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El Diario 20 Mar, 2026 19:19

Día del Hombre. Poco ruido, pocas nueces

Ciudad de México.- Cada año, cuando se acerca el 19 de marzo, que fue hace dos días, aparece el mismo espectáculo: redes encendidas, opiniones encontradas y una pregunta que parece ingenua, pero no lo es: ¿por qué existe el Día del Hombre?
El llamado Día Internacional del Hombre no nació para competir con nadie. No es una respuesta, ni una revancha, ni una burla. Es, o debería ser, un punto de partida para hablar de una realidad que incomoda: la del hombre contemporáneo, cada vez más expuesto, pero menos entendido.
Y aquí es donde conviene poner orden, porque el debate público está lleno de ruido, pero vacío de sustancia. El problema no es la fecha; es el vacío
Hoy se habla mucho del hombre, pero se entiende poco. Se le exige fortaleza, pero no se le forma. Se le pide responsabilidad, pero se le niega dirección. Se le señala cuando falla, pero rara vez se le prepara para no fallar. Los datos son fríos, pero contundentes:
- Los hombres se suicidan más.
- Buscan menos ayuda psicológica.
- Abandonan más la escuela en varios contextos.
- Mueren más en trabajos de alto riesgo.
Y, sin embargo, estos temas no ocupan el centro de la conversación pública. No son tendencia. No generan aplausos. No son-hasta hoy-políticamente rentables. Así que se evaden. Generan una crisis que no se nombra
Lo que estamos viendo no es una discusión de género. Es una crisis de formación. Hay generaciones de hombres creciendo sin referentes claros. Sin padre presente, o con uno emocionalmente ausente. Sin estructura, pero con exceso de estímulos. Sin propósito, pero con presión constante. Y luego nos sorprendemos de los resultados.
Porque un hombre no se construye solo. Se forma. Se guía. Se corrige. Se entrena para vivir en un mundo que no siempre será favorable.
Por eso esta afirmación no es menor:
“Los hombres deben preparar a sus hijos hoy para los días cuando sean llevados o llamados a vivir por sus propios estándares y sin el respaldo de sus padres. No podemos asumir que nuestros hijos crecerán en las mismas circunstancias que nosotros”.
Aquí está el punto central e importante: estamos criando hijos para un mundo que ya no existe. Además, se reduce todo al error del victimismo.
El Día del Hombre ha sido atrapado en una trampa: la competencia de sufrimientos.

Que si unos sufren más.
Que si otros tienen privilegios.
Que si esto es respuesta a aquello.
Y mientras tanto, lo esencial se pierde.
Porque ni todos los hombres son victimarios, ni todos son víctimas. Esa simplificación es cómoda, pero falsa. Y lo falso no resuelve nada.
La realidad exige otra cosa: responsabilidad. La credibilidad no se hereda, se construye. Aquí entra una verdad incómoda, pero necesaria:
“El hombre es más que el mensaje. El mensaje es creíble cuando el hombre lo es”.
No basta con discursos sobre valores, familia o responsabilidad. Si el hombre que los pronuncia no los encarna, el mensaje se desploma. Por eso la crisis no es solo social. Es personal.
- Padres que exigen, pero no modelan.
- Hombres que opinan, pero no sostienen.
- Discursos que suenan bien, pero vidas que no los respaldan.
Y así, el mensaje pierde peso y la siguiente generación pierde rumbo.
Lo que sí debería discutirse, si el Día del Hombre sirviera para algo más que polémica, el enfoque sería otro:
- ¿Cómo formamos hombres emocionalmente estables?
- ¿Qué papel real tiene el padre hoy?
- ¿Por qué los jóvenes están desconectados de propósito?
- ¿Cómo reconstruimos modelos masculinos que no sean caricaturas?
Porque el problema no es el hombre en sí.
El problema es la ausencia de formación integral del hombre.
No se trata de celebrar por celebrar. Ni de competir. Ni de victimizar.
Se trata de entender que una sociedad que no forma bien a sus hombres, tarde o temprano paga el precio: en violencia, en abandono, en desorden social y en familias fracturadas.
El Día del Hombre, bien entendido, no es un homenaje. Es un llamado.
A formar. A corregir. A asumir responsabilidad.
Porque al final, no es un asunto de fechas o días, es una cuestión de futuro. Ahí El Meollo del Asunto.

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