos décadas.
Ella y su marido enviaron recientemente unos 48 kilos de frijoles, carne picada enlatada y leche en polvo a su hijo adulto. Los productos se enviaron a través de Cubamax, una cadena de Florida que también funciona como supermercado en línea, agencia de viajes y empresa de remesas.
Este tipo de negocios son polémicos en Miami.
Se han descrito a sí mismos como vitales para entregar el tipo de ayuda humanitaria permitida por el embargo estadounidense vigente desde hace décadas, el cual prohíbe la mayoría de las exportaciones a Cuba.
El nuevo bloqueo petrolero interrumpió brevemente las entregas de las empresas en la isla este invierno, pero se reanudaron después de que el gobierno de Trump comenzara a permitir que las empresas privadas adquirieran su propio combustible.
Algunos cubanoestadounidenses, entre ellos varios funcionarios electos, han criticado a las empresas; argumentan que sus negocios contribuyen a apuntalar el régimen comunista de la isla, y que entre las mercancías que envían figuran artículos de lujo prohibidos por la ley.
“Utilizar esos servicios significa apoyar al régimen”, dijo Lázaro Campos, de 42 años, quien, en cambio, compra billetes de avión para que sus amigos visiten Cuba con mercancías empaquetadas en largas bolsas de lona negras conocidas como “gusanos”.
Los directivos de Cubamax no respondieron a varias solicitudes de comentarios.
Múltiples empleos con tal de enviar ayuda a Cuba
En el sur de Florida, Campos se las arregla con los trabajos que puede conseguir: empleado de mantenimiento, obrero de construcción, conductor de reparto.
Mantiene a tres hijos en Cuba, uno de 17 años, quien contó que su escuela había dejado de proporcionar alimentos y que las aulas se habían vuelto insoportables sin ventiladores.
Campos también envía medicinas para su madre anciana, quien depende principalmente del agua de lluvia para beber y bañarse después de que se averiara la bomba de agua de su pueblo. Ella vive en la Isla de la Juventud, una provincia insular donde se han reducido los transbordadores que llevan suministros debido a la escasez de combustible.
Las condiciones de vida de Campos tampoco son fáciles: no puede pagar un alquiler, así que duerme en su todoterreno Mitsubishi blanco o se queda a dormir con amigos.
Para Ivis Cladera, el elevado precio de la gasolina ha mermado su capacidad de enviar dinero en efectivo semanalmente a sus padres en la provincia de Matanzas. Conduce unos 32 kilómetros de ida y vuelta entre su apartamento de Hialeah, a las afueras de Miami, y su trabajo en un casino de Hallandale. Gana menos de 11 dólares la hora, el salario mínimo para los camareros de Florida.
Una tarde reciente, frente a un Cubamax de Hialeah, Cladera enviaba jeringas estériles a La Habana para que su madre pudiera inyectarse su medicamento para la circulación sanguínea.
En La Habana, sus padres prácticamente no tienen electricidad, pero ella no quiere invertir en paneles solares para enviarles, como han hecho otros cubanoestadounidenses.
“Es demasiado caro”, dijo. “Además, espero que el comunismo caiga pronto”.