
Mientras avanzan las votaciones, millones de peruanos deciden cuál de estas dos rutas marcará el destino del país durante los próximos cinco años. Foto: Especial
Perú vive este domingo una de las jornadas electorales más importantes de su historia reciente. Más de 27 millones de ciudadanos están llamados a las urnas para elegir al próximo presidente de la República entre dos candidatos que representan visiones opuestas sobre el futuro del país: Keiko Fujimori, líder de Fuerza Popular, y Roberto Sánchez, candidato de Juntos por el Perú.
El ganador gobernará entre 2026 y 2031 en una nación marcada por una profunda crisis política. En apenas una década, Perú ha tenido ocho presidentes, una inestabilidad que ha erosionado la confianza ciudadana en las instituciones, pese a mantener una economía relativamente sólida en comparación con otros países de la región.
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Keiko Fujimori busca romper la racha de derrotas
A sus 51 años, Keiko Fujimori enfrenta su cuarto intento por alcanzar la presidencia. Tras quedarse a las puertas del poder en las elecciones de 2011, 2016 y 2021, la excongresista regresa con una campaña distinta a las anteriores.
Por primera vez no cuenta con la presencia de su padre, el expresidente Alberto Fujimori, fallecido en 2024, figura que durante años marcó tanto los apoyos como los rechazos a su candidatura.
Su propuesta de gobierno, denominada “Perú con Orden”, apuesta por reforzar la seguridad pública, atraer inversiones y reducir los índices de pobreza.
Entre sus principales promesas destacan la instalación de miles de cámaras de videovigilancia, la construcción de nuevos centros penitenciarios y una estrategia para incrementar la inversión privada.
Durante el cierre de campaña, Fujimori insistió en que su objetivo es impulsar una etapa de reconciliación nacional y aseguró que respetará los resultados de la elección.
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Roberto Sánchez apuesta por el cambio
Del otro lado se encuentra Roberto Sánchez, psicólogo, exministro y figura respaldada por el expresidente Pedro Castillo, actualmente encarcelado.
Originario de Huaral, Sánchez construyó su trayectoria política desde espacios locales antes de llegar al Congreso y posteriormente al gabinete presidencial.
Durante esta campaña se convirtió en el principal referente del electorado identificado con Castillo, incluso adoptando como símbolo el tradicional sombrero utilizado por el exmandatario.
Su propuesta incluye una mayor intervención del Estado en la economía, un referéndum para cambiar la Constitución de 1993 y una política exterior más cercana a bloques emergentes como los BRICS.
Aunque ha moderado parte de su discurso económico para generar confianza entre inversionistas, mantiene la promesa de impulsar reformas estructurales que considera necesarias para combatir la desigualdad.
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Un Congreso que condicionará al próximo presidente
Más allá del resultado, el próximo mandatario enfrentará un escenario complejo. Las fuerzas de derecha obtuvieron mayoría legislativa en las elecciones parlamentarias celebradas en abril, lo que podría dificultar la aprobación de reformas profundas.
Consciente de ese escenario, Sánchez incluso ha planteado la posibilidad de convocar nuevas elecciones si una eventual confrontación con el Congreso impide gobernar.
Fujimori, por su parte, apuesta por construir acuerdos políticos que permitan recuperar la estabilidad institucional.
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EL DATO
La elección refleja dos visiones contrapuestas sobre el futuro peruano. Para unos, Fujimori representa la estabilidad económica y el fortalecimiento de la seguridad. Para otros, Sánchez encarna la posibilidad de transformar un modelo que consideran agotado.