La llegada de León XIV a España marca el inicio de una nueva etapa en la relación entre el Vaticano y uno de los países históricamente más vinculados al catolicismo. Sin embargo, el contexto que encontrará Robert Prevost poco tiene que ver con el que conocieron sus predecesores.
Cuando visitaron España san Juan Pablo II y Benedicto XVI, el debate público giraba en torno a cuestiones diferentes. La estabilidad institucional, el predominio de los grandes partidos y una sociedad menos fragmentada configuraban un escenario muy distinto al actual. Hoy, el país se encuentra inmerso en una intensa confrontación política, una creciente tensión sobre la inmigración y una profunda transformación cultural que afecta también al papel social de la religión. Precisamente por ello, la visita del Pontífice adquiere una dimensión que trasciende lo estrictamente eclesial. Durante ocho días, España se convertirá en el principal escaparate internacional de un papado que apenas comienza a definir sus grandes líneas de actuación.
Desde su elección, León XIV ha construido una imagen basada en la defensa de la dignidad humana, el diálogo y la cohesión social. Su discurso ha insistido en la necesidad de combatir la fractura política y el rechazo hacia los inmigrantes, dos fenómenos que considera especialmente peligrosos para las democracias contemporáneas.
Ese posicionamiento le ha situado frecuentemente en posiciones alejadas de los discursos identitarios que han ganado terreno en numerosos países occidentales. Su defensa de los migrantes, sus llamamientos contra la exclusión social y sus críticas a la instrumentalización de la Iglesia han sido interpretadas por numerosos observadores como una apuesta por relanzar el papel de la Iglesia como actor moral global.
Un equilibrio delicado entre Moncloa y la Conferencia Episcopal
España representa un escenario especialmente propicio para ese mensaje. El debate migratorio ocupa un lugar central en la agenda política nacional con la polémica “prioridad nacional” de Vox y la polarización ha alcanzado niveles inéditos en las últimas décadas, aupada por las semanas agónicas que ha vivido el PSOE ante la imputación del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero y los avances en el caso Leire. Por ello, cada intervención del Papa será observada con atención tanto por el Gobierno como por la oposición.
La visita se produce en un momento particularmente complejo para las relaciones entre la Iglesia española y el Ejecutivo. Durante los últimos años, ambas instituciones han protagonizado intensas negociaciones sobre asuntos tan sensibles como las compensaciones a las víctimas de abusos sexuales cometidos en el ámbito eclesiástico o la resignificación del Valle de los Caídos. En varios de estos expedientes, la mediación vaticana ha resultado determinante para evitar un deterioro mayor de las relaciones.
Al mismo tiempo, persisten importantes diferencias ideológicas. La Iglesia mantiene posiciones críticas respecto a cuestiones como el aborto o la eutanasia, mientras que el Gobierno ha impulsado reformas en sentido contrario, como su pretensión de reconocer la interrupción del embarazo como un derecho blindado en la Constitución. León XIV deberá moverse en ese complejo tablero institucional evitando identificarse con ninguno de los actores políticos y preservando la independencia que ha caracterizado sus primeros meses de pontificado.
El Congreso, escenario del discurso más esperado
Entre los numerosos actos previstos, uno destaca por encima del resto: la intervención del Papa en el Congreso de los Diputados. Será una cita excepcional. Son muy pocos los pontífices que han tomado la palabra en parlamentos nacionales y, en el caso español, se trata de un hecho sin precedentes.
La expectativa es elevada porque permitirá comprobar hasta qué punto León XIV está dispuesto a intervenir en algunos de los grandes debates contemporáneos. La inmigración, la inteligencia artificial, la crisis demográfica, la convivencia democrática o la protección de los más vulnerables podrían formar parte de un discurso llamado a marcar el tono político y moral de toda la visita.
Además, llega apenas semanas después de la publicación de su primera encíclica, Magnifica Humanitas, un texto que ya ha mostrado su interés por cuestiones como el impacto de la tecnología en la sociedad y la necesidad de preservar la centralidad de la persona frente a los cambios acelerados del mundo contemporáneo.
Los abusos sexuales en la Iglesia
Sin embargo, existe un asunto que sobrevuela toda la agenda del viaje y cuya gestión podría convertirse en el verdadero examen del pontificado. La crisis derivada de los abusos sexuales cometidos por miembros del clero continúa siendo una de las mayores heridas abiertas dentro de la Iglesia católica. España constituye uno de los países donde el debate sigue especialmente vivo debido a la magnitud de las investigaciones realizadas durante los últimos años.
La posibilidad de que León XIV mantenga encuentros con víctimas o haga referencias explícitas al problema genera una enorme expectación. No se trata únicamente de un asunto español. Lo que el Papa diga o deje de decir tendrá repercusiones internacionales y servirá para medir cuál será su estrategia frente a una crisis que ha condicionado profundamente la credibilidad de la institución. Por su experiencia cuando servía en Perú, en el caso del Sodalicio, podría intuirse que el Pontífice querría poner el asunto sobre la mesa.
Las experiencias de Irlanda y Chile durante el pontificado de Francisco demostraron que una intervención papal puede alterar radicalmente la percepción pública sobre este problema. Por ello, las decisiones que adopte León XIV durante esta visita serán observadas con especial atención dentro y fuera de la Iglesia.
Una visita con impacto más allá de España
Aunque el viaje se desarrolla en territorio español, su significado es claramente internacional. España será el primer gran país europeo en el que León XIV exponga de forma extensa su visión sobre los desafíos que afrontan las sociedades occidentales. Durante una semana, el Pontífice tendrá la oportunidad de definir públicamente algunas de las prioridades que marcarán su pontificado.
La inmigración, la cohesión social, el futuro tecnológico, la paz, la protección de los más vulnerables y la regeneración moral de las instituciones aparecen como temas centrales de una agenda que va mucho más allá de los asuntos estrictamente religiosos. Por ello, la visita no solo servirá para evaluar el estado actual de la Iglesia española. También permitirá entender qué papel pretende desempeñar León XIV en un mundo marcado por la incertidumbre, las guerras y la creciente fragmentación social.
Más que un viaje pastoral, España se ha convertido en el primer gran púlpito político, social y moral del nuevo Papa. Y lo que ocurra durante estos ocho días podría anticipar algunas de las claves que definirán el rumbo de la Iglesia católica en los próximos años. @mundiario