Tres años y seis meses. Eso fue todo lo que recibió el estadunidense Henry Raygoza tras aceptar su responsabilidad en la muerte de tres adolescentes durante un choque ocurrido el 24 de junio de 2024 en Ciudad Juárez. Una sentencia que dejó una sensación amarga entre familias y ciudadanos que todavía recuerdan la tragedia ocurrida aquella madrugada sobre la Heroico Colegio Militar y el bulevar Bernardo Norzagaray.
Raygoza reconoció su culpabilidad luego de conducir presuntamente bajo los efectos de la cocaína y la marihuana. Ayer, frente al juez, respondió cinco veces “sí, señor juez” en voz baja mientras aceptaba el procedimiento abreviado, la culpa y la condena. Pero afuera de la sala quedaron preguntas mucho más grandes que el expediente judicial.
Porque tres años parecen demasiado poco frente al tamaño del dolor que dejó el accidente. Tres adolescentes murieron y varias familias quedaron marcadas para siempre. María Guadalupe, madre de una de las víctimas fatales y de otra joven lesionada, volvió a escuchar el mismo relato del acusado: que supuestamente era perseguido y por eso manejaba a exceso de velocidad. Después de todo el proceso, dijo que quien realmente lo juzgaría sería Dios.
La sentencia también dejó un debate incómodo en una ciudad fronteriza como Juárez. ¿Habría recibido un mexicano la misma pena en Estados Unidos tras provocar la muerte de tres jóvenes mientras conducía intoxicado? La pregunta comenzó a repetirse entre muchas personas tras conocerse el fallo judicial.
Mientras el responsable eventualmente recuperará su libertad, las familias seguirán viviendo con las ausencias y el recuerdo permanente de aquella noche. Y junto al dolor quedó instalada otra sensación igual de delicada: que la justicia no siempre pesa igual cuando el acusado viene del otro lado de la frontera.