Ciudad Juárez.- Hubo un tiempo en que mencionar a Ciudad Juárez en cualquier parte del mundo era evocar de inmediato la sangre sobre el pavimento, las patrullas a toda velocidad y las cruces levantadas en silencio a mitad del desierto. La frontera llegó a cargar el estigma de ser la ciudad más violenta del planeta, atrapada entre la disputa del narcotráfico, el abandono social y una guerra que parecía no tener final.
Por eso, aunque todavía quede mucho por hacer y nadie pueda cantar victoria, los números revelados este mes representan una bocanada de aire para una ciudad acostumbrada durante años a vivir con miedo.
Mayo de 2026 cerró con 39 víctimas de homicidio doloso, la cifra más baja registrada en Ciudad Juárez desde abril de 2017, de acuerdo con estadísticas de la Fiscalía General del Estado. El dato no es menor: representa prácticamente la mitad de los asesinatos ocurridos en mayo del año pasado, cuando se contabilizaron 77 casos.
Las cifras también muestran un descenso constante en comparación con años anteriores marcados por jornadas violentas. Entre 2018 y 2021 la ciudad acumuló más de 5 mil 800 homicidios, mientras que 2020 quedó grabado como uno de los periodos más oscuros, con mil 642 asesinatos.
Hoy el panorama parece comenzar a transformarse lentamente. Entre enero y mayo de este año se registraron 269 homicidios, 135 menos que en el mismo periodo de 2025.
Pero la realidad fronteriza obliga a mirar el fenómeno con cautela. Ciudad Juárez continúa siendo un corredor estratégico para el trasiego de droga hacia Estados Unidos, un país donde el consumo sigue alimentando la maquinaria criminal. Parte de esos cargamentos se queda varada en esta frontera debido a los controles impuestos por autoridades estadounidenses, generando disputas internas entre grupos pandilleriles que pelean territorio, rutas y mercado local.
Por eso los asesinatos de alto impacto no desaparecerán de un día para otro. La violencia sigue ahí, latente, respirando en los márgenes de la ciudad. Sin embargo, por primera vez en muchos años, las estadísticas permiten hablar de una frontera que poco a poco intenta dejar atrás su etapa más oscura.