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El Financiero 26 May, 2026 01:50

Emiliano

Hoy, a las 11 de la mañana, hará su tercer paseíllo en la plaza más importante del mundo, Las Ventas de Madrid, un mexicano nacido en Amealco, Estado de México: su nombre, Emiliano Osornio. ¿Qué tiene de especial Emiliano?

Tiene el don de torear divinamente; Dios le premió con la capacidad de expresar con su cuerpo y su valor el toreo más profundo, el toreo que a todo el mundo gusta e ilusiona. Tan es así que uno de los grandes toreros, el madrileño y maestro Curro Vázquez, a sus 74 años, está ilusionado con llevar —y lo está haciendo de maravilla— las riendas de la carrera de esta joya del toreo mexicano.

De familia charra, Emiliano tiene el valor de saber estar con los animales y posee la intuición del toreo, que no es únicamente el camino por el que ha trazado su carrera, sino que con estas virtudes ha labrado la expresión artística al torear, lo cual es sumamente complejo por la cantidad de factores que deben alinearse para que esto suceda.

Hay toreros a lo largo de la historia centenaria de esta cultura que, con únicamente el valor y la determinación, han conseguido sus metas, fama y fortuna, y además un sitio privilegiado en la historia del toreo.

Han existido también hombres capaces de llevar sus carreras con momentos sublimes de belleza y magia, pero sin la constancia deseada por sus seguidores y los buenos aficionados.

Realmente son pocos los hombres que poseen en su tauromaquia la calidad estética, la propuesta gallarda ante el toro, el don del temple, el valor para torear despacio pasándose los toros muy cerca del cuerpo, sentirse toreros y moverse con torería durante toda la corrida, sin forzarse, sin fingir, de manera natural, que es la manera más difícil de estar ante el toro: con naturalidad ante el peligro.

Emiliano Osornio posee estas cualidades. Hoy tiene conciencia plena de ello y sabe que es su momento, que todo se alinea para cosechar el trabajo que desde hace años viene haciendo, sumado al sacrificio y la enorme paciencia que deben tener los toreros.

Desde hace años sabemos que en él hay una joya. Estuvo Emiliano un tiempo muy pegado al Payo, otra joya de nuestra tauromaquia, en esa casa entendió la diferencia entre torear y ser torero. Fernando Pérez Salazar y su hijo Santiago, ganaderos ambos, le abrieron las puertas de su casa y lo ayudaron en su momento, incluso apoderándolo Santiago. Apostaron porque se fuera a España, pidieron favores, y el maestro Curro Vázquez, al ver a Emiliano e ilusionarse con sus formas, aceptó el reto. El resultado es ilusionante y hoy, una realidad.

No sé si hoy Madrid lo quiera y lo sepa ver; yo creo y espero que sí. El aval del maestro pesa en la gran plaza, y espero que los novillos que le toquen en suerte embistan bien para que Emiliano pueda expresar su tauromaquia y, al mismo tiempo, hablar por la tauromaquia mexicana.

En este aspecto vengo pensando desde hace tiempo que hemos cargado a los nuestros con que solo abriendo la Puerta Grande nuestra manera de entender el toreo será válida, aspecto que considero por demás equivocado. La valía de nuestros toreros no radica en abrir la ansiada Puerta Grande de Madrid; eso llegará. Lo que realmente debemos hacer es detectar, valorar e impulsar a los toreros mexicanos que valen, comenzando por su trato en México. Estamos por cumplir 500 años de tauromaquia en México y debemos ya tener la seguridad de valorar a los nuestros, que más de una vez, aquí y allá, han demostrado su valía y su capacidad de estar a gran altura.

Semana importante para tres mexicanos: hoy Emiliano, mañana Isaac Fonseca y pasado mañana Bruno Aloi. Pase lo que pase, estos tres hombres —y muchos más a quienes no pusieron en Madrid— son grandes toreros, capaces, distintos y artistas.

Dios quiera que los tres tengan suerte y triunfen, para que aquí y allá valoremos en su justa medida la tauromaquia mexicana.

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