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El Imparcial 04 Jun, 2026 23:24

Un incendio incontrolable hundió un submarino nuclear soviético en 1989 con 42 tripulantes, un reactor y dos armas atómicas a bordo; 35 años después, científicos noruegos confirman que sigue liberando radiación en el fondo del océano

A casi 1,700 metros bajo la superficie del mar de Noruega hay un submarino soviético que lleva más de 35 años en silencio absoluto, pero no inactivo. Su reactor nuclear sigue liberando material radiactivo hacia el océano. Dentro de su casco permanecen los restos de 42 tripulantes que murieron cuando un incendio fuera de control lo envió al fondo el 7 de abril de 1989. Y en su compartimento de torpedos descansan dos armas nucleares que nadie ha podido retirar.

De acuerdo con una investigación publicada en la revista científica PNAS y reportada por El Confidencial, un equipo de científicos noruegos confirmó que el K-278 Komsomolets —el único submarino de su clase que construyó la Unión Soviética— continúa emitiendo radionúclidos desde la zona del reactor. La fuga fue documentada por primera vez en 2019 y, casi siete años después, los investigadores comprobaron que persiste.

La buena noticia, al menos por ahora, es que no se han encontrado señales de que esas emisiones estén dañando la fauna marina circundante, debido a la rápida dilución del material en el agua. Pero el submarino sigue ahí, con su carga nuclear intacta, y los científicos reconocen que todavía quedan preguntas sin respuesta.

¿Qué pasó el día que se hundió el Komsomolets?

El 7 de abril de 1989, un incendio estalló en la parte trasera del submarino mientras navegaba en aguas del mar de Noruega. Las llamas se volvieron incontrolables cuando una tubería dañada de un tanque de lastre comenzó a alimentar el fuego con aire comprimido, creando una reacción en cadena que la tripulación no pudo detener.

De los 69 hombres a bordo, solo 27 sobrevivieron. Los otros 42 murieron en el incendio, durante el hundimiento o en las heladas aguas del Ártico mientras esperaban un rescate que para muchos llegó demasiado tarde.

El Komsomolets era único. La URSS solo construyó una unidad de este modelo, diseñada con un doble casco de aleación de titanio que le permitía sumergirse a profundidades extremas para su época. Cuando se hundió, se llevó consigo un reactor nuclear averiado y dos armas atómicas, convirtiéndose en uno de los restos militares más delicados del fondo oceánico europeo.

¿Cómo descubrieron que sigue liberando radiación?

Durante décadas, distintas expediciones soviéticas y rusas descendieron al pecio con sumergibles tripulados Mir para evaluar su estado. En 1994, tras detectar que las ojivas nucleares del compartimento de torpedos podían estar en contacto con el agua, las autoridades rusas sellaron los tubos lanzatorpedos con tapones de titanio y reforzaron otras zonas vulnerables.

A partir de ahí, la vigilancia quedó en manos de organismos noruegos: la Autoridad de Seguridad Radiológica y Nuclear de Noruega y el Instituto de Investigación Marina. En 2019, utilizando vehículos operados a distancia, los científicos recogieron muestras de agua, sedimentos y organismos en las inmediaciones del submarino.

Lo que encontraron fue inquietante: una fuga activa desde una tubería de ventilación y una rejilla metálica próxima, justo en la zona del reactor. En algunos momentos, la emisión llegó a apreciarse visualmente en las imágenes captadas bajo el agua.

Justin Gwynn, científico sénior especializado en radiactividad marina, explicó que el equipo quedó sorprendido al observar material saliendo de esa tubería. Según relató, la fuga visual coincidía con “niveles elevados de radionúclidos liberados”, lo que reforzó la hipótesis de que el combustible nuclear del reactor se está corroyendo lentamente dentro del casco.

Más de 35 años después de su hundimiento, el submarino soviético conserva un reactor averiado y dos armas nucleares en su interior, aunque no se han detectado daños en la fauna cercana.(@havforskningen)Más de 35 años después de su hundimiento, el submarino soviético conserva un reactor averiado y dos armas nucleares en su interior, aunque no se han detectado daños en la fauna cercana.(@havforskningen)

¿De dónde viene exactamente la radiación?

Para confirmar el origen del material radiactivo, los investigadores compararon las proporciones de distintos isótopos de plutonio y uranio con las firmas características de la antigua flota nuclear soviética, así como con la radiación de fondo global y la proveniente de instalaciones nucleares cercanas.

El resultado fue contundente: el estudio publicado en PNAS sostiene que existen “pruebas claras” de que los radionúclidos proceden del reactor del Komsomolets y de que el combustible se está degradando con el paso del tiempo.

Sin embargo, hay una señal positiva dentro de este escenario preocupante. Las muestras tomadas en las inmediaciones no hallaron indicios de plutonio procedente de las ojivas del compartimento de torpedos. Esto sugiere que los refuerzos de titanio instalados por Rusia en los años noventa siguen cumpliendo su función y mantienen selladas las armas nucleares.

El K-278 Komsomolets permanece a 1,680 metros de profundidad en el mar de Noruega, donde científicos siguen vigilando la fuga de material radiactivo desde su reactor. (@havforskningen)El K-278 Komsomolets permanece a 1,680 metros de profundidad en el mar de Noruega, donde científicos siguen vigilando la fuga de material radiactivo desde su reactor. (@havforskningen)

¿Está en peligro la vida marina?

Por ahora, la respuesta es no, según los propios investigadores. El estudio no encontró señales de que las emisiones radiactivas estén afectando a la fauna marina local. La razón principal es la rápida dilución del material en el agua del mar a esa profundidad, lo que reduce significativamente la concentración de radionúclidos en el entorno inmediato.

No obstante, los científicos no dan el tema por cerrado. La fuga varía con el tiempo y todavía no se comprende del todo el mecanismo exacto que la alimenta. Por eso, el equipo planea regresar al lugar con nuevos sumergibles para obtener datos más precisos.

Svetlana Savranskaya, directora de programas sobre Rusia en el National Security Archive de la George Washington University, destacó que las autoridades soviéticas y rusas hicieron un esfuerzo notable por asegurar el submarino tras el accidente y por compartir información con la comunidad internacional. Aun así, reconoció que el desafío sigue vigente.

Investigadores noruegos detectaron que el reactor del submarino soviético sigue liberando radionúclidos, pero hasta ahora no hay evidencia de impacto visible en el ecosistema marino cercano. (@havforskningen)Investigadores noruegos detectaron que el reactor del submarino soviético sigue liberando radionúclidos, pero hasta ahora no hay evidencia de impacto visible en el ecosistema marino cercano. (@havforskningen)

¿Por qué este hallazgo importa más allá del mar de Noruega?

El Komsomolets no es el único submarino nuclear que descansa en el fondo del océano. Durante la Guerra Fría, varias naves con reactores y armamento atómico se hundieron en distintas partes del mundo. El estado de esos pecios y su potencial para liberar material radiactivo es una preocupación que trasciende fronteras, porque las corrientes oceánicas pueden transportar contaminantes a distancias enormes.

Este caso demuestra que, aunque pasen décadas, los restos nucleares sumergidos no desaparecen ni se vuelven inofensivos por sí solos. El combustible nuclear se degrada, los cascos se corroen y las barreras de contención eventualmente pueden fallar.

Para los científicos noruegos, la vigilancia del Komsomolets es una carrera contra el tiempo y contra la corrosión. El submarino sigue erguido sobre el lecho marino, con su reactor averiado goteando radiación y sus dos armas nucleares selladas dentro de un compartimento que fue reforzado hace tres décadas. La pregunta que los investigadores quieren responder ahora no es si la fuga existe —eso ya está confirmado— sino cuánto tiempo más resistirán esas barreras antes de que el océano reclame por completo lo que queda de este silencioso mausoleo nuclear soviético.

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