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El Financiero 03 Jun, 2026 05:45

Llegan los outsiders a Colombia

Se prevén importantes cambios políticos en Colombia y América Latina a partir de los resultados de la primera vuelta electoral celebrada el pasado domingo en el país sudamericano.

Después de los descalabros de la izquierda en Chile, Bolivia, Perú, Honduras y Venezuela, y ahora en Colombia, un país de 54 millones de habitantes, la región muda abruptamente de ideología hacia la extrema derecha o hacia ese ente indeterminado de políticos que alcanzan el poder a partir de la disrupción, o lo que popularmente se llama outsiders, es decir, personas que no forman parte del sistema de partidos tradicionales y se encumbran al ser perfiles estrafalarios, estridentes, llamativos para las masas, con capacidades natas para atraer y acaparar el voto con promesas que confrontan los graves problemas anidados en las sociedades, como por ejemplo, la creciente inseguridad que golpea a Latinoamérica.

Abelardo de la Espriella sorprendió con un triunfo sin cortapisas, después de que todas las encuestas lo habían situado en tercer lugar, por detrás de Paloma Valencia y el gran favorito, Iván Cepeda, quien, además de buscar ser la continuidad del presidente saliente Gustavo Petro, enarbola la bandera de la izquierda radical.

Pero al final todo jugó en su contra: esa etiqueta, más el mal gobierno de Petro, lo mandaron a un segundo lugar en la primera vuelta y con ello, una esencia, prácticamente, irreversible de derrota.

Rumbo a la segunda vuelta el próximo 21 de junio, De la Espriella no sólo logró congregar los apoyos de los expresidentes colombianos, Álvaro Uribe e Iván Duque, sino que, más significativo, fue el que recibió de Paloma Valencia, una mujer que dignificó una campaña por su coherencia y capacidad de definir un centrismo necesario en cualquier país. Ahora en equipo disputarán una elección final con proyección triunfadora.

El puntero logró convencer al electorado desde un principio, al tomar como ejemplo las duras y cuestionadas medidas del presidente salvadoreño, Nayib Bukele, sobre todo en temas relacionados contra la inseguridad. Esa estrategia le ha acarreado montones de votos, los cuales, en paralelo, se combinan con los que acumuló por quienes saben que es el favorito de Donald Trump, es decir, por aquellos quienes prefieren una Colombia aliada a Estados Unidos y no de Rusia.

Otro de los derrotados fue el presidente Gustavo Petro, quien durante sus cuatro años en el máximo cargo político se condujo entre el escándalo y la soberbia. Entre sus sermones pseudofilosóficos, acusaciones de corrupción y familiares involucrados con el crimen organizado, fue dilapidando simpatías en un país lleno de violencia.

Arrojado en los brazos del miedo, inició la estrategia del político autoritario al rechazar los resultados electorales, acusando sin pruebas consistentes. Ni siquiera Iván Cepeda se atrevió a tanto a pesar de que fue tentado; al principio titubeó, pero después corrigió diciendo que, en efecto, no tenía ninguna evidencia de algún presunto fraude.

Más tarde, Petro, en uno de sus mayores desplantes de soberbia y lejanía con la realidad, publicó un extenso mensaje en X donde se autocomplace por ser un “progresista a favor del pueblo” y que por eso se le busca encarcelar. Habla de fascismo y holocaustos, y de tener la “obligación moral con la humanidad y con la historia y la vida de Colombia de derrotar el fascismo mafioso”.

Hace un llamado a una “Alianza por la Vida” porque “Colombia es el corazón del mundo…”. Y por supuesto siguen los autoelogios: “yo logré el avance social más importante en la historia… y yo me pondré al frente”, concluye rasgándose las vestiduras de un guion más parecido a una telenovela que a la de un líder político que asume que en las democracias se gana o se pierde, y que ahora los colombianos ya no ven en él lo que vieron hace cuatro años.

Aunque se espera una segunda vuelta cargada de intensas campañas, pues ambos candidatos se posicionan en los extremos ideológicos, la inercia hace suponer que el próximo presidente será Abelardo de la Espriella, no sólo para refrendar el dicho de que quien golpea la primera vez, golpea dos veces… sino que, con el apoyo abierto de Paloma Valencia, la inclinación de la balanza es evidente.

Falta saber hacia dónde se decide el cuarto lugar, el matemático Sergio Fajardo, quien con su millón de votos sería aún insuficiente para Iván Cepeda, pero sí definitivo para De la Espriella.

Dentro de 18 días los sabremos, pero ojo, porque cuatro días antes tenemos que poner atención a la selección de futbol de Colombia, que jugará su primer partido en la Copa del Mundo contra Uzbekistán en el estadio Ciudad de México, un juego que cobrará relevancia política, ya que el movimiento que apoya a De la Espriella ha tomado la camiseta de la selección como estandarte e identidad, lo cual ya criticó Iván Cepeda al decir que es “un símbolo nacional, y tiene restricciones comerciales y políticas”, a lo que Abelardo respondió: “por el contrario, más se usará”.

El 17 de junio, más que futbol, habrá mucha política alrededor del gol.

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