El futuro de Max Verstappen en la Fórmula 1 está más ligado que nunca a las decisiones de los fabricantes. La FIA anunció un “acuerdo de principio” para modificar el equilibrio de potencia en 2027, aumentando 50 kW en el motor de combustión y reduciendo la misma cantidad en el eléctrico. Sobre el papel, parecía sencillo. En la práctica, ha destapado fracturas profundas.
Tal y como lo explica en un artículo de opinión de Stuart Codling (Motorsport), la migración llevaría la proporción de potencia a un 60/40 entre motor térmico y eléctrico. Aunque técnicamente viable, implica ajustes de chasis, empaquetado y mayor caudal de combustible. Los costes y la política interna de los equipos amenazan con frenar el cambio.
Verstappen lo celebró inicialmente: “Definitivamente va en una dirección muy positiva”, dijo en Canadá. Pero pronto se mostró frustrado al ver que el consenso se evaporaba. Para él, el formato actual es “anti-carreras” y necesita un giro inmediato para seguir disfrutando del deporte.
El problema es que Mercedes y Red Bull/Ford son los únicos fabricantes dispuestos a votar a favor de introducir el cambio en 2027. Ferrari, Audi y Honda prefieren retrasarlo hasta 2028, mientras General Motors observa desde la sombra con su proyecto Cadillac aún dependiente de Ferrari.
Las objeciones tienen nombre: dinero y ventaja competitiva. Optimizar el motor de combustión requiere unos 8 millones de dólares adicionales en I+D. Audi, como proveedor emergente, no quiere asumir costes sorpresa tras haber invertido en el reglamento actual. Ferrari, por su parte, presiona para obtener alivios en el marco ADUO, que compensa a fabricantes con motores menos competitivos.
El bloqueo de Ferrari y Audi
La primera ventana de evaluación ADUO está a punto de abrirse. Si se concede ahora, algunos equipos tendrían ventaja en el desarrollo de 2027. Si se aparca, Mercedes consolidaría su dominio. Ferrari denuncia públicamente su déficit frente a Mercedes y Red Bull/Ford, con Leclerc señalando que su motor tiene menos empuje.
Honda mantiene un discurso positivo hacia el futuro post-2030, pero necesita ADUO de inmediato. Mercedes y Red Bull/Ford, en cambio, apoyan el cambio rápido porque sus motores ya están en la cima y no califican para compensaciones. Cada fabricante defiende su agenda.
En medio de todo, Verstappen lanza su advertencia: “Si sigue así, va a ser un año largo el próximo año, y no quiero eso. Mentalmente, simplemente no es factible para mí seguir así”. Su continuidad depende de que la FIA y la FOM logren imponer un cambio que mejore el producto.
El director de monoplazas de la FIA, Nikolas Tombazis, busca acuerdos en el paddock. Se necesita mayoría de cuatro de seis fabricantes para aprobar la modificación. Las soluciones de compromiso incluyen diluir la proporción 60/40 o acortar carreras para reducir consumo, pero corren el riesgo de no resolver el problema de fondo.
El futuro de la F1 y de Verstappen está en manos de Ferrari y Audi. Si mantienen el bloqueo hasta 2028, el neerlandés podría replantearse su continuidad. Si aceptan el cambio, el deporte podría recuperar la esencia de las carreras a fondo. La decisión marcará el rumbo de la categoría y del campeón más dominante de la última década. @mundiario