En Progreso, Yucatán, se encuentra el muelle más largo del mundo, con 146 arcos de concreto armado, el cual tiene una extensión de ocho kilómetros, debido a la poca profundidad de la playa en esta región.
Junto a este embarcadero, al cual llegan grandes barcos turísticos, se encuentra un muelle de menor tamaño, el del pescador, un espacio en el cual decenas de yucatecos se reúnen día tras día para practicar esta actividad, pero de forma recreativa.
Ya sea con caña, red o un simple carrete, personas de todas las edades se congregan en este espacio, a veces muy de madrugada, en busca del mejor lugar para tener suerte, pues todo lo obtenido aquí será para consumo de los propios pescadores, quienes más allá de llevar un sustento a sus hogares, ven este deporte como una actividad terapéutica.
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Tal es el caso de Leonardo Soza Frías (“Bien frías”), de 71 años, como a él le gusta presentarse, y quien tiene más de 60 de practicar la pesca.
Él aprendió junto a los demás niños de su generación esta práctica, a veces a la salida de la escuela, antes o, incluso, en lugar de las clases.
Leonardo se apasiona tanto por esta actividad que no ha dejado de practicarla con el pasar de los años. "Es más que un oficio, una terapia".
"Todo lo que saco me lo como o se lo doy a mi familia, los pescados que no uso los regreso, total, mañana vuelvo por ellos", bromea.
Amanecer en el muelle en Yucatán, momento ideal para la 'terapia'
Miguel Martínez Corona | Pescadores de Yucatán llegan a este gran muelle en busca de una actividad que no sólo les proporciona alimento, también paz.
El oriundo de Yucatán llega con el amanecer al muelle y le dedica entre dos y tres horas a su “terapia”, donde coincide con otras personas con quienes intercambia bromas y pescados.
Utiliza sardinas para pescar cojinúas, peces de cerca de tres kilos que, tras caer en el anzuelo, serán limpiados y cortados hábilmente y ahí mismo por Leonardo.
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Para Jesús esta es una actividad de cada 15 días. En compañía de un amigo, llega muy temprano apoyado por una silla de ruedas; él suele llevarse entre seis y siete pescados por jornada.
La pesca no sólo trae consigo un momento de relajación, los ha hecho parte de una comunidad solidaria en la cual intercambian y se obsequian peces o carnada.