
Hace 53 años se celebró por primera vez el Día Mundial del Medio Ambiente, conmemoración que tenía como propósito crear conciencia de que la sobrepoblación, la contaminación, el calentamiento global y la depredación de la biodiversidad en el planeta se estaban convirtiendo en los cuatro jinetes del apocalipsis y, sin que quepa duda, hemos fracasado. En 1970 éramos 3 mil 692 millones de personas. Hoy somos 8 mil 300 millones y para el año 2040 llegaremos a 9 mil millones. Esta población demandará alimentos, agua, medicinas, vivienda, materias primas y energía. Solo para alimentar a toda esta gente, los agricultores arrasarán los bosques y desviarán el agua para regar las superficies para cultivar los alimentos que necesitaremos. Esto se hará a un ritmo tan impresionante que muy pronto podríamos llegar al punto de degradación irreversible.
De acuerdo a los expertos, los tsunamis, erupciones volcánicas, inundaciones, sequías, heladas, deforestación, escasez de agua y hambre son en gran parte causa del calentamiento global. Se han probado hasta el cansancio los efectos del bióxido de carbono y de otros contaminantes del aire que se acumulan en nuestra atmósfera formando una capa gruesa que atrapa el calor del sol y causa el calentamiento del planeta. Basados en la tendencia de los últimos 50 años, los científicos aseguran que para el año 2055 la tierra será 1.3°C más caliente. Si esto sucede, entre un 20 por ciento y un 30 por ciento de las especies desaparecerán junto a grandes extensiones de bosques. Las sequías e inundaciones afectarían diferentes regiones del planeta, se extenderían los desiertos y se agravaría el derretimiento de los polos y los glaciares. Muchos Estados insulares desaparecerían y en África se incrementaría la temperatura en más de 3°C. Hoy, como hace 53 años, el calentamiento global es una grave amenaza, pero las acciones para evitarla o son escasas, insuficientes o simplemente no nos importan. Seguimos produciendo y quemando energía de la forma más arcaica posible.