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Mundiario 07 Jun, 2026 13:58

Leyma Coruña regresa a la ACB con una remontada inolvidable ante el Estudiantes

A Coruña está que se sale: subió el Deportivo y ahora sube el Leyma. El deporte tiene una extraña tendencia a recompensar la perseverancia cuando menos se espera. Hay derrotas que tardan años en cicatrizar y ascensos que parecen imposibles hasta el instante exacto en que suceden. El Leyma Básquet Coruña escribió este domingo una de esas historias destinadas a permanecer mucho tiempo en la memoria colectiva de la ciudad.

A Coruña vuelve a ser ACB. Lo hace después de una noche cargada de tensión, nervios, sufrimiento y una remontada que parecía escapar de cualquier lógica cuando el partido entró en sus últimos minutos. El marcador final, 97-100 tras una prórroga agónica frente al histórico Movistar Estudiantes, apenas alcanza a explicar lo que ocurrió en un Coliseum convertido en una olla a presión durante más de dos horas.

Porque el ascenso del Leyma no fue una victoria cualquiera. Fue una demostración de carácter. Fue la respuesta de un equipo que se negó a aceptar la derrota cuando el partido parecía inclinarse definitivamente hacia el lado madrileño. Y fue también el premio a una entidad que apenas un año después de abandonar la Liga Endesa ha encontrado el camino de regreso a la máxima categoría del baloncesto español.

Los naranjas derrotan al histórico Estudiantes tras una prórroga épica y completan uno de los regresos más rápidos y emocionantes del baloncesto español

Los primeros minutos dejaron claro que el peso de lo que estaba en juego condicionaba a ambos equipos. El balón quemaba en las manos y los errores se acumulaban en uno y otro lado. Durante varios minutos el partido avanzó entre imprecisiones, ataques precipitados y el miedo lógico de quienes sabían que una temporada completa dependía de cuarenta minutos. El Leyma encontró antes el ritmo.

Un triple de Jacobo y la energía de Thiam permitieron a los coruñeses tomar las primeras ventajas. El conjunto naranja transmitía una sensación de serenidad que contrastaba con las dificultades iniciales del Estudiantes. Sin embargo, los equipos históricos rara vez desaparecen de los partidos importantes.

El conjunto madrileño reaccionó de la mano de Silverio y Garino, dos de los nombres propios de la noche. Poco a poco fue recuperando terreno hasta equilibrar completamente el encuentro. La batalla se trasladó entonces a un terreno puramente emocional, donde cada canasta parecía modificar el estado de ánimo de miles de personas. Al descanso, el Leyma conservaba una mínima ventaja. Pero nadie podía imaginar todavía el desenlace.

La segunda mitad elevó la intensidad a niveles extraordinarios. El Coliseum rugía en cada acción. Los árbitros comenzaron a convertirse en protagonistas involuntarios de algunas decisiones discutidas. Los triples aparecían en ambos lados y el partido se convirtió en un intercambio permanente de golpes. Fue entonces cuando el Estudiantes pareció encontrar la escapatoria definitiva. Un parcial favorable permitió a los madrileños abrir una brecha de ocho puntos al final del tercer cuarto. Poco después, la diferencia alcanzó los once. El ascenso comenzaba a alejarse peligrosamente del horizonte coruñés.

El sueño pareció resquebrajarse...

Durante unos minutos, el sueño pareció resquebrajarse. Pero los grandes equipos suelen revelar su verdadera personalidad precisamente en esos escenarios. El Leyma encontró entonces una respuesta extraordinaria. La reacción comenzó con pequeños detalles. Una bandeja de Cremo. Una defensa más agresiva. Un rebote decisivo. Una circulación más rápida del balón. Poco a poco, la diferencia empezó a reducirse. Y entonces llegó el momento que cambió la historia de la noche.

Un triple de Pacheco devolvió la esperanza cuando parecía agotada. El Coliseum recuperó la fe. Los jugadores volvieron a creer. El partido desembocó en una prórroga que ya tenía algo de milagro deportivo. Pero el Leyma todavía no había terminado su obra. Los cinco minutos adicionales fueron una exhibición de personalidad competitiva. Mientras el Estudiantes acusaba el golpe psicológico de haber dejado escapar una ventaja importante, el equipo coruñés jugó impulsado por una energía colectiva difícil de explicar.

Ocho puntos en apenas dos minutos terminaron de inclinar definitivamente la balanza. La remontada se convirtió en realidad. El ascenso dejó de ser una posibilidad para transformarse en una certeza. Cuando sonó la bocina final, el baloncesto coruñés recuperó un lugar que parecía haber perdido demasiado pronto.

Miles de aficionados abrazándose

La imagen del Coliseum resume perfectamente lo sucedido. Miles de aficionados abrazándose, celebrando, llorando y disfrutando de una conquista que trasciende lo deportivo. Porque este ascenso también representa el crecimiento de un proyecto que ha logrado consolidar al baloncesto como una de las grandes referencias deportivas de la ciudad.

En una temporada marcada por el regreso del Deportivo de La Coruña a Primera División, el deporte coruñés suma ahora otra alegría de enorme dimensión. La ciudad vuelve a tener representación en la élite del baloncesto español. Y lo hace de la forma que más se recuerda en el deporte: sufriendo, resistiendo y remontando cuando parecía imposible.

A Coruña celebró durante años las gestas del fútbol. Ahora también tiene una nueva epopeya de baloncesto para contar. Porque hay ascensos que se consiguen. Y hay ascensos, como este del Leyma, que se conquistan para entrar directamente en la historia. @mundiario

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