La primera vuelta presidencial en Colombia ha inaugurado una nueva fase de confrontación política en la que no solo se disputará la Presidencia de la República, sino también el relato sobre la legitimidad de los resultados, el papel de las instituciones y el futuro del sistema político colombiano.
En el centro de esa batalla se encuentra Abelardo de la Espriella. El candidato de derecha radical logró una victoria que pocos anticipaban con semejante amplitud y se consolidó como la principal figura de la oposición al proyecto del “cambio” impulsado por Gustavo Petro. Con más de 10 millones de votos y una ventaja de medio millón sobre el senador Iván Cepeda, el abogado penalista y empresario consiguió posicionarse como el nuevo referente de una derecha en plena transformación.
La celebración de su triunfo estuvo cuidadosamente diseñada para transmitir ese mensaje. Su llegada en una embarcación por el río Magdalena, el despliegue de símbolos como la bandera y la camiseta de la selección de fútbol, la presencia de miles de simpatizantes vestidos con los colores nacionales y una escenografía concebida para proyectar liderazgo y fuerza en un barco en el malecón de Barranquilla, respondían a presentar la victoria como el inicio de una nueva etapa.
Sin embargo, la euforia duró poco antes de transformarse en una advertencia. Apenas unas horas después de conocerse los resultados preliminares, Petro manifestó públicamente que no aceptaba políticamente el preconteo difundido por la Registraduría y anunció que solo reconocería los resultados definitivos del escrutinio oficial. Cepeda, por su parte, también expresó que no entraría a valorar las cifras hasta que las comisiones disipen sus dudas sobre un supuesto aumento de 800.000 votantes registrados en el padrón electoral e irregularidades en algunas mesas de votación.
“Gustavo Petro, no se atrevan a desconocer los resultados de las elecciones porque el pueblo se va a levantar y los van a castigar. Señor Petro y señor Cepeda, son un par de bandidos que vamos a jubilar”, ha dicho De la Espriella, para después dejar claro a la campaña del Pacto Histórico que la democracia debe mantenerse “por la razón o por la fuerza”.
De la Espriella pide supervisión a la comunidad internacional
Fue precisamente esa posición la que De la Espriella convirtió en el eje de su primer discurso como vencedor de la primera vuelta. El candidato interpretó los cuestionamientos como un intento de deslegitimar la voluntad expresada en las urnas y respondió con un mensaje dirigido tanto a sus seguidores como a las instituciones. “Vamos a castigar a los enemigos de Colombia. Hoy el pueblo se pronunció. Por primera vez en la historia política, un hombre independiente, sin silenciadores y con el carácter necesario ha ganado la primera vuelta para coronarse”, arengó desde el barco, detrás de una mampara de vidrio hacia la cámara del dron que estaba encargado de la toma.
De la Espriella ha pedido a la comunidad internacional “poner sus ojos” en la segunda vuelta, que se celebrará el 21 de junio, después de que su rival siguiera la corriente al presidente. “Que los Estados Unidos de América y todos los países democráticos de América Latina vigilen esta segunda vuelta, yo estaré al frente de esta batalla. Estaré para defender nuestra democracia y hacerme matar por Colombia si es necesario”, apostilló.
El contexto explica en parte la contundencia de su respuesta. Durante años, el candidato construyó su imagen pública sobre la confrontación directa y el rechazo a los consensos tradicionales, aunque es apoyado por clanes políticos familiares, algunos de ellos se reparten el poder territorialmente como en la Costa Caribe. Su ascenso electoral ha estado acompañado por una narrativa que exacerba el nacionalismo, crítica a las élites políticas y una promesa de ruptura con los modelos de gobierno convencionales.
“En 21 días nos vemos aquí, para celebrar la derrota de Cepeda. Quiero dejar en claro: yo soy un hombre formado en las leyes y soy absolutamente respetuoso de todas las ramas del poder: el Congreso y las altas cortes. El mío será un Gobierno democrático y garante de la institucionalidad”, ha dicho como en una suerte de tarjeta de presentación para los votantes que se identifican con el centro político, que serán clave junto a los de la uribista Paloma Valencia para decantar la balanza a favor del ultraderechista en el balotaje, quien ya pidió votar por el abogado para impedir que Cepeda continúe con el proyecto de Petro.
¡Van para afuera!
— Abelardo De La Espriella (@ABDELAESPRIELLA) June 1, 2026
Firme por la Patria. ?
(A.D.L.E) ??? pic.twitter.com/KoVRwmDg71
21 días para llegar a la Casa de Nariño
De la Espriella logró captar una parte importante del voto protesta, absorber sectores del antiguo uribismo y presentarse como una alternativa frente al oficialismo. Su discurso bebe directamente de la ultraderecha encumbrada bajo el ala de Donald Trump, y sigue la estela del salvadoreño Nayib Bukele en seguridad y del argentino Javier Milei en lo económico. Ese prototipo de candidato, como queda manifiesto, calza bien entre los electores que privilegian el liderazgo fuerte, la comunicación directa y la confrontación con los actores tradicionales del sistema.
No obstante, el triunfo también le impone nuevos desafíos. La primera vuelta le permitió movilizar a un electorado ideológicamente cercano y altamente motivado. La segunda exigirá algo diferente como construir mayorías más amplias. Para alcanzar la Presidencia necesitará atraer a votantes moderados que prefirieron mantenerse fieles a Valencia, sectores del centro que representa Juan Daniel Oviedo e incluso disuadir de votar por Cepeda a quienes respaldaron candidaturas que se quedaron fuera de la contienda como Sergio Fajardo o Claudia López.
Por esa razón, junto a los mensajes más duros, el candidato también dedicó parte de su intervención a reivindicar el respeto por las instituciones. Insistió en que un eventual gobierno suyo actuaría dentro del marco constitucional, respetaría la independencia de los poderes públicos y garantizaría el funcionamiento democrático del Estado. Ese equilibrio entre firmeza y moderación parece destinado a ampliar su atractivo electoral más allá de su base tradicional.
La rápida adhesión de Paloma Valencia y del uribismo a su candidatura fortalece esa estrategia. Lo que hace apenas unos días parecía una disputa interna feroz dentro de la derecha ha dado paso a una convergencia impulsada por un objetivo común: impedir la llegada de Iván Cepeda a la Casa de Nariño. La reunificación del espacio conservador convierte a De la Espriella en el principal beneficiario político de la primera vuelta. @mundiario