La decisión de Ecuador de eliminar los aranceles del 100 % a las importaciones colombianas apenas horas después de la primera vuelta presidencial ha cerrado el círculo de la participación del país vecino en el proceso electoral colombiano. La medida, anunciada por el presidente Daniel Noboa y vinculada públicamente a conversaciones con Abelardo de la Espriella, coincide con el respaldo explícito que el mandatario ecuatoriano ha expresado al candidato ultraconservador.
Más allá del alivio comercial para ambos países, los acontecimientos reflejan cómo la contienda colombiana ha comenzado a proyectarse sobre el tablero político regional y anticipan el tipo de relaciones internacionales que podrían configurarse tras el balotaje del próximo 21 de junio. La eliminación de los aranceles ecuatorianos a los productos colombianos pone fin, al menos temporalmente, a uno de los episodios de mayor tensión económica entre Bogotá y Quito en los últimos años.
La disputa comenzó cuando el presidente ecuatoriano Noboa decidió imponer una denominada “tasa de seguridad” a las importaciones procedentes de Colombia, argumentando preocupaciones relacionadas con el narcotráfico y la criminalidad transfronteriza. Lo que inicialmente fue un gravamen del 30 % terminó escalando hasta alcanzar el 100 %, provocando una respuesta recíproca por parte del Gobierno colombiano.
Durante meses, ambos países elevaron las barreras comerciales, endurecieron controles fronterizos y trasladaron sus diferencias al terreno diplomático. Las consecuencias afectaron especialmente a empresarios, exportadores y sectores productivos que dependen del intercambio binacional. La oficialización de la eliminación de los aranceles supone, por tanto, una señal de distensión económica. Sin embargo, la dimensión política del anuncio terminó eclipsando el impacto comercial de la medida.
Noboa convierte la elección colombiana en un asunto regional
Lo que habría podido interpretarse como un simple gesto de normalización bilateral adquirió rápidamente una lectura política cuando Noboa vinculó públicamente la eliminación de las tarifas a sus conversaciones con De la Espriella.
Dos días antes de la votación, el mandatario ecuatoriano anunció que había alcanzado un entendimiento con el candidato colombiano para desmontar completamente los aranceles si este llegaba al poder. Tras conocerse los resultados de la primera vuelta, Noboa fue aún más lejos y felicitó públicamente al aspirante conservador por su victoria electoral. “¡Felicidades, por una gran victoria!. Lamentablemente, ser mal perdedor es algo contagioso. (Rafael) Correa logró contagiar a otros de la región. Éxitos en la segunda vuelta. El pueblo colombiano necesita un cambio real”, ha dicho el mandatario en alusión al desconocimiento que Gustavo Petro y su candidato Iván Cepeda han declarado sobre el preconteo de la primera vuelta.
La intervención ha reabierto un debate recurrente en América Latina. Hasta qué punto los jefes de Estado deben pronunciarse sobre procesos electorales en países vecinos. Mientras los partidarios de De la Espriella interpretan el gesto como una muestra de afinidad ideológica y cooperación futura, sectores próximos al Gobierno colombiano han considerado que se trata de una intromisión en asuntos internos.
Una nueva alianza conservadora regional
La interpretación política del anuncio se vio reforzada por la respuesta de la diplomacia colombiana. Desde Bogotá se argumentó que la eliminación de los aranceles no obedecía a negociaciones entre Noboa y ningún candidato presidencial, sino al cumplimiento de resoluciones emitidas por la Comunidad Andina de Naciones (CAN), que había instado a ambos países a desmontar progresivamente las barreras comerciales impuestas durante la disputa.
Esta diferencia de versiones resulta significativa porque refleja dos narrativas distintas. La primera, impulsada por Noboa y sectores cercanos a De la Espriella, presenta la eliminación de los aranceles como una muestra de confianza en un eventual cambio político en Colombia. La segunda sostiene que la medida responde fundamentalmente a obligaciones jurídicas derivadas de los compromisos de integración regional y no a acuerdos personales entre dirigentes políticos.
La felicitación de Noboa a De la Espriella también revela un fenómeno más amplio que está tomando forma en América Latina. En varios países de la región han surgido liderazgos conservadores que comparten diagnósticos similares sobre seguridad, tamaño del Estado, política económica y lucha contra el crimen organizado. Aunque cada uno responde a realidades nacionales distintas, existe una creciente identificación política entre figuras como el propio Noboa, el presidente argentino Javier Milei, el salvadoreño Nayib Bukele y otros referentes de la ultraderecha contemporánea encumbrados por Donald Trump.
De la Espriella ha construido parte de su campaña precisamente alrededor de esas referencias internacionales. Sus propuestas sobre seguridad, reducción del gasto público y confrontación con las élites políticas tradicionales conectan con tendencias que han ganado fuerza en distintos países durante los últimos años. La reacción de Noboa tras la primera vuelta sugiere que algunos gobiernos de la región ya perciben al candidato colombiano como un potencial aliado estratégico. @mundiario