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El Economista 28 May, 2026 01:22

González Iñárritu defiende la experiencia real del cine frente a la inteligencia artificial

Alumbraba la luz del tardío 2014. La nieve apenas comenzaba a disolverse sobre los bosques canadienses cuando Alejandro González Iñárritu y el fotógrafo Emmanuel “Chivo” Lubezki decidieron filmar “The Revenant” (2015) casi exclusivamente con luz natural. 

El rodaje dependía de unos cuantos minutos diarios de penumbra y claridad extrema. Tanto Iñárritu como Lubezki han relatado que se organizaron jornadas enteras alrededor de unos instantes diarios en los que la posición del sol y el reflejo de la nieve se posaban sobre el rostro del cazador Hugh Glass interpretado por Leonardo DiCaprio. 

Aquella obsesión por capturar una luz real, tan frágil, cambiante e irrepetible como es, le dio a la película su atmósfera espectral y terminó por confirmarse como una de las señas más reconocibles del cine de Iñárritu. Pero esa cualidad, la de aprender a esperar y observar los caprichos de la luz, señala Iñárritu, hoy se ve amenazada por intereses económicos y la incursión de nuevas tecnologías.

Así lo argumentó el realizador durante su discurso de ingreso a El Colegio Nacional la noche del martes, cuando se convirtió en el primer cineasta en integrarse a la institución, y así lo reitera en conversación posterior con El Economista, en las instalaciones de su nueva casa intelectual en el Centro Histórico de esta ciudad, el cual retrató profundamente, tan caótico y lleno de capas de tiempo, en su más reciente película, “Bardo: Falsa crónica de unas cuantas verdades” (2022).

En defensa de la luz natural

Su voz reverbera por primera vez entre los libros de la Biblioteca y el Fondo Reservado de El Colegio Nacional. El cineasta abunda sobre una preocupación central vertida en su discurso la noche anterior: el riesgo de que la inteligencia artificial vacíe las imágenes cinematográficas de la experiencia humana.

Para el director “puede existir una película sin actores, música ni guion, pero sigue necesitando de la luz para existir”. La inteligencia artificial, advierte, “interpreta la luz artificialmente” y puede “cegarnos” al reemplazar la experiencia directa de la realidad por simulaciones cada vez más convincentes. Su preocupación no es únicamente técnica, sino ética cuando señala que detrás de las imágenes generadas por algoritmos ya no existe necesariamente una experiencia humana que las sostenga.

El también director de “Amores Perros” (2000) y “Babel” (2006) considera que los grandes estudios consideran imponer nuevas reglas de producción basadas en el abaratamiento de costos mediante pantallas verdes y herramientas digitales. Cintas como la misma “The Revenant”, filmada en condiciones extremas en exteriores, serán cada vez más difíciles de realizar bajo esa lógica corporativa.

Dice que la discusión no es únicamente tecnológica, sino profundamente humana: lo que ocurre con el cine cuando la experiencia, la mirada y hasta la luz pueden ser sustituidas por algoritmos.

El encuadre vertical y otras infamias

El encuadre de una cámara ha sido el cerrojo por el que mira un cineasta. Pero ahora cualquier persona armada con un teléfono celular también puede elegir qué observar y qué descartar de la realidad. Es otro de los temas que le inquietan a Iñárritu.

“Estamos consumiendo realidad enmarcada”, dice al respecto. “Nunca antes en el pensamiento humano ese encuadre (el vertical de un celular) nos había convencido de que sólo lo que hay dentro es real y lo demás no existe”.

Para Iñárritu, la amenaza no radica únicamente en la existencia de nuevas herramientas, sino en el modelo económico detrás de ellas. Desde esta perspectiva también insiste en que la industria audiovisual se encuentra subordinada a la lógica corporativa del abaratamiento y la rentabilidad.

“Una película como ‘The Revenant’, hacerla en las montañas rocallosas con los caballos, va a ser muy difícil”, asegura. “Empezarán a haber reglas que digan: ‘No, esto lo vas a tener que hacer en un green screen’”.

El cineasta insiste en que la discusión no debería reducirse a una oposición simplista entre tecnología y tradición. El verdadero riesgo, dice, es la pérdida de la experiencia humana detrás de las obras.

El problema de la exhibición

Además de la transformación tecnológica, Iñárritu aborda otro problema estructural: la exhibición del cine mexicano. Aunque reconoce que en el país existe producción constante, con cifras récord, sostiene que las películas nacionales carecen de mecanismos sólidos de distribución y permanencia en las salas.

“El cine mexicano no se ve porque no hay quien proteja la exhibición, distribución y promoción”, afirma.

El realizador también critica la idea de considerar a la cultura como un lujo secundario frente a otras prioridades sociales. “No solamente vivimos de frijoles y arroz”, dice. “Hay que cuidar lo de afuera, pero también lo de adentro”.

Iñárritu vuelve una y otra vez a la misma idea: el cine es y debe seguir siendo una experiencia humana irrepetible, ligada a la observación del mundo físico y emocional.

En medio de una industria cada vez más dominada por algoritmos, plataformas y automatización, el director defiende una idea mucho más elemental: mirar.

Para Iñárritu, antes que efectos visuales o herramientas digitales, el séptimo arte sigue dependiendo de alguien capaz de detenerse frente a la luz y sentirse empoderado, con la serenidad suficiente para sentarse a observar.

Alejandro González Iñárritu

Filmografía

  • Amores perros (2000)

  • 21 gramos (2003

  • Babel (2006)

  • Biutiful (2010)

  • Birdman o (La inesperada virtud de la ignorancia) (2014)

  • El renacido (The Revenant, 2015)

  • Bardo, falsa crónica de unas cuantas verdades (2022)

  • Digger (2026

El cine mexicano no se ve porque no hay quien proteja la exhibición, distribución y promoción”.

Alejandro González Iñárritu, cineasta

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