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Mundiario 24 May, 2026 13:23

El regreso del noveno campeón de Liga: el Deportivo vuelve a Primera tras atravesar los infiernos

El fútbol español recupera algo más que un equipo histórico. Recupera una parte de su memoria. El Deportivo de La Coruña vuelve a Primera División ocho años después y lo hace con la fuerza emocional de quienes han sobrevivido a una larga travesía por territorios que parecían incompatibles con su historia. Regresa el campeón de Liga del año 2000. Regresa el noveno campeón de España. Y detrás del ascenso no solo aparece una clasificación deportiva: emerge también una historia de derrumbe, resistencia y reconstrucción que explica buena parte del fútbol contemporáneo.

La victoria en Valladolid (0-2) tuvo algo de ajuste de cuentas con el pasado. En un estadio asociado durante décadas a algunos de los recuerdos más dolorosos del deportivismo, el equipo gallego encontró esta vez la puerta de salida del sufrimiento. Bajo una tarde de tormenta y ansiedad acumulada, el Deportivo resolvió el ascenso con la serenidad de los equipos que entienden el peso histórico del momento. Bil Nsongo, delantero camerunés surgido del filial, marcó los dos goles antes del descanso y convirtió su nombre en símbolo instantáneo del nuevo proyecto blanquiazul. Primero aprovechó una asistencia de Luismi Cruz; después repitió la combinación para desatar la euforia definitiva entre miles de aficionados desplazados a Zorrilla.

El protagonismo de Nsongo posee además una dimensión profundamente simbólica. El Deportivo vuelve a Primera desde la cantera, precisamente uno de los aspectos que más había debilitado durante los años de decadencia institucional. El club pasó demasiado tiempo desconectado de sí mismo, atrapado entre urgencias financieras, cambios de dirección y decisiones improvisadas. Ahora, sin embargo, el rostro del ascenso pertenece a un futbolista joven construido dentro de la propia estructura deportivista, acompañado además por otros talentos como Yeremay o Mella, señales de una nueva identidad deportiva más estable y reconocible.

Bil Nsongo firmó el doblete que selló el ascenso deportivista en Zorrilla. El Deportivo regresa a la élite tras liquidar una deuda histórica y reconstruirse desde la cantera

El emblemático club gallego pasó de disputar la Champions League y competir contra los gigantes europeos en la era de Augusto César Lendoiro a recorrer campos modestos de Segunda B y Primera RFEF frente a rivales modestos. Perdió partidos inimaginables en Riazor, sufrió episodios traumáticos como el desenlace liguero marcado por el caso Fuenlabrada y convivió con una sensación de derrumbe institucional casi permanente. En esos años pasaron seis presidentes, once entrenadores y decenas de futbolistas mientras la deuda alcanzaba los 168 millones de euros, una cifra descomunal incluso para el fútbol español.

Sin embargo, el Deportivo logró algo extraordinariamente difícil en el fútbol moderno: reconstruirse sin renunciar completamente a su memoria. La llegada de Juan Carlos Escotet supuso el inicio de una nueva etapa marcada por el saneamiento económico, la reorganización de las estructuras internas y una apuesta estratégica por la estabilidad. El club abandonó el concurso de acreedores que amenazaba con prolongarse hasta 2048 y empezó a construir un modelo menos dependiente de impulsos emocionales y más orientado a largo plazo.

También resultó decisiva la apuesta deportiva liderada por su entrenador, Antonio Hidalgo. El técnico construyó un equipo sólido, competitivo y muy difícil de derrotar, capaz de sostenerse durante toda la temporada entre los mejores. El Deportivo perdió ocho partidos en 41 jornadas y encontró respuestas colectivas incluso en los momentos de máxima presión. Mario Soriano asumió el liderazgo futbolístico, Yeremay desequilibró desde el talento y Bil Nsongo terminó encarnando el relato perfecto del ascenso inesperado.

Pero quizá el elemento más admirable de esta historia haya sido la fidelidad de la afición. Pocos clubes europeos mantuvieron semejante nivel de apoyo emocional durante una caída tan prolongada. Mientras el Deportivo transitaba por categorías impropias de su dimensión histórica, Riazor seguía llenándose y la masa social permanecía intacta. El club vuelve ahora a Primera con más de 28.000 socios y lista de espera para acceder al estadio. Esa conexión popular explica por qué este ascenso se vive en Galicia como algo más profundo que un éxito deportivo.

El regreso del Deportivo de La Coruña también tiene una lectura simbólica para LaLiga. En una competición cada vez más condicionada por el poder económico, la recuperación de uno de sus campeones históricos devuelve parte de la diversidad emocional que convirtió al fútbol español en algo más que un negocio global. Real Madrid, Barcelona, Atlético, Athletic, Valencia, Real Sociedad, Sevilla, Betis… y ahora otra vez el Deportivo. El noveno campeón ha regresado. La fiesta no ha hecho más que comenzar... @mundiario

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